¿Qué hacemos cuando nos sentimos mal y requerimos de atención médica? Le apuesto, estimada y estimado lector que el “acudir a la clínica del IMSS más cercana” no fue su primera respuesta, y no es para menos.
Vemos como cada día merma la calidad en el servicio al grado de considerarlo inexistente, falta de medicinas de especialidad, largos periodos para esperar una consulta que, en algunos casos sobrepasa hasta el año, deterioro y falta de mantenimiento en las instalaciones como elevadores y consultorios, pero bueno seguro estoy que de primera mano sabe la situación lamentable por la que atraviesa el sistema de salud. Seguimos muy lejos de ser Dinamarca, aunque se tengan “otros datos”.
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Es un llamado claro: no importa el origen ideológico: la vida debe ser prioridad; Y cuando falla el sistema, la crítica no es opción, es urgencia. La lamentable muerte del periodista Martín Arellano Solorio en Sinaloa tras pasar horas en camilla en un pasillo del Hospital General de Zona No. 3 en Mazatlán, es uno ejemplo, pues tristemente pierde la vida a causa de un infarto.
Arellano detalló en sus redes sociales que la aplicación del IMSS no le brindó un canal de atención ante su posible infarto; sólo mostraba la ubicación de clínicas, sin habilitar atención urgente. Sus mensajes dan cuenta de una alarmante saturación y falta de protocolos claros para emergencias que demandan respuesta inmediata, ni su llamada de auxilio directo a Zoé Robledo, titular de la institución, pudo salvarle; una falla sistémica alarmante en el Instituto Mexicano del Seguro Social, sin mencionar los muchos casos que día a día se presentan y no tienen la difusión pública necesaria que nos haga concientizar el descuido en el que el Gobierno Federal tiene la salud de miles de familias.
Frente a ello, el IMSS se defendió rápidamente con un comunicado señalando que siguieron procedimientos adecuados, aunque los tiempos y contradicciones con el relato del periodista han causado un fuerte impacto público.
Esta discrepancia subraya la fragilidad de los procesos internos y la poca claridad ante situaciones críticas, pero no es todo. Recientemente Marcela Velázquez Bolio, titular de la Unidad de Derechos Humanos del Instituto, fue grabada llamando “fauna carismática” a niños con discapacidad, particularmente del Teletón, expresión que ha sido calificada como discriminación y ofensa grave y ha generado exigencias públicas de renuncia.
Este tipo de manifestaciones por parte de un funcionario encargado de derechos humanos reflejan no solo falta de empatía, sino una carencia de sensibilidad institucional en un área clave. ¿Usted confiaría en una autoridad que minimiza mediante el uso de lenguaje despectivo a una población infantil vulnerable?
El diagnóstico general no es favorecedor. La falta de inversión, el descuido y la ausencia de empatía que se vive en el IMSS es resultado de la austeridad republicana a la que el partido oficialista tanto aspira vivir. Así lo vemos con sus representantes con viajes al extranjero y compras ostentosas, mientras los derechohabientes se enfrentan a sobrecarga y saturación en clínicas de primera atención, faltas de camas, medicamentos y protocolos claros de atención, así como apps mal diseñadas, errores que nos están costando vidas.
Por otro lado, la defensa del personal ante errores podría reflejar una cultura más preocupada por proteger al sistema que al derechohabiente. Voces como las de Velázquez Bolio denotan insensibilidad desde el interior mismo de la institución: señalan la enfermedad estructural del IMSS.
Es necesario revisar y reforzar protocolos de emergencia, con acceso funcional para situaciones críticas, capacitar al personal médico y administrativo, asegurar capacidad real en infraestructura y accesibilidad y medicamentos, pero más allá requiere de un cambio profundo en nuestra cultura ciudadana, donde tal parece que importa más el recurso que se malgasta para comprar voluntades que para atender casos críticos de salud.
De nada sirven los apoyos sociales si no son suficientes para atender de manera digna la salud y mucho menos si se descuidan urgencias en la materia con tal de materializar la simpatía del pueblo mediante sobornos disfrazados de programas del bienestar.
La decadencia del IMSS no se cura con comunicados oficiales; exige acción inmediata, transformación real y, sobre todo, un compromiso con la vida y los derechos humanos que dejen de ser palabras y se conviertan en acciones.
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