La depresión mayor o trastorno depresivo mayor, es una enfermedad mental frecuente, discapacitante, con una alta prevalencia mundial, que afecta significativamente la calidad de vida, la funcionalidad social y laboral, las cuales están asociadas a mayor riesgo de suicidio.
La depresión se debe a diversos factores como son los genéticos, los medio-ambientales, los psicológicos y los sociales.
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Para tratar la depresión se requiere de un abordaje terapéutico que considere un plan individualizado que puede incluir farmacoterapia, psicoterapia, terapias somáticas y medidas complementarias. La prevención, una detección temprana y el apoyo social y familiar son los pilares para reducir el impacto global de esta enfermedad.
Los tratamientos con fármacos se basan en los antidepresivos que inhiben de manera selectiva la recaptura de serotonina o bien de serotonina‑noradrenalina o de otros tipos de drogas que cambian la química cerebral.
Adicionalmente se tienen diferentes tipos de terapias psicológicas como son la terapia cognitivo‑conductual que consiste en intervenir los pensamientos y las creencias disfuncionales. También puede usarse la terapia interpersonal que se enfoca en resolver las relaciones interpersonales y roles sociales anómalas; o bien las terapias de apoyo y grupales las cuales ofrecen acompañamiento emocional y estrategias que ayuden a afrontar los problemas del paciente en un grupo con otros sujetos con la misma enfermedad.
Por último, el ejercicio físico regular, una dieta saludable que incluya abundantes frutas y verduras, y la práctica de técnicas de relajación que ayudan a manejar el estrés diario como la meditación, el yoga y los cambios en el estilo de vida que afronten de manera favorable las relaciones personales, escolares o laborales pueden ser útiles como complementos para evitar esta enfermedad mental.