La salida de la Guardia Nacional de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana para incorporarse totalmente a la Secretaría de la Defensa Nacional como una fuerza armada más, dejó un vacío en términos de estructura orgánica e identidad que tiene a los elementos de la SSPC en una especie de limbo funcional, ya que por momentos realizan labores que corresponden a la Policía Federal Ministerial y en otros a la propia GN.
Ante esta situación, surge la necesidad de crear un nuevo cuerpo de policía de carácter civil, similar a lo que fue la Policía Federal, que tendría que adscribirse a la SSPC o a alguna de las subsecretarías creadas recientemente como Órgano Administrativo Desconcentrado con rango similar al de la GN, con sus Delegaciones o Coordinaciones estatales en cada entidad federativa. Desde mi experiencia no sería recomendable crear Coordinaciones Regionales, equivalentes a una Región Militar o Naval, ya que para labores de policía significarían más burocracia y una cadena de mando más extendida, que dificultaría la toma de decisiones en casos de extrema urgencia.
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Si bien no podría ser una Policía Nacional, porque para ello los 31 estados de la República tendrían que perder su carácter de libres y soberanos, y la Ciudad de México adecuar su naturaleza jurídica a esta nueva realidad, el nuevo cuerpo de policía podría parecerse a lo que fue la extinta PF, con áreas encargadas de prevención a través de la inteligencia y la proximidad social (entendida como la cercanía, interlocución y resolución de los problemas de seguridad que más aquejan a la ciudadanía y no como algo tan simple como un corte de pelo o una consulta médica), de combate frontal al delito (personal uniformado desplegado en carreteras y zonas urbanas) y de investigación (personal de civil o de paisano).
Para no entrar en conflicto con la GN y no duplicar funciones, podría retomarse el modelo de la Guardia Civil de España y la Gendarmería Nacional de Francia, ambos cuerpos integrados por militares cuya responsabilidad es la seguridad de las pequeñas ciudades y áreas rurales que requieren un fuerte despliegue de policía militarizada, dejando la responsabilidad de la seguridad de los grandes centros urbanos a la Policía Nacional en ambos países.
Pero volviendo a la cobertura geográfica de los elementos de policía de la SSPC, si no existe la voluntad política para integrar un nuevo cuerpo de policía civil a nivel federal, por lo menos deberían crear Delegaciones o representaciones de dicha secretaría en cada entidad federativa.
De ser así el personal desplegado, aún sin pertenecer a algún cuerpo de policía, tendría una oficina que le brinde identidad y a la cual pueda recurrir mientras esté fuera de sus oficinas centrales para no parecer huérfanos y andar pidiendo prestado un espacio en los cuarteles de la GN, sedes de la Policía Federal Ministerial e incluso del Centro Nacional de Inteligencia, que cuentan con Delegaciones y Subdelegaciones en el interior del país.
Es más, si una de las prioridades del gobierno federal es la seguridad de la población, a las Delegaciones de la SSPC podrían darle un estatus de superdelegación, similar a las de la Secretaría del Bienestar con sus superdelegados y que ellos se hagan cargo de las reuniones diarias de las denominadas “Mesas de seguridad para la construcción de la paz”, a las que tanta falta les hace el componente civil, pero sobre todo representantes de la sociedad civil organizada y empresarios comprometidos con la seguridad.
A nivel internacional la SSPC o su nuevo cuerpo de policía civil debería contar con agregados en aquellos países con quienes México mantiene relaciones diplomáticas y comparte problemáticas vinculadas al tráfico de drogas, armas y precursores químicos, así como terrorismo, trata de personas y otros delitos en lo particular. Así lo hacen los países desarrollados, así lo hizo México en el pasado reciente y lo puede volver a hacer.
Sus oficinas servirían como instancia de enlace internacional (sin sustituir a Interpol) y no tener que estar enviando a directivos del Centro Nacional de Inteligencia a recibir y custodiar fugitivos durante su traslado a México, como acaba de pasar en el caso del Hernán Bermúdez en Paraguay, esa labor le corresponde a las policías federales o nacionales de cada país, por ejemplo, la Policía Nacional de España, la Policía Nacional de Francia, la Policía Federal de Brasil o los Marshals de Estados Unidos.
En síntesis, a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana le hace falta una policía civil propia o por lo menos una superdelegación en cada entidad federativa, similar a las de la Secretaría del Bienestar, con mayor razón si a ambas les corresponde atender las causas de violencia y la delincuencia.