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OPINIÓN

Binarios

Caracterizar posiciones políticas en dos opciones, derecha e izquierda, es un exceso simplificador

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Noviembre 17, 2025

Participar en una marcha para protestar contra la violencia criminal, protesta potenciada por el asesinato de Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan, ¿es de izquierda o de derecha?

Se entiende que los seres humanos tendamos a la simplificación. El mundo es mucho más complicado que nuestro lenguaje. Pero no hay que exagerar. Caracterizar a las posiciones políticas contemporáneas en dos opciones, derecha e izquierda, es un exceso simplificador.

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Ciertamente Amos Oz diría que llegar a dos es un logro. Él definía al fanático como alguien que no puede contar hasta dos, alguien para quien ese número es demasiado grande. Ciertamente hay gente así. Pero dos sigue siendo muy pequeño para dar cuenta de la complejidad política e ideológica actual.

Más cuando los dos términos se cargan de valor, y uno se coloca del lado de todos los valores positivos, y ve a quienes piensan distinto como encarnación de todos los valores negativos.

Más sensata, aunque también insuficiente, es la división en tres grandes cosmovisiones: liberalismo político, socialismo y conservadurismo. Insuficiente por varias razones, entre otras porque las fronteras entre estas tres cosmovisiones suelen diluirse.

Ejemplifiquemos con alguien que partió del liberalismo clásico. Su idea es que el mayor bien público es la protección de todos los individuos para librarlos de las amenazas de otras personas, y para protegerlos del poder político.

Pero de inmediato tendrá que reconocer una obviedad: hay una enorme desigualdad, y no todas las personas tienen las mismas condiciones para estar protegidas y permitir que sus vidas florezcan y den frutos.

Tendrá entonces que reconocer que los socialistas tienen razón en centrar sus esfuerzos en la lucha contra la desigualdad.

Recíprocamente, el pensamiento socialista, centrado en la desigualdad y sus causas, debe reconocer que ciertos remedios dieron lugar a otra forma de desigualdad y destruyeron la libertad de las personas. Hay quien diga que la concentración del ingreso en la Unión Soviética no fue muy distinta a la de la Rusia zarista. No lo sé. Pero de que las élites en los países del llamado socialismo real tenían un nivel de vida exponencialmente superior a la mayoría de la población es un hecho.

Entiendo conservadurismo no como el apego irracional a ideas y costumbres del pasado, sino en su sentido sociológico: el reconocimiento de que hay estructuras sociales y políticas de mediana y larga duración, que no cambian simplemente porque cambie el partido o el individuo que gobierne.

Pero por más que se tomen en cuenta estas estructuras, se debe reconocer la dignidad de toda persona y la necesidad (e inevitabilidad) del cambio.

Estas tres grandes tradiciones se combinan de manera muy distinta en las diversas posiciones políticas actuales. Estamos frente a una situación “no binaria”.

Puede ser muy cómodo negar esta complejidad y quedarnos en la distinción entre “ellos y nosotros”, donde nosotros encarnamos todos los valores positivos. Pero no sólo es una simplificación que falsifica, es una ingenuidad de pena ajena. Claro que si eso genera dividendos políticos ya estamos en otro terreno, no en el del conocimiento.

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