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OPINIÓN

Cristo en la vida política

Una lectura que invita a redescubrir la centralidad del acontecimiento cristiano en la vida de los p

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Miércoles, Agosto 20, 2025

La política no es ajena al misterio cristiano. Esta afirmación, que podría parecer provocadora en una cultura secularizada, encuentra una sólida fundamentación en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Rocco Buttiglione, filósofo católico y discípulo del pensamiento de Juan Pablo II, desarrolla en su tesis para el Doctorado Honoris Causa titulada La presencia de Cristo en la vida política (UPAEP, 2025) una interpretación teológica y cultural que invita a redescubrir la centralidad del acontecimiento cristiano en la vida de los pueblos y naciones.

Buttiglione sostiene que “no se puede pensar la política sin una visión de la historia” y que esta debe comprenderse a partir de la presencia de Cristo en la vida de los pueblos (Buttiglione, 2025, p. 20).

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En un mundo fragmentado por ideologías, violencia y nihilismo, la propuesta de Buttiglione ofrece una visión transpolítica y profundamente humana, que encuentra eco en los principios fundamentales de la DSI, la cual enseña que “el Evangelio no debe ser considerado como algo extrínseco a la vida política, sino como fermento de justicia y fraternidad en la historia” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 62).

1. La fe como acontecimiento fundante de comunidad

El punto de partida de Buttiglione es una afirmación de san Juan Pablo II en su histórica visita a Polonia en 1979: “La presencia de Cristo [es] fuerza activa del bien para el hombre en la historia” (Juan Pablo II, 1979). Esta afirmación no remite a un espiritualismo desencarnado, sino a una dimensión profundamente política: la fe genera comunidades, pueblos y culturas capaces de autogobernarse en torno al bien común.

En palabras de Buttiglione: “El bien común no es la suma de los bienes individuales (‘el mayor bienestar para el mayor número’). El bien común es el bien de un hombre que no puede definir su propio bien sin incluir en él -en círculos concéntricos- el bien de su esposa y de sus hijos, el de su ciudad y el de su nación y, finalmente, el bien de toda la humanidad”. (Buttiglione, 2025, p. 10).

Esta concepción se articula con el principio de centralidad de la persona humana, pilar de la DSI: “La comunidad política existe concretamente para el bien común: en él encuentra su justificación plena y su significado” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 168).

2. La novedad cristiana frente al poder ideológico

Buttiglione rechaza tanto la vía revolucionaria del marxismo como el catolicismo burgués moralizante. Denuncia el pensamiento leninista —“primero tomamos el poder y luego construiremos la sociedad cristiana”— como una tentación que también afecta a algunos sectores católicos conservadores (Buttiglione, 2025, p. 15). En cambio, propone una vía evangélica y comunitaria: “El sujeto del cambio es una fe viva que genera obras, formas de vida nuevas y más humanas para el hombre” (Buttiglione, 2025, p. 16).

Esta perspectiva conecta con el principio de subsidiariedad, que afirma: “Una sociedad de orden superior no debe interferir en la vida interna de una sociedad de orden inferior, privándola de sus competencias” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 186). Por ello, la transformación no proviene de un poder impuesto desde arriba, sino de la vitalidad comunitaria.

3. La interpretación transpolítica de la historia

Un aporte original del ensayo es la propuesta de una “interpretación transpolítica” de la historia, elaborada en diálogo con Alberto Methol Ferré y Augusto Del Noce. Buttiglione sostiene que Marx tiene razón al decir que la política está condicionada por la economía, pero se equivoca al pensar que la economía determina la cultura: “Al contrario: la economía está determinada en última instancia por la autoconciencia, es decir, por la conciencia que el hombre tiene de sí mismo. Es en la autoconciencia donde el hombre determina quién es y qué vale para él. De esta elección depende la forma de la personalidad, el sistema de pertenencias en que ésta se desarrolla y también el conjunto de valores económicos que el sujeto considera deseables, y por los que está dispuesto a trabajar” y que “el núcleo de la autoconciencia es, además, la relación con lo Incondicionado, con el objeto último del deseo: con Dios” (Buttiglione, 2025, p. 21).

Del Noce había insistido en que la modernidad no podía reducirse a un progreso inevitable, sino que debía ser entendida como el campo de tensión entre la libertad del hombre y la acción de Dios: “La historia no está sometida a la ley de la necesidad, sino a la de la posibilidad, al choque entre la libertad del hombre y la libertad de Dios” (Del Noce, 1982, p. 47). Methol Ferré, por su parte, veía en América Latina un lugar donde “la fe popular se convierte en clave de lectura de la historia de los pueblos” (Methol Ferré, 2006, p. 93).

Esto supera tanto la ideología marxista como el liberalismo individualista, y se alinea con el principio de espiritualidad de la historia, presente en la DSI y subrayado por san Juan Pablo II: “La fe cristiana no puede reducirse a una ética social o a una ideología política; es experiencia viva del encuentro con Cristo” (Centesimus Annus, n. 24).

4. El catolicismo popular latinoamericano como respuesta al nihilismo

Una sección brillante del texto es la confrontación con Nietzsche. Buttiglione reconoce que Nietzsche rechazaba un cristianismo moralista y desencarnado, pero sostiene que el catolicismo popular latinoamericano, al contrario, “es una religión de la carne, pero… de una carne redimida por el sacrificio de Cristo” (Buttiglione, 2025, p. 27).

En este sentido, afirma que la religiosidad guadalupana es “una religiosidad pos-posmoderna” que “no niega la pasión, sino que la asume íntegramente” (Buttiglione, 2025, p. 32). La devoción mariana popular, al asumir y purificar los elementos de las religiones naturales, responde de manera creativa y profundamente humana a la crítica nihilista.

Esto expresa el principio de inculturación, tan valorado por el Magisterio. Como afirmó el papa Francisco: “La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe” (Evangelii Gaudium, n. 115).

5. El acontecimiento de Guadalupe como modelo de inculturación

La figura de la Virgen de Guadalupe constituye, para Buttiglione, el modelo perfecto de inculturación de la fe: “La síntesis guadalupana es íntimamente mexicana, latinoamericana. Sin embargo, es potencialmente universal” (Buttiglione, 2025, p. 33). Aquí convergen la historia, el símbolo y la carne del pueblo. María no es solo una figura arquetípica; es una mujer histórica y real, y al mismo tiempo “arquetipo de la maternidad” (Buttiglione, 2025, p. 29).

El Compendio de la DSI afirma: “La inculturación de la fe cristiana es expresión concreta de la evangelización que toca las raíces mismas de los pueblos” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 521). Por ello, Buttiglione propone que el acontecimiento guadalupano sea modelo para la Iglesia en crisis en Europa, una Iglesia que necesita reaprender a evangelizar desde las culturas no europeas.

Conclusión

Rocco Buttiglione propone una relectura del cristianismo no como doctrina abstracta ni moralismo, sino como un acontecimiento que transforma la historia. Frente a la secularización, el nihilismo y la tentación ideológica, afirma la presencia viva de Cristo en los pueblos que se constituyen como sujetos políticos. Esta perspectiva, profundamente arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia, invita a construir desde la base, desde la comunidad, desde la carne redimida, un nuevo orden político animado por la gracia.

Como recordaba el papa Francisco, citado por Buttiglione: “La esperanza no es un optimismo superficial. La esperanza es una roca a la que nos aferramos para no ser arrastrados por las tormentas del tiempo” (Buttiglione, 2025, p. 34).

Les invito a escuchar el podcast de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema en la siguie nte liga:https://tinyurl.com/yxw4347p

Referencias
Buttiglione, R. (2025). La presencia de Cristo en la vida política: ¿Cómo vivir el misterio en la cotidianidad de la política? Puebla: Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
ISBN: 978-968-9710-05-9.
Del Noce, A. (1982). L’interpretazione transpolitica della storia contemporanea. Napoli: Guida Editori.
Daniélou, J. (1966). Mythes païens, mystère chrétien. Paris: Fayard.
ISBN: 9782213001513.
Francisco. (2013). Evangelii Gaudium: Exhortación apostólica sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Vaticano.
Juan Pablo II. (1979, 2 de junio). Homilía en la Plaza de la Victoria, Varsovia. Vaticano.
Juan Pablo II. (1991). Centesimus Annus. Vaticano.
León-Portilla, M. (2000). Tonantzin Guadalupe: Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el Nican Mopohua. México: Fondo de Cultura Económica.
ISBN: 968-16-5440-7.
Methol Ferré, A. (2006). L’America Latina del XXI secolo. Milano: Marietti Editore.
ISBN: 8821166454. 
Pío IX. (1854). Ineffabilis Deus. Definición del dogma de la Inmaculada Concepción. Vaticano.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Vaticano
Tello, R. (2011). Pueblo y cultura I. Buenos Aires: Patria Grande.
ISBN: 9789872297467.

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