Las demencias constituyen un conjunto de trastornos neurodegenerativos caracterizados por el deterioro progresivo de las funciones cognitivas como son la memoria, el lenguaje, la orientación, el juicio e incluso realizar actividades de la vida diaria.
A diferencia del envejecimiento normal, en el cual pueden presentarse olvidos de vez en cuando, así como un retardo para responder a los estímulos, en el caso de las demencias implican un deterioro significativo que interfiere con la autonomía y el funcionamiento social del individuo.
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A nivel global, se estima que más de 55 millones de personas viven con algún tipo de demencia, cifra que continúa en aumento debido al envejecimiento de la población, y ese patrón está sucediendo en México.
La Organización Mundial de la Salud identifica a la demencia como una prioridad de salud pública por su impacto en los sistemas de atención a la salud mental, así como su impacto en la familia y en la sociedad. Entre las causas más comunes destacan la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular, la demencia con cuerpos de Lewy y la degeneración frontotemporal, cada una con características clínicas específicas, y con afectación al cerebro. Por lo que, un diagnóstico temprano es fundamental para mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus cuidadores.
La etiología de las demencias tiene muchas causas como la predisposición genética y los elementos ambientales, pero también el estilo de vida, la nutrición y el ejercicio regular. Lo más importante es la prevención de enfermedades como controlar la hipertensión arterial o diabetes; así como evitar el sedentarismo, el tabaquismo, o el aislamiento social. Es muy importante construir sociedades más inclusivas y preparadas para enfrentar los retos del envejecimiento poblacional.