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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Miénteme más…

Enumeraré algunas falacias de gobernantes poblanos en torno al Museo Internacional del Barroco

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Martes, Agosto 26, 2025

Que siempre no nos pueden decir cómo se pagó, o pagará, y de dónde salió, o saldrá, el dinero para ello… Que ya es de los poblanos y para los poblanos, pero no para los artesanos sino para los seudo diseñadores… Que las exposiciones serán maravillosas, cultísimas y campechaneadas con los demás museos del Estado para que la suma de sus voluntades y acervos eleven la numeralia de las afluencias y, también, si hay modo, el cultismo poblano.

Total, que el Museo Internacional del Barroco está maldito y así seguirá.

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Y lo está, y continuará, porque cada uno de los gobernadores en turno ha contribuido a la leyenda de su maldición transformándolo con ello en nuestro particular Castillo de Drácula, nuestra tenebrosa Casa Usher, nuestra ridícula casa de los Locos Adams.

Y subrayo el nuestra(determinante posesivo de acuerdo a la Gramática) porque, según se ha asegurado hasta el hartazgo en esta naciente administración, ya lo pagamos o casi, y aunque el oculto ―hasta el 2030― contrato de finiquito es aún tan misterioso como los poderes del Hombre lobo, la voz de Perogrullo estatal asevera que el mentado recinto es más nuestro que el mole de caderas.

Pero, ¿cómo fue que un aparentemente inocente recinto cultural se ha transformado en el furioso Frankenstein actual que ya espanta a más de una generación de poblanos? Pues porque ¡believe it or not! nadie, ninguno de los siete gobiernos que han transcurrido desde su nacimiento nos quiere contar al detalle cómo, cuándo y para qué fue que nos embarcaron per saecula saeculorum en tan nefasta y terrorífica aventura.

Y cada uno de los gobernadores en cuestión ha echado mano de sus argucias más refinadas, de sus mentiras más ensayadas, de sus disculpas más bochornosas para guardarse los secretos ―que deben ser a tal grado telúricos y tenebrosos que a ellos mismos asustan― y, que, a pesar de siempre culpar al gobernarte inmediato anterior, no se atreven a revelarnos los pormenores del asunto, dando la apariencia ―como en las mejores obras de Agatha Christie― que todos ellos, y alguien más, ya sea por comisión, omisión o encubrimiento podrían ser los culpables del asesinato cultural y financiero que representa el mentado museo.

Y si no fuera tan dramática esta contradanza cultural interpretada por estos siete gobernadores en la que ―¡¡¡azúcar!!!Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé y Bernabé le pegó a Muchilanga, podríamos entre todos los poblanos actuales redactar una novela de misterio y vergüenza estatal, en la que empezando por Rafael, continuando Tony, siguiendo ―mínimamente― con Martha Erika, estancando con Guillermo, alargando con Miguel, profundizando con Salomón y rematando con Alejandro, pormenorizáramos cómo ha sido que el Museo Internacional del Barroco, cual Dorian Gray, ha ido degenerando su imagen, no decorosamente oculta como en la novela de Oscar Wilde, sino a la vista de todos.

Y es que a estas alturas es más que evidente que el caldo del Barroco ha resultado y nos sigue resultando carísimo en comparación con las albóndigas que, aseguran, están en algún lugar de esa inescrutable cazuela que las contiene y mantiene en el misterio cual receta secreta de abuela poblana del virreinato.

Y con costoso me refiero no sólo a lo obviamente monetario sino al bochornoso dispendio social y de prestigio que, por despilfarrados de dineros que no teníamos y agachones por guardar silencio ante tamaña afrenta burocrática, nos han endilgado a los poblanos en estos casi diez años de su existencia.

Y lo más increíble es que todos estos gobernantes y sus subalternos han experimentado un desmesurado desgaste político del cual parecen no darse cuenta pues continúan, uno tras otro, mintiéndonos descarada o veladamente sobre las vergonzantes cláusulas o contraprestaciones ocultas que han existido, existen y existirán en los contubernios para su creación, su continuidad y su actual proyección hacia un incierto futuro frankensteínico medio barroco, medio arte contemporáneo y medio indefinido recinto social y cultural.

Y en previsión de ser tildado de filiaciones políticas que nunca he tenido, ni preferencias burocráticas que siempre he despreciado, enumeraré algunas de esas falacias, embustes y patrañas que abarcan a todo el espectro colorimétrico de los mentados gobernantes.

1. Rafael, primero priísta de rancio abolengo familiar y luego panista descafeinado, nos mintió a) sobre el costo total del MIB, b) sobre el sustento ideológico del recinto como punta de lanza de un neobarroquismo inexistente (y que Mariana su actual directora también sostiene como verdad cultural inalienable), y, c) sobre el desbordado entusiasmo mundial que suscitará el inmueble marca Toyo Ito.

2. Tony, dubitativo panista pero de coaligada mezcolanza entre los partidos del Trabajo, Nueva Alianza, Compromiso por Puebla y Pacto Social de Integración, que en su modestísima e intrascendente mini gubernatura no realizó nada relevante por el MIB, primero porque, además de que degradó a la Secretaría de Cultura a patiño de la de Turismo, dejó a cargo del museo al indescriptible Jorge Alberto Lozoya, padre putativo del MIB, quien continúo el desquiciante boato y endeudamiento del mismo con sus despilfarros.

3. Martha Erika, indudable panista de cepa no tuvo tiempo más que de prometerle a Anel Nochebuena ―según ella misma asegura ― ser la secretaria de Cultura; por lamentables razones esto no se concretó salvando momentáneamente al MIB.

4. Guillermo, priista de la vieja, vieja, vieja guardia de antes que aparecieran los dinosaurios tricolores y que ninguna cosa hizo por Puebla; pero bueno, en el caso del MIB hay que admitir que no tuvo tiempo pues se pasó su interinato embelesado por la divina concesión de ser gobernador de Puebla un ratito.

5. Miguel, priista devenido en perredista y finalmente morenista que eligió a lo peorcito del culti rebaño poblano, no sólo para el MIB, sino para todo lo culto y cultural en este Estado y las consecuencias no se hicieron esperar pues mientras el primer Glockner transformó al Barroco en pancracio de barriada, Vergara lo aprovechó como fonda de postín para comilonas de chiles en nogada.

6. Salomón, priista en sus años mozos, panista (y más bien morenovallista) en sus alcances como munícipe y morenista por conveniencia política ante su desamparo por la muerte de Rafael y Martha Erika, tuvo la peregrina ocurrencia de nombrar a Anel Nochebuena como Directora de Museos, quien, ni tarde ni perezosa, transformó al Barroco en habitáculo para la meditación trascendental y bautisterio para seres sintientes (antes perros).

7. Alejandro, priista del marinismo y morenista actual, ha hecho de la Cultura una guardería y del Barroco un emblema por su finiquito financiero, hoy en día nebuloso y acerrojado a siete llaves hasta el 2030, arguyendo, sin sonrojarse, que las investigaciones sobre posibles malversaciones y corruptelas se verían afectadas si nos cuenta ―como lo prometió― de qué manera, con cuáles recursos y en cuáles condiciones reales se pactó el mentado finiquito del Barroco.

Y todo esto mientras por casi diez años los poblanos de a pie, en bici y en moto hemos cantado desde el agachismo cultural:

Miénteme más/ Que me hace tu maldad…   

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