En lo que pareciera un capítulo más de la Guerra Fría, el presidente Donald Trump recibió al líder ruso Vladimir Putin en Alaska el 15 de agosto, con el supuesto objetivo de discutir el fin de la guerra en Ucrania. Esta cumbre, la primera en suelo estadounidense desde la invasión rusa en 2022, ha generado una oleada de críticas internacionales por su aparente falta de resultados concretos y por el mensaje implícito de concesión a Moscú.
Expertos y aliados de Ucrania, como los del Atlantic Council, han calificado el encuentro como un fracaso, donde Trump viajó a Alaska en busca de un alto el fuego, pero Putin se marchó sin comprometerse siquiera a una pausa temporal en las hostilidades.
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La elección de Alaska como sede no es casual: este estado, que alguna vez perteneció a Rusia hasta su venta en 1867 a Estados Unidos. Pero el verdadero elemento controvertido radica en la llegada de Putin. Su avión, el Ilyushin Il-96 presidencial, aterrizó en Anchorage escoltado por una impresionante formación de aviones militares estadounidenses, incluyendo bombarderos B-2 Spirit y cazas F-35 y F-22 Raptor.
Estos mismos jets, que habitualmente interceptan incursiones rusas en el espacio aéreo cerca de Alaska, fueron desplegados no como una amenaza, sino como una "escolta de honor". Este despliegue, descrito por fuentes como un "show de fuerza simbólico".
Críticos argumentan que esta reunión debilita la posición de Ucrania. Trump, adoptando las preferencias de Putin para una "paz" que implica cesiones territoriales, ha instado a Ucrania a ceder tierras para evitar mayores pérdidas. Zelensky ha rechazado tajantemente estos términos, afirmando que la Constitución ucraniana prohíbe negociar con territorio soberano.
Sin embargo, la cumbre ha dado a Putin más tiempo para desgastar a Ucrania, como señala CNN, prolongando el conflicto sin costo para Rusia. Europa, alarmada, planea unirse a Zelensky en Washington para presionar por garantías de seguridad, temiendo que Trump priorice sus "acuerdos" personales sobre la integridad aliada.
Esta visita podría marcar una victoria pírrica para Putin. Sin un acuerdo formal, pero con Trump insinuando el reconocimiento de "nuevos territorios" como el Donbás restante en intercambio por paz, Rusia avanza hacia la legitimación de sus conquistas. Si Ucrania cede bajo presión, Putin no solo ganaría terreno, tambien significaría una victoria para las BRICS.