Brusca y significativamente la coyuntura política del país cambió en las últimas semanas. De un proceso de concentración del poder (el judicial ahora alineado con el ejecutivo y el legislativo) pasamos a una crisis al interior de la clase política.
Dos hechos sin precedentes en la historia política del país dieron lugar a este cambio: la denuncia de que el secretario de seguridad en Tabasco era al mismo tiempo el líder de un grupo de la delincuencia organizada, y la información en torno a un hecho delictivo de enormes dimensiones, el llamado huachicol fiscal.
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En sí mismos son extraordinarios. Quizá nos falte información sobre el pasado, pero no tenemos conocimiento de delitos y fraudes de estas dimensiones cometidos en otras administraciones. Como ha señalado Héctor de Mauleón: García Luna recibió dinero del crimen organizado; los políticos de Morena acusados no, ellos eran el crimen organizado.
Muestran además una fractura dentro del grupo en el poder. El que puede ser considerado como el tercer hombre de la 4T, sólo detrás de López Obrador y Claudia Sheinbaum, está seriamente cuestionado. Adán Augusto López no sólo nombró y sostuvo a Hernán Bermúdez como su secretario de seguridad. Resulta que, como resultado de ser el notario más exitoso de Tabasco, tuvo una ganancia de 79 millones de pesos. Algo difícil de creer. Aunque como notario público seguramente puede dar fe de sus ingresos legítimos.
La ruptura se hizo explícita el pasado domingo, en el informe legislativo que el senador poblano Ignacio Mier presentó en la capital de su estado. Adán Augusto estuvo presente, en su calidad de líder de los senadores morenistas. No los acompañó ninguna personalidad relevante: el gobernador de Puebla, el presidente municipal de la capital, la dirigente de Morena en el estado, y la presidenta del congreso local poblano se hicieron ausentes.
La lista de morenistas cuestionados por el huachicol fiscal y otros delitos es larga y notable. Ya nadie puede pensar que en el sexenio anterior se combatió la corrupción. Políticos muy cercanos al expresidente López Obrador, incluidos sus hijos, están en la lista de presuntas irregularidades. Lo que no es presunto es el nivel de vida que muchos de ellos muestran.
No es claro qué va a resultar de todo esto. Dicen que el oriundo de Macuspana no puede dejar de hacer política, mientras no pueda dejar de respirar. Que sin duda algo está haciendo. No está claro qué. Es obvio que estos hechos no le pueden gustar, pero hasta ahora no hay una reacción visible.
Es posible que se trate de lo de siempre: el presidente en funciones se fortalece tomando distancia de su antecesor y sacrificando a alguien del sexenio anterior. Aunque ciertamente las circunstancias son más complejas que en los casos anteriores. En lo que no hay duda es en el lugar común chino: nos ha tocado vivir tiempos interesantes.