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OPINIÓN

El tiempo perdido de Waldo Frank

Su figura está cubierta en un enorme manto de olvido que se extiende incluso a Estados Unidos

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Sábado, Septiembre 27, 2025

En los días que corren, en los que la administración de la Casa Blanca parece del todo tan reacia a cualquier acercamiento con la América de habla hispana, resulta por demás deslumbrante la figura de Waldo Frank, así como significativo el enorme manto de olvido que le cubre y que se extiende incluso a los propios Estados Unidos.

En lo personal descubrí su existencia en la referencia que hace Alfonso Taracena de su visita a México y a la cual, el propio Frank dedica todo un capítulo de sus Memorias para posteriormente abordar su visita a Argentina, en donde recibiría la noticia del quebranto del mercado de valores de Nueva York el jueves 25 de octubre de 1929.

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No deja de resultar sorprendente,  al paso del tiempo , el hecho de dos cintas filmadas en momentos lejanos a los hechos y con un lapso de tiempo entre sus respectivas realizaciones, por demás acentuados, que pareciera dar seguimiento  al relato de Frank,  de modo tal que parecieran secuelas de su propio testimonio de su  paso  de México a Argentina, descrito como el tránsito  de “un mundo  totalmente extraño a la de otro aparentemente familiar”, con todo lo que tal aseveración pudiera llevar aparejada.

Las cintas en cuestión son “En Busca de un Muro” de Julio Bracho de 1973, y “Mural” de Héctor Olivera de 2010. La primera de las mencionadas se lleva a cabo en la residencia de la coreógrafa Eva Palmer, esposa del poeta griego Angelos Sikelianos en Nueva York, donde se desarrolla un penetrante diálogo entre José Clemente Orozco y Waldo Frank sobre la inminencia de un cataclismo social que habría de echar por tierra la ilusión de un mundo almibarado por el azúcar de la complacencia social.

En la cinta de Olivera, por su parte, existe una conversación entre damas promotoras del arte de la más alta sociedad bonaerense, pudiendo muy bien ser una de ellas Victoria Ocampo, la fundadora de la emblemática revista SUR y amiga personal de Waldo Frank, una de ellas,  intercambio en el  que  aluden a la controversial presencia del norteamericano  en el país austral.

Testigo de los sucesos posteriores a la Revolución Mexicana y previos a la Guerra Civil en España, país al que dedicó el libro España Virgen, traducido por León Felipe y elogiado por el también controvertido rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno,  testigo al unísono de Orson Wells y Herman Mankiewicz, del desazón autoritario del magnate Waldo Randolph Hertz acrisolada en su pasión por la actriz Marion David; del impulso sionista de Wizmann para crear el estado de Israel;  de los episodios y personajes conformantes por el Partido Comunista de los Estados Unidos dirigido por Earl Browder ; y, asimismo de la presencia de León Trotsky en México;  Waldo Frank es hoy un hombre olvidado en contraste del enorme influjo que su presencia y su pluma ejerció en los ámbitos culturales y políticos de amplias regiones del mundo desde la década de los veinte hasta los inicios de la Revolución en Cuba.

El episodio narrado por Frank en sus Memorias  sobre las circunstancias que le llevaron a escribir su biografía de Simón Bolívar resultan de enorme interés en los actuales momentos,  en que la  escuadra norteamericana se estaciona en el Caribe y ataca  embarcaciones civiles  en aguas internacionales en abierta contravención a lo dispuesto en la Conferencia del Derecho del Mar de Montego Bay;   rememora Waldo Frank  que fue, precisamente  a sugerencia de Rómulo Betancourt,  ministro a la sazón  del entonces presidente Rómulo  Gallegos, que se abocó a escribir dicha obra, y  como  a medio transcurrir del trabajo de preparación del mismo, tuvo que esquivar las maniobras del nuevo gobierno golpista del coronel Marcos Pérez Jiménez  que  pretendían   manipular ante la opinión pública internacional   su presencia en los países bolivarianos auspiciada por Caracas.

La generosa conversación de  Alfonso Taracena cuando era yo un mozalbete y él se acercaba a la centena, me hizo descubrir a Waldo Frank hace ya muchos años,  concluyendo que, hoy por hoy se erige  en un misterio insondable, en virtud del aplastante silencio que recubre su memoria, y la  “intuición” a la que Taracena tanto acudía, no en balde  alumno dilecto de Vasconcelos  y por tanto indirectamente de Henri  Bergson , me dice que rememorarle constituye toda una transgresión,  transgresión equivalente a la  llevada a cabo por otro discípulo de Bergson , Marcel Proust, una transgresión que vale la pena llevar a cabo en los días que corren, como es la que concierne “ buscar todo tiempo perdido”

albertoperalta1963@gmail.com

 

 

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