Logo e-consulta

Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El exhibicionismo barroco

Se ha despreciado la cultura al negarse el Ejecutivo estatal a designar verdaderos especialistas

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Jueves, Octubre 23, 2025

Una vez más el Museo Internacional del Barroco es causa y motivo de bochorno y desasosiego y, por ende, de alarmantes dudas sobre la idoneidad de la administración cultural actual.

¿Qué fue lo sucedido realmente entre dos poseedores de obras artísticasSantiago Carbonell y los familiares de Juan José Díaz Infante― y las autoridades de Cultura y Museos para que de forma tajante y escandalosa se decidiera cancelar sendas exposiciones anunciadas entre públicos reclamos de incompetencia, falta de profesionalismo e ineptitud?

Más artículos del autor

Como en todo pleito de este tipo, hay versiones encontradas y, por lo mismo, medias verdades, falsos señalamientos y una buena dosis de melodrama y exhibicionismo; o sea, abundante material para el chisme, la habladuría y el comadreo, todo eso de lo que un recinto artístico que se precie de serio y formal debe evitar a toda costa.

Y aunque en la Puebla de hoy las autoridades culturales lo ignoren, el mundillo del arte, el coleccionismo y los museos tienden a ser exquisitos, discretos y de buen gusto. Por lo mismo, huyen del escándalo y la mala publicidad. Y no se piense que por ello todo es armónico y de buen grado entre los participantes, ¡no qué va!, pues existen situaciones de enfrentamiento y reclamo cuando alguna de las partes no cumple con lo pactado, pero es poco frecuente que estas desavenencias trasciendan, ya que en este mundo se privilegia “lavar las obras sucias en casa”.

De tal suerte, cuando la desavenencia trasciende se debe a que alguno de los involucrados fue lo suficientemente pelafustán, lépero y grosero por lo que resulta imposible callarlo. Pues bien, lo declarado esta ocasión asegura que, en este conflicto barroco, una de las partes fue pelafustán, lépera y grosera con la otra.

En el primero de los casos ―la exposición del pintor Santiago Carbonell― el reclamo y consecuente cancelación no deja lugar a la duda sobre los motivos, pues de manera categórica y tajante el autor califica de incompetente a la dirección del Museo Internacional del Barroco. Y, precisamente guardando las formas del decoro que, como señalé, campea en las relaciones de este mundillo artístico, agrega con hiriente e intencionada decepción pero con parquedad:

“¿Qué más puedo decir? ¡Si les contara todo no me creerían!”.

Lo que Santiago Carbonell ignoraba en el momento de expresar esto, es que sí le íbamos a creer, aún antes de la declaración respectiva por parte de Josefina Farfán, porque, como era de esperar, esta funcionaria reafirmó con su decir lo sabido por todos en Puebla ―menos por el gobernador―: la escandalosa impericia del MIB y, por ende, de Museos Puebla en este y todos los demás asuntos de su competencia y que, a pesar de saberlo y sin inmutarse, Farfán externó:

“Se debió a la falta de comunicación y a que el comodato de préstamo de obra (necesarísimo documento legal para su exhibición y resguardo) se firmó hace apenas unos días (cuando debió haberse formalizado en el momento de la aceptación por ambas partes del acuerdo de exposición), lo que impidió que se liberara el recurso para presentarle este año”.

Es decir, que nadie en Museos hizo profesional y seriamente el trabajo de supervisar las etapas y detalles de la muestra. ¡De horror!

En cuanto a la otra exposición cancelada, los motivos son, si esto es posible, más escandalosos e insultantes. Veamos.

Resulta en este caso que no únicamente algunas obras del arquitecto Juan José Díaz Infante Núñez se exhibirían en el MIB ad honorem, sino que esto era tan sólo parte de un conjunto de actividades que incluían una charla sobre la vida y trayectoria del autor, una visita de estudiantes de la Universidad la Salle de León, Guanajuato y la participación del Grupo de Mujeres Líderes.

Como se aprecia, toda una serie de actividades que requirieron disposición, coordinación de esfuerzos y agendas, logística puntual y recursos financieros; acciones estas, a decir de los participantes, pagadas por ellos y no por el gobierno de Puebla.

Y ¿cuál fue el argumento de Museos Puebla para desbaratar todo esto? La real o supuesta presencia de plaga en las obras a exhibir, cosa que los familiares del arquitecto Díaz Infante niegan indignada y categóricamente.

Pero, vamos a conceder sin aceptar, que efectivamente las obras se hallan en esta condición: ¿Por qué nadie en Museos se dio a la tarea puntual de verificar el estado y condición de las piezas propuestas para exhibirse antes de que se llevara a cabo toda la logística y gasto mencionado?

Misterio total, imposible de entender o disculpar porque esa es la chamba de los museos serios y profesionales.

Y como ni la directora del MIB, ni la titular de Museos Puebla, ni la Secretaría de Cultura cumplieron con esa parte de su compromiso, el comentario de los herederos de Díaz Infante legitima su indignación y reclamo por encima de los argumentos de Josefina Farfán, al afirmar:

“Se aclara que todos los materiales, conferencias, traslados y apoyos logísticos fueron proporcionados de manera gratuita al museo como parte de un esfuerzo de colaboración cultural y académica gestionados por mí. La palabra gratis quiere decir sin costo a ellos, no que no tengan costo. Lamentamos que haya estas costumbres de que uno trabaja subsidiando la cultura y luego uno se presta a la humillación institucional”.

Y ¿cuál fue la respuesta de Museos Puebla al respecto?

“Fue cancelada toda vez que al dictaminarse la obra a su llegada al Museo Internacional del Barroco carecía notablemente de las condiciones mínimas para ser exhibida ante la presentación de daños así como plagas”.

O sea, la culpa es de ustedes, familia Díaz Infante, por proporcionarnos obra inadecuada.

Y, repito, podrían tener razón en ello si lo hubieran señalado antes de que se formalizara el compromiso de exhibición y no después, pero no lo hicieron.

De tal suerte que lo único cierto en todo este vergonzoso enredo es que, sin lugar a dudas, en Puebla desde el inicio del sexenio y hasta la fecha, se ha despreciado a la cultura al negarse el ejecutivo estatal a designar para dirigirla verdaderos conocedores y expertos en el tema y no una sarta de incompetentes retoños de antiguos compañeros de aventuras políticas, ya que procurar en esos puestos a los mejores profesionales y no a los mejores amigos, es la única manera de evitar bochornosos exhibicionismos como estos.

Vistas: 780
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs