El próximo 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, dedicado al bienestar emocional, psicológico y social; un equilibrio esencial para toda persona. Este día me recordó que rara vez reconocemos, ya sea en silencio o en voz alta, que las emociones también necesitan un hogar.
El pasado 12 de septiembre, mi hogar adquirió una nueva forma de latir. Ese día llegó Ash a nuestra familia, una perrita rescatada por Manuel Bachbush Antona y su Refugio para Perros AmoresPerros, y adoptada por nosotros. Para mi familia y mis dos perrhijos —también adoptados— Ash no es “una perrita más”: es una prueba viva de que la vida todavía puede sorprendernos, sin pedir permiso.
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Ash fue rescatada de la calle. Vagaba desorientada debido a una deficiencia visual, hasta que Manolo fue a encontrarla al lugar donde la habían visto, gracias a una llamada que lo alertó. Decidí adoptarla —porque el amor no tiene precio— y esa sola decisión transformó el pulso de nuestros días.
La expresión que Ash nos regala no se compra ni se mendiga: es pura alegría de vivir y una profunda gratitud. No es la obediencia forzada que algunos esperan como pago por un favor; es el reflejo de recibir, sin condiciones, una segunda oportunidad de manos amorosas que saben de dónde vienes: del rechazo y el abandono. Esa mirada —y no exagero— vale más que cualquier terapia. Es honesta, directa, libre de segundas intenciones, y proviene de un ser cuya lealtad es impecable y cuyo amor es incondicional.
En el camino para encontrar a Ash, me crucé con Manuel, un hombre que ha hecho de la compasión su oficio y de la empatía, una forma de resistencia. Porque rescatar no es un acto de caridad: es un golpe certero contra la indiferencia.
Nuestro lema, porque ahora somos parte del equipo de AmoresPerros, es bien conocido: “Adopta, no compres.” Y no es casualidad que para una persona en recuperación avanzada de una adicción se recomiende adoptar uno de estos seres maravillosos. Son compañía genuina, no exigen más que la responsabilidad de brindarles salud y bienestar, reducen la soledad, alivian la ansiedad y el estrés, fortalecen la autoestima y la motivación, y fomentan un sentido profundo de responsabilidad. Si esa es la recomendación para un caso extremo, imagina lo que puede hacer por ti. Tener una mascota no sustituye la terapia necesaria, pero cuando hablamos de salud mental, su compañía y apoyo emocional —nacidos de su naturaleza— logran, con una sola mirada: despertar la mejor parte de ti. Y esa respuesta espontánea, hecha de ternura y cuidados, es un regalo que la vida pocas veces ofrece y que muchos seres humanos no sabemos dar.
Si hoy te sientes solo, triste o sin rumbo, no intentes llenar el vacío alterando tu consciencia o comprando cosas. Adopta. No para “salvar” una vida, sino para aprender de ellos y responder como merecen. Un animal rescatado enseña lo que muchos hemos olvidado: que la vida no es acumular, sino cuidar.
La salud mental se nutre de vínculos. Y pocos sostienen mejor el alma que un ser que, sin pronunciar palabra, te acepta, te espera, te escucha y te perdona. Ash y mis otros dos perrhijos lo hacen todos los días. Ese es su regalo.
Y el mío para ustedes es esta certeza: si quieres que tu vida cambie, empieza por cambiar la de alguien que no tiene voz para pedirlo.
alefonse@hotmail.com