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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Barroco y su letra (no tan) chica

Los miles de millones de pesos que nos ha costado el MIB, nunca han salido de las manos de los Hank

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Miércoles, Septiembre 24, 2025

La letra chica es una artimaña contractual que usan los depredadores sociales. Los más voraces de estos son: los banqueros, los agentes inmobiliarios y los gobernantes.

Hace unos días, gracias a una investigación periodística, nos enteramos de que un desaguisado poblano que nos lo habían vendido como maravilloso, en realidad contiene bajo las enaguas una retahíla de cláusulas sospechosas e indignantes, escritas todas ellas en una letra chica (que no ha resultado tanto) que involucra a los tres tipos de depredadores mencionados: la transacción de finiquito de la mentada (nunca mejor dicho) criminal deuda de Museo Internacional del Barroco.

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Por casi tres meses el gobernador Armenta y sus corifeos, tanto gubernamentales como periodísticos, han intentado sostener como prístina verdad que el acuerdo de liquidación del adeudo del Barroco es transparente y sin vergonzantes acuerdos ocultos o contraprestaciones humillantes y costosas.

Y como prenda de dicha bonhomía el gobernador empeñó su palabra en informar en breve los pormenores del acuerdo. El que no cumpliera con su promesa y, peor aún, encerrara el documento en las mazmorras administrativas por cinco años (el término de su gobierno) hizo más sospechosa la transacción de por sí increíble, pues nos aseguraba que una de las familias de mayor arraigo depredador en la historia de nuestro país ―como lo han sido los Hank: abuelo, hijos y nietos―, nos regalaría, así no más, 8 mil millones de pesos a los poblanos nacidos y por nacer, sin esperar nada a cambio que nuestra agradecida sonrisa y reconocimiento.

Y, tal como lo sospechábamos aquellos que hemos vivido lo suficiente para no creer en cuentos de hadas financieros y mecenas políticos desinteresados, resulta que no sólo no es tan transparente el asunto, sino que 1) Contiene acuerdos estrambóticos, ¡como pedirle a nuestro acreedor (Banorte) que nos preste para pagarle!, 2) Que este préstamo contenga el módico interés de 10.06 % anual entre la tasa y la sobretasa (cuando CETES paga el 7.5 % anual), lo que conlleva a aumentar casi 195 millones de pesos cada año que no se cubra, 3) Que nadie sepa (o quiera decirnos) de dónde saldrán en el 2026 los 2 mil 195 millones, para “liquidar la liquidación” del Barroco, y 4) Cuáles otras concesiones a los Hank contiene el acuerdo de finiquito y, sobre todo, para cuántos años están pactadas.

Lo único cierto a la fecha en toda esta maraña de letras chicas y falacias grandes es que: 1) El concepto de “transparencia” del gobernador es bastante turbio; 2) El ADN marinista del actual gobierno se ha devorado la fachada morenista con la que llegó y por la que votamos, y, 3) A casi diez años del escalofriante proyecto del Museo Internacional del Barroco, los máximos depredadores han sido los Hank quienes, como verdaderos tiburones de alta mar, se han tragado a los aprendices financieros que han resultado los gobernantes poblanos desde Rafael hasta Alejando.

Y si alguno de estos depredadores gubernamentales bisoños piensa que les ganó alguna de las manos de esta partida macabra de póker financiero, lo invito a reflexionar sobre esta ecuación: Banorte (de los Hank) puso el dinero para que la constructora Hermes (de los Hank) creara el MIB, así como la compañía (de los Hank) que lo administraba, mientras le pagábamos (al banco de los Hank) monstruosos intereses.

Eso sí, hasta que llegó Alejandro y entonces le pedimos prestado (a Banorte de los Hank) la friolera de 2 mil millones de pesos ―que no tenemos y quizás no tengamos los siguientes años―, para pagarle (a los Hank) el primer préstamo que nos hicieron para construir el museo (de los Hank) y poder decir que ya es de los poblanos (cuando finalmente liquidemos este nuevo préstamo de los Hank). O sea, los miles de millones de pesos que nos ha costado y seguirá costando el MIB ¡nunca han salido de las manos de los Hank!

Y ¿aun así, estos aprendices de depredadores de CuartaTe pretenden que volvamos a creerles que no existen otras traicioneras letras no tan chiquitas en la supuesta liquidación del MIB, tales como el traslado y manejo discrecional de las nóminas gubernamentales estatales a Banorte y las cuantiosas consecuencias depredadoras que conlleva (¿puede imaginarse cuánto dinero se embolsan de intereses los Hank mientras los empleados gubernamentales no logran cobrar su quincena por falta de suficientes cajeros automáticos en el estado?), o, la extensión per secula seculorum de la concesión del agua, o… sabrá Dios cuáles otras contraprestaciones que por vergonzosas e inconfesables han orillado a este gobierno a enterrar por cinco años ese bendito contrato de finiquito que algún día hará nuestro, un museo que nunca quisimos?

¡Sí, cómo no!

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