En los últimos días nuestros corazones se han estremecido al conocer la situación de la Sierra Norte de Puebla tras haber enfrentado una de las emergencias más graves de los últimos años. Las intensas lluvias han provocado desbordamientos, deslaves y severas inundaciones dejando a su paso comunidades aisladas, caminos destruidos y cientos de familias damnificadas.
Este escenario ha evidenciado no sólo la fuerza de la naturaleza, sino también la incapacidad y negligencia de los gobiernos para ejercer planes de prevención y protección ante desastres, así como la frialdad y carente empatía del gobierno para con las familias en vulnerabilidad.
Afortunadamente son situaciones como estás donde el verdadero espíritu solidario de la sociedad mexicana sale a flote. En momentos como estos, la unión entre algunos servidores públicos y ciudadanía se convierte en el factor más decisivo para enfrentar la tragedia y reconstruir el entorno físico, pero sobre todo el tejido social.
Más artículos del autor
La solidaridad entendida como la acción conjunta para buscar el bien común, debe ser el eje de toda política pública y el motor de las acciones comunitarias. Las autoridades tienen la responsabilidad de actuar con eficiencia, empatía y transparencia. Su papel va más allá de la gestión administrativa: son quienes deben garantizar que los recursos lleguen de forma oportuna, que los apoyos se distribuyan equitativamente y que las decisiones se tomen con base en las verdaderas necesidades de la población afectada. Su compromiso ético se demuestra no solo en los discursos, sino en la cercanía oportuna con las comunidades y en la capacidad de coordinar esfuerzos con los ciudadanos.
Por otro lado, la ciudadanía también desempeña un papel protagónico en estos procesos, las muestras de solidaridad vistas en los últimos días —personas donando víveres, voluntarios trasladando ayuda, gente apoyando a familias damnificadas— reflejan el poder de la organización social. Esta participación demuestra que la empatía puede transformar la desesperanza en acción y que la ayuda mutua es el fundamento más firme para superar cualquier desastre natural.
Las inundaciones en la Sierra de Puebla han recordado que la cooperación entre sociedad y gobierno no debe limitarse a un solo momento, sino consolidarse como una práctica permanente. La construcción de una cultura de solidaridad implica reconocer que el bien común depende de la corresponsabilidad. Los desastres naturales evidencian las carencias estructurales, pero también revelan la fortaleza humana que surge cuando se actúa con unidad y compromiso.
La emergencia no solo representa un reto material, sino una oportunidad para reafirmar los valores que sostienen a nuestra sociedad. La solidaridad entre servidores públicos y ciudadanía no debe ser un gesto aislado, sino una forma de actuar permanente para la construcción de un país más justo, empático y resiliente.
Como servidores públicos debemos priorizar a la sociedad sobre cualquier oportunidad de protagonismo.
Como integrante de la LXII Legislatura solicité al Estado, sea considerado dentro del presupuesto 2026 un recurso especial para poder continuar con los trabajos de reconstrucción de los municipios afectados en la Sierra de Puebla, así mismo rendiré cuentas tal y como lo marca la ley, abonando a la transparencia, pero sin apartarme de mi obligación y compromiso como poblano y mexicano, aportando de manera tangible a las poblanas y poblanos que en este momento lo necesitan.
En cada acto de ayuda, en cada mano extendida y en cada decisión responsable se refleja el verdadero espíritu de México: un país que, pese a las adversidades, siempre encuentra la manera de levantarse unido. Bien lo decía la Madre Teresa de Calcuta: “Dar hasta que duela”.
Nos leemos en:
X: @MarcosCastro40
Instagram: @MarcosCastroMtz
Facebook: Marcos Castro