Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Qué tengo que ver yo con una sociedad mejor?

El peligro del individualismo en la sociedad poblana, un llamado a la empatía y solidaridad

Marcos Castro Martínez

Politólogo (UNAM), maestro en Administración Pública (IAP) con diplomados en Análisis Político (IBERO) y en Economía Social (UDLAP). Funcionario en la Procuraduría Agraria y SEDESOL; director de Atención Ciudadana y regidor. Secretario General Estatal del PAN en tres ocasiones y actualmente diputado local, coordinador del Grupo Parlamentario.

Jueves, Julio 31, 2025

Estimada lectora, estimado lector, quisiera que en un ejercicio de reflexión pensemos cada cuánto hemos escuchado expresiones como: “A mí no me importa lo que le pase al de al lado”, “Tal vez anda en malos pasos y se lo buscó”, “De que lloren en su casa a que lloren en la mía”, o “...¿y si me meto y salgo embarrado? Mejor así, de lejitos”; entre otras, es más, seguro estoy que en algunas ocasiones nosotros mismos las hemos dicho o pensado.

Es así con pequeñas actitudes que podemos ver como en los últimos años la sociedad poblana ha experimentado transformaciones significativas, lo que ha generado entre otros cambios, un fenómeno preocupante: el crecimiento del individualismo como valor predominante en las y los mexicanos. Este enfoque centrado solamente en el "yo" y que minimiza el "nosotros" representa un riesgo preocupante para la cohesión social, la justicia y el bien común.

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Actitudes egoístas y cotidianas debilitan los lazos comunitarios, fortalecen la apatía frente a los problemas comunes y dificultan la construcción de soluciones compartidas. Ante esta tendencia, es urgente reivindicar la solidaridad y la empatía como pilares fundamentales de una sociedad más colaborativa, equitativa y humana.

El individualismo promovido en gran parte por un discurso de odio y polarización ha generado división y resentimiento social, enfatizando diferencias entre sectores sociales o como lamentablemente lo decimos de manera habitual, entre chairos y fifis. Se ha instalado en la mentalidad colectiva la idea de que el éxito personal es el único objetivo válido, independientemente del impacto que este tenga en los demás.

Este pensamiento se traduce en prácticas cotidianas que priorizan el beneficio propio y la indiferencia hacia el otro. En México y Puebla, esta lógica se evidencia, por ejemplo, en la corrupción tolerada por quienes "ven por sus intereses", en la evasión de responsabilidades ciudadanas, o en la falta de respuesta ante la desigualdad o la injusticia.

El peligro del individualismo no solo radica en la ética, sino también en su efecto desintegrador. Una sociedad que no cultiva un sentido de comunidad se vuelve frágil frente a problemáticas sociales, como la inseguridad, la pobreza, la violencia o la crisis ambiental. Cuando el bienestar se concibe como una meta exclusiva y no compartida, se pierde la capacidad de generar redes de apoyo, de luchar por derechos colectivos y de construir políticas públicas que beneficien al conjunto.

Por otra parte, la empatía y la solidaridad ofrecen una vía poderosa para reconstruir el tejido social. La empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender su dolor, sus luchas y sus sueños, es el primer paso para reconocer nuestras coincidencias. No podemos vivir plenamente si ignoramos las condiciones de vida de quienes nos rodean.

La solidaridad, por su parte, permite pasar de la conciencia a la acción: implica trabajar juntas y juntos, compartir responsabilidades y construir soluciones colectivas. Recordemos como el terremoto del 19 de septiembre nos hizo unirnos como sociedad, sin importar colores, afiliaciones o corrientes políticas. Experiencias como estas y movimientos sociales por la justicia son ejemplos tangibles de que otra forma de convivir es posible.

El individualismo desenfrenado constituye un serio peligro para la salud democrática, la equidad social y la convivencia pacífica en Puebla. Frente a ello, y dada la incapacidad de las autoridades en generar un ambiente tranquilo es de vital importancia promover una cultura del cuidado mutuo, de la empatía activa y de la cooperación transformadora, que pensemos si, en la responsabilidad de cuidar a nuestra familia, pero también a la familia vecina, al ciudadano, o a todo aquel que se enfrenta a un acto de discriminación o violencia.

Con pequeñas acciones lograremos cambiar nuestro entorno, pues sólo reconociéndonos como parte de un destino común podremos construir una sociedad más justa, más solidaria y verdaderamente humana, la sociedad que las y los poblanos quieren, la sociedad que merecemos.

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