Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La deshumanizadora violencia obstétrica

El caso Hospital de la Mujer de Tehuacán ha reavivado la exigencia social

Eduardo Vázquez Reyes

Filósofo, lógico y periodista de Ciencia. Egresado de la Universidad Veracruzana. Docente de UPAEP y CEUT, campus Tehuacán, en las materias de  Filosofía, Lógica y Argumentación. Amante del análisis, la discusión y el debate público en temas de política científica, tecnológica y educación. Consultor de comunicación y discurso.

Viernes, Julio 25, 2025

La exigencia social por visibilizar las diferentes violencias obstétricas que viven muchas mujeres y que ocurren diariamente en clínicas y hospitales en México se ha reavivado en el estado de Puebla en los últimos días debido al caso ocurrido en el Hospital de la Mujer y Neonatología de Tehuacán, donde una paciente lamentablemente experimentó el fallecimiento de su bebé que estaba a punto de nacer.

La historia—tal y como se ha presentado a la escena pública— es realmente triste. Según medios informativos locales, los familiares han argumentado que el personal del hospital les cerró las puertas. Envió a la paciente de regreso a su casa, pues todavía era necesario esperar un poco más. El caso trascendió desde el inicio de esta semana. No ha cesado todavía. Ha formado parte de las principales noticias de Tehuacán y de otros lugares del estado. Radio y prensa escrita le han dado la cobertura necesaria. Y no podía ser de otra manera al tratarse de un problema de salud pública, y más aún, al saber de las circunstancias que envuelven este deplorable hecho; sobre todo cuando está implicado uno de los hospitales más concurridos, más necesarios y conocidos actualmente en la región, y que su eje central es la atención a la población en general, sin distinción de ninguna clase, empezando por los que—a causa de nuestra fragmentada realidad social— no tienen más opciones para buscar una atención oportuna.

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El caso ha llevado a un debate sin resolver, dado que tenemos dos versiones diametralmente opuestas. Por una parte, la de los familiares que sostienen, como hemos dicho, lo que para ellos es un evidente acto de negligencia médica, ya que al ser negada la atención se provocó —según se ha afirmado— el cese de los signos vitales del o la bebé. En contraposición, la Secretaría de Salud salió a desmentir, o mejor dicho, a decir lo que consideran La versión. Sí, en mayúscula inicial. Para esta instancia de Gobierno, las cosas no son como se han difundido:  el personal del hospital, dice, sí actuó como debía en esas circunstancias, se siguieron los protocolos indicados y se actuó de la mejor manera posible, según el comunicado oficial.

Así las cosas, con estas dos caras de la moneda. No sabemos hasta el momento la causa objetiva de este acontecimiento. Es necesario esperar para tener más claridad en el asunto, pero no dejarlo ahí. Este caso nos hace pensar en algo que está en el fondo y que configura un problema de salud en México, uno de la mayor importancia para la reflexión y cobertura periodística: las diferentes violencias obstétricas que hoy por hoy deshumanizan e invisibilizan a las usuarias de los hospitales y clínicas.

En México, según la Encuesta sobre la Dinámica de las relaciones en los Hogares (ENDIREH), entre 2016 y 2021, el 30.9 % de las mujeres de 15 a 49 años sufrieron algún tipo de violencia obstétrica durante su labor de parto. Esto refleja la importancia y la urgencia de exigir una atención más digna, respetable y, sobre todo, empática por parte del personal. En el caso de los hospitales públicos, me temo, la necesidad se vuelve mayor, pues diferentes poblaciones acuden a estos lugares por razones que son de suyo obvias y que estaría demás enlistar en este breve espacio.

Con regularidad, las personas no reciben el trato adecuado al momento de preguntar por información acerca de sus pacientes. En tanto profesionales de la salud siempre se debe tener presente que hay algún sector social que no dispone de las herramientas teóricas para entender los detalles de alguna enfermedad, algún procedimiento. Pero mucho menos, en ciertas circunstancias, se posee la tranquilidad y la estabilidad emocional para analizar la situación clínica de un familiar, inclusive para firmar documentos que autorizan a dicho personal de salud la realización de algún tipo de intervención porque “no hay tiempo para pensarlo mucho”.

En el caso concreto de la violencia obstétrica, se ha llegado a normalizar ciertos tratos hacia las pacientes, desde prejuicios, críticas innecesarias que rayan en la supuesta moralidad que debería ser, que debería imperar en el día a día de las personas, regaños e intentos de persuasión para realizarse métodos anticonceptivos, desde el argumento de que médica y clínicamente es lo mejor. Por ejemplo, aquéllos que tienen que ver con la salud reproductiva en tanto el control de embarazos, desde el dejar de buscarlos hasta el hecho de tenerlos porque es algo fundamental para la “naturaleza” de la mujer.

De acuerdo con la definición de la Asamblea Legislativa de Venezuela en el año 2007, recuperado en el trabajo “Violencia obstétrica en México: un balance”, tiene que ver con todo intento de apropiación de las capacidades reproductivas de las mujeres. “Se entiende por violencia obstétrica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres."

Este problema definitivamente exige una presión social y mediática para reducir los tratos que no fomentan el valor a la integridad y dignidad de las personas. También implica la intervención de los llamados comités de ética de los hospitales. Son los mismos médicos los que los integran y que determinan la corrección o incorrección de ciertas prácticas en la atención a los usuarios. Por cierto, rara vez son los filósofos o eticistas especializados los que se encuentran en esos grupos que tienen ante sí un papel más que preponderante. Entonces, basándonos en que los médicos tienen una base axiológica firme y que el tema de la violencia está en el día a día en la vida de los hospitales, ¿cuál es o debería ser el posicionamiento de estos comités ante estos casos y otros tantos que están ocurriendo en nuestro país y nuestro estado? ¿Desde qué prejuicios o argumentaciones precisas se está valorando?

Si, además de ser seres racionales, tenemos un poco de empatía, no podemos mirar este tipo de casos como si fuera algo normal, algo que sucede y ya. Al contrario. Mientras hablamos o escribimos acerca de estos problemas, nos interpele. Es de esos tópicos que deben ser abordados y contados una y otra vez para que el alarido de las tintas indelebles lo hagan llegar a las distintas conciencias y empezar poco a poco—desde nuestras trincheras— a buscar un cambio social con prontitud. Y, sin lugar a dudas, será un tema para las posteriores presentaciones de esta columna Palestra y Parley.

¡Leven anclas!

eduardo.cronopios@gmail.com

 

 

 

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