Quizá el 15 de noviembre pasado se inició una nueva etapa en la vida nacional: por primera vez, desde 1971, una marcha ciudadana es reprimida desde el poder. Las razones y las consecuencias de esta represión todavía no son claras.
Desde el poder se señala que esa marcha estaba financiada por la “extrema derecha internacional”. El partido en el poder convocó una manifestación propia para el 6 de diciembre, para opacar a la de la derecha.
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Curioso, que les preocupe tanto un poder que puede tan poco: apenas 17 mil manifestantes, según los datos oficiales tuvo la marcha del día 15. Nada contra las decenas de miles ¿o cientos? que se pueden movilizar desde el Poder Ejecutivo, en un ejercicio que recuerda al PRI hegemónico.
Ante esta curiosidad, llamémosla así, hay quien especula: el enemigo está dentro. No es la derecha mexicana ni la internacional. Son morenistas contra morenistas. ¿Alguien ha escuchado o leído alguna crítica relevante de la dirigencia nacional del PAN al gobierno actual?
No hay información, pero podemos especular que al expresidente López Obrador no le hace muy feliz que se hayan hecho públicos datos sobre sus hermanos (el carnal y el adoptivo) y sus hijos. Datos que dejan como una burla cruel, un desprecio cínico por el valor de las palabras, aquel dicho de “no robar, no mentir, no traicionar al pueblo”.
¿Quién hizo públicos esos datos? ¿La derecha internacional? ¿La nacional? No parece posible.
Es posible que desde el exterior, desde Estados Unidos, haya habido presiones para hacer público el enriquecimiento Pepín López Obrador y Adán Augusto López. Es posible que hayan colaborado para seguir a Andy López Beltrán a Japón y exhibirlo. Pero no lo pudieron hacer sin colaboración interna.
Una especulación aventurada que circula por ahí: la represión del 15 de noviembre, bien orquestada como un acto de “autocracia pasiva” (Alberto Capella), no vino de Palacio Nacional, sino del palacio del de al lado, el de la Jefa de Gobierno de la capital. Siguiendo indicaciones que llegaron de Palenque. ¿Será?
El conflicto interno de Morena puede escalar y tener altos costos para el país. Lo único razonable que se resuelva civilizadamente. Respetando las instituciones, y con ese arte y artesanía que llamamos política: “La capacidad de administrar las pasiones y los intereses de una sociedad, empezando por los propios”.