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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Museos Puebla y el amor que me juraste

En materia cultural, el gobernador simplemente nos ha engañado, ¿cuál será su legado?

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Jueves, Noviembre 6, 2025

El fin de semana corrió el rumor: ¡Ahora sí, ya lo hartó y mañana la cesan!

Ante ello, al parecer la suerte quedó echada para Josefina Farfán y el lunes por la mañana los demonios museísticos se desataron y, en tropel, los pocos marinistas neomorenistas que aún no colocan a sus hijos e hijas en el aparato gubernamental enviaron mensajes cifrados ―por ellos mismos o través de emisarios― a Casa Aguayo:

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― «¿Ya decidiste, porque si no, yo tengo…?»,

Intentaron cobrar pasados favores:
― «¿Recuerdas cuando te aliviané de aquel bochornoso asunto?, pues, veras…»,

O simplemente buscaron agandallarse la Dirección de Museos ―casi vacante o algo así― a través de los rancios argumentos tricolores serviles de siempre:

― «Lo que necesitas es alguien de confianza, que te cubra las espaldas, que sea de nuestra gente, si sabe o no es secundario en este momento».

Pero lo único cierto en este chismarajo es que, en materia cultural, el gobernador simplemente nos ha engañado y que si hubiéramos de expresarlo con bolerísimo despecho, diríamos:

― «¿Y qué hiciste del amor que me juraste?».

Porque no olvidemos que nos juró que, “Por amor Puebla”, sería el código ético, estético y laboral de su sexenio, pero, al menos en la Cultura, no ha sido así. Aunque, ahora que en Museos se rumora que Josefina y sus secuaces, por fin se irán con su música a otra parte, se renueva nuestra esperanza y la oportunidad de Alejandro de redimirse ante la poblanidad, eligiendo esta vez a un profesional de Museos y no a alguna hija o hijo descarriado o incipiente licenciado o “favorito de mami o papi” para el puesto más relevante de la conservación, resguardo y difusión de la identidad poblana en el estado.

Y si, a diferencia de los pasados nombramientos culturales, esta ocasión quisiera no volver a avergonzarnos con designaciones insultantes, modestamente le sugeriría tomar en cuenta algunos de estos detallitos antes de decidir.

1. Que el agraciado o agraciada, tenga verdadera formación universitaria ―terminada y comprobable― en Historia, Historia del Arte, Museografía o, bueno, si no hay más, aunque sea en Gestión Cultural.  

2. Que conozca al detalle los más de veinte recintos que forman parte de la Dirección de Museos ―y los demás de instituciones federales o privadas o particulares― y no que solamente haya asistido a ellos cuando lo obligaron a visitarlos en la secundaria.

3. Que tenga los mínimos conocimientos de Programación pudiendo diferenciar sin titubeos entre “proyecto”, “programa”, “tarea” y “función” y, posea aunque sea una embarradita de Administración Pública para que los abusadillos y abusadillas ladronzuelos burocráticos no lo lleven al baile con los presupuestos, plazas, sueldos, sobresueldos y licitaciones de equipo y materiales.

4. Que sea capaz de elaborar un Plan de Desarrollo de Museos por al menos tres años, que incluya:

a) Capacitación permanente del personal operativo,
b) Consolidación de los liderazgos por parte de los Directores de los Museos, mediante la rotación por los recintos poblanos y nacionales,
c) Renovación periódica de la museografía de los recintos mediante la refresco inteligente de los acervos en exhibición ampliando la identidad vocacional de cada recinto,
d) Intercambio interinstitucional, para recíproco beneficio, con los cientos de museos del país, y, e) Sacar a los museos poblanos de sus cuatro paredes, mediante la exhibición de los acervos o sus facsímiles factibles de trasladar por escuelas, oficinas gubernamentales, hospitales y clínicas, espacios culturales y centros comerciales de todo el estado.

No es mucho pedir ¿o sí?

Después de todo, si en los cinco años que ya sólo le quedan, Alejandro no es capaz de amarnos culturalmente a todos los poblanos más allá del discurso y no sólo a las hijas e hijos de sus antiguos correligionarios, ¿cuál será su legado cultural?

«¿Y qué excusa puedes darme si fallaste?»

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