En memoria y homenaje a la Dra. Julieta Fierro Gossman (1948-2025) [1]
"La astronomía es como una canción, que aunque no entiendas, ya vale la pena por ser tan hermosa".
"Si me siento triste pienso en el universo, me maravillo y me pongo contenta".
"Dedicarse a la ciencia es tener una fuente de felicidad inacabable".
"La ciencia es asumir retos no triviales, no imposibles, pero difíciles, y eso te mantiene contento, mientras tratas de superar el reto y si triunfas".
"Si no lo logras, si te equivocas, también te acostumbras a equivocarte y seguir adelante".
“Para ser científico hay que aprender en libertad”.
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La súbita partida de la Dra. Julieta Fierro deja un hueco enorme en el espacio de la divulgación científica de por sí, muy poco cultivado e insuficientemente valorado tanto en el mundo de la academia como en el de la opinión pública en general.
En el ángulo de la academia y concretamente en el campo de la investigación y las instituciones dedicadas a fomentarla el campo de la divulgación ha sido visto como una tarea de segunda categoría frente al trabajo de producción de conocimiento que realizan los investigadores. Es hasta tiempos muy recientes que se ha empezado a considerar con mayor peso la relevancia que tiene la promoción del acceso al conocimiento.
Desde el ángulo de la opinión pública, aunque existen desde hace tiempo algunos espacios y esfuerzos de difusión masiva del conocimiento y algunas personas dedicadas a esta tarea que afortunadamente también ha venido ganando terreno, aún es insuficiente la cantidad y alcance que tienen estas actividades en la sociedad en general.
Hago estas consideraciones iniciales porque si bien la doctora Fierro fue una investigadora muy sólida y reconocida en el campo de la Astronomía y la Astrofísica a nivel nacional e internacional, fue siempre una apasionada de la divulgación de la ciencia y se definió a sí misma en muchas entrevistas como una divulgadora.
Si bien resulta un signo de esperanza la cantidad y calidez de los mensajes de despedida, reconocimiento, admiración y cariño que hicieron viral su fallecimiento y la valoración positiva de su trayectoria académica y su calidad humana, esta misma reacción social amplia, diversa y plural lleva a reflexionar sobre la falta que va a hacer su voz en estos tiempos caracterizados por una enorme ola anti científica que recorre las redes sociales, los medios de comunicación, los discursos de los dirigentes políticos e incluso las visiones que permean los modelos y las prácticas educativas.
Al corroborar esta insuficiente valoración de la ciencia en nuestra sociedad no resulta extraño caer en la cuenta de la situación de descuido que tiene el aprendizaje de las ciencias en nuestro sistema educativo en el que las materias de ciencias se imparten en las escuelas sin tener profesores bien formados en las distintas disciplinas, con carencias muy severas en instalaciones, equipamiento, laboratorios, insumos y presupuestos para buscar el desarrollo de vocaciones científicas y la comprensión y valoración de la importancia del conocimiento científico en las nuevas generaciones.
Resulta indudable que es necesario cambiar nuestro paradigma nacional e impulsar tanto la investigación científica y la formación de especialistas en las distintas ciencias como la educación en ciencias desde los niveles básicos si queremos realmente detonar procesos que ayuden a detonar el desarrollo económico, político y social sustentable de nuestro país.
Sin embargo, quisiera destacar aquí otro tema y es el de la formación en ciencias como un desafío ético de la educación. Existe hoy una valoración de las llamadas competencias o habilidades blandas como elementos muy relevantes para una educación humanista integral. Se habla mucho de la formación socioemocional, de la educación en valores, de la formación para la colaboración y el trabajo en equipo y otras áreas de desarrollo sin duda muy relevantes.
Un problema desde mi punto de vista es que el desarrollo de las habilidades blandas se entiende como separado e incluso hasta como opuesto a la formación en ciencias. Porque se mira la formación científica desde nuestra vieja y muy arraigada visión positivista que se expresa desde el nombre de “ciencias duras” para hablar de las Matemáticas, la Química, la Física o la Astronomía, en oposición a las “ciencias blandas” que son las Humanidades y las Ciencias Sociales.
Muy pocas veces se entiende que la aportación de las ciencias naturales –“duras”- al conocimiento del universo y de la vida contribuye de una manera sustancial a la construcción del bien humano y que la respuesta a las preguntas que como humanos nos planteamos al experimentar nuestra pequeñez y fragilidad frente a la inmensidad del universo, aunque no sea útil o aplicable en el sentido práctico e inmediatista de nuestro mundo pragmático y materialista, nos hace entender mejor el mundo en el que estamos situados y entendernos mejor como seres que como decía Octavio Paz, somos deletreados por alguien en ese universo que escribe.
Llaman mucho la atención las frases que saltan en cualquier búsqueda de citas de Julieta Fierro sobre su vocación científica porque lo que mueve ese deseo de conocer y esa actividad de investigación y difusión no es un mandato o imposición racional sino una pasión por entender lo que somos en el infinito campo espacio-temporal del cosmos.
Esta es la primera razón para mirar la formación en ciencia como una tarea ética: que la ciencia es esa canción que aunque no se entienda o se entienda sólo por partes pequeñas, vale la pena por ser tan hermosa. Que cuando uno está triste puede voltear al cielo, pensar en el universo, maravillarse y ponerse contento. Que la ciencia puede ser una fuente de felicidad inacabable si en cada acto de comprensión sobre los misterios del universo y de la vida uno es capaz de sentir el asombro del misterio.
Una segunda razón para entender la formación en ciencia como una tarea ética tiene que ver con la disciplina que implica la mentalidad científica: porque aprender y dedicarse a la ciencia implica asumir retos no triviales, no imposibles, pero difíciles, lo que puede mantener a quien hace este trabajo contento y en una tensión creativa muy rica, produciendo además felicidad cuando se logra superar este reto. Pero además se aprende a tolerar la frustración si no se logra vencer algún reto o se cometen errores en el camino. ..”te acostumbras a equivocarte y seguir adelante…” Finalmente, la formación en ciencia es un desafío ético porque como dijo Julieta Fierro: “Para ser científico hay que aprender en libertad”.
[1] Todas las frases que se citan como epígrafes hoy, son de Julieta Fierro y fueron tomadas de los links referidos debajo de ellas.