Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Primer Informe de la Presidenta de México

Entre el acarreo, fractura interna de Morena y la ausencia de resultados

Marcos Castro Martínez

Politólogo (UNAM), maestro en Administración Pública (IAP) con diplomados en Análisis Político (IBERO) y en Economía Social (UDLAP). Funcionario en la Procuraduría Agraria y SEDESOL; director de Atención Ciudadana y regidor. Secretario General Estatal del PAN en tres ocasiones y actualmente diputado local, coordinador del Grupo Parlamentario.

Jueves, Octubre 9, 2025

Estimada y estimado lector, hace algunos días pudimos ver el cierre de la gira nacional de Claudia Sheinbaum que realizó en el marco del Primer Informe de Gobierno de su gestión como Presidenta de México y con el afán de ser objetivos... ¿qué le pareció?

En lo personal creo que lejos de consolidarse como un ejercicio democrático de rendición de cuentas -motivo por el cual fue creado-, se convirtió en un espectáculo político que evidenció las tensiones internas y los métodos tradicionales y más rancios de movilización que Morena, el partido gobernante, ha heredado.

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Lo que debía ser una oportunidad para presentar los avances, retos y estrategias del nuevo gobierno y posicionarse como un parteaguas en la vida política nacional, terminó por mostrar un rostro de polarización, improvisación y acarreo masivo de personas que, más que respaldar una gestión, fueron utilizadas como herramienta de legitimación política, eso sin contar que fueron olvidados temas de vital importancia como la crisis de desaparecidos que se ha incrementado de manera alarmante en los últimos años.

El acarreo, práctica común en esa vieja política mexicana que ha hartado a tantos ciudadanos, reapareció con fuerza en este primer informe. Miles de ciudadanos fueron transportados desde distintos estados para llenar plazas y simular un apoyo popular incondicional.

Recordará el evento en la capital poblana, donde un servidor público municipal ofreció liberar de manera ilegal servicio social a cambio de la asistencia a dicho evento llevado a cabo en el Centro Expositor.

Testimonios y evidencias en redes sociales señalaron que muchos de los asistentes fueron movilizados mediante promesas de apoyo económico o programas sociales y amenazas de despidos o la pérdida de dichos apoyos, lo que plantea serias dudas sobre la autenticidad del “respaldo ciudadano” tan mencionado.

Este fenómeno no solo desvirtúa el sentido de un acto de rendición de cuentas, sino que exhibe la incongruencia entre el discurso de transformación y las prácticas que Morena y aliados prometieron combatir y erradicar.

Por si fuera poco, a la par, los conflictos internos dentro del partido se hicieron evidentes; tan solo a nivel local día a día se ve la falta de acuerdos y la división entre los diferentes niveles de gobierno. Las pugnas entre grupos cercanos a diferentes figuras del poder, las discusiones por posiciones estratégicas y la falta de cohesión ideológica marcaron un ambiente de tensión política.

Diversos sectores del partido criticaron la falta de inclusión en la toma de decisiones y la tendencia centralista del gobierno federal, lo que ha generado fracturas que amenazan con debilitar su unidad rumbo a los próximos procesos electorales. Este escenario revela que, pese a su fuerza política, Morena enfrenta un serio desafío: mantener la cohesión entre sus corrientes internas mientras intenta cumplir sus promesas de campaña, aún estamos lejos de ser Dinamarca en el tema de salud, lamentablemente la crisis de inseguridad sigue incrementándose y los aplausos no son sinónimo de unión y paz social.

El primer informe, en consecuencia, no logró proyectar un mensaje de estabilidad ni de transformación profunda; por el contrario, expuso los límites del poder presidencial ante un partido dividido y dependiente de las mismas estructuras clientelares que en su momento criticó.

La ciudadanía observó un evento cargado de simbolismo político, pero vacío de autocrítica y transparencia, donde el culto a la figura presidencial predominó sobre la evaluación real de resultados, el apoyo a las familias de las y los desaparecidos, los enfermos y su lucha contra la carencia de medicamentos y el combate real a la corrupción fueron los grandes ausentes.

En conclusión, el pasado Informe de la Presidenta de México deja entrever que el cambio prometido, tristemente aún está lejos de materializarse. El uso del acarreo como herramienta de propaganda y las divisiones internas en Morena son síntomas de un sistema político que se resiste a transformarse y evolucionar.

La verdadera rendición de cuentas no se mide por aplausos en una plaza o la cantidad de asistentes, sino por la capacidad del gobierno para escuchar, corregir y responder a las demandas reales de la ciudadanía, el avance y la procuración del bien común. Solo a través de la autocrítica y la congruencia podrá este gobierno recuperar la confianza de quienes aún creen en ellos, bien lo decía mi papá: “No todo lo que brilla es oro”.

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