En alguna de sus novelas Milan Kundera se detiene en uno de los métodos que el sistema totalitario de Checoslovaquia utilizaba para someter a sus disidentes, o a los que consideraba como tales: grababa en secreto conversaciones privadas, en reuniones de amigos, detectaba frases que, sacadas de contexto, ponían en ridículo o en cuestionamiento a quien las había dicho. Luego las hacían públicas en los medios de comunicación oficiales.
Era un método muy eficaz. En reuniones de amigos o de familia solemos relajarnos y decir cosas que no diríamos en un ámbito público. Pero no es necesario llegar a eso: una frase adecuada sacada de contexto puede desacreditar o ridiculizar a quien la dijo, violentando y falsificando lo que esa persona realmente dijo y realmente piensa.
Más artículos del autor
El acoso contra Lorenzo Córdova a partir de una grabación telefónica, obtenida ilegalmente, y que ha llegado a los libros de texto, recuerda esos métodos totalitarios. Con el agravante de que el hecho no se limita a la comunicación oficial, sino que llega a la educación pública.
Un ridículo extremo, de pena ajena, si no fuera porque detrás del mismo está todo el poder del Estado.