Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Hasta cuándo la crisis sanitaria?

El desabasto de medicamentos vulnera a los más necesitados ante una crisis del sistema de salud

Eduardo Vázquez Reyes

Filósofo, lógico y periodista de Ciencia. Egresado de la Universidad Veracruzana. Docente de UPAEP y CEUT, campus Tehuacán, en las materias de  Filosofía, Lógica y Argumentación. Amante del análisis, la discusión y el debate público en temas de política científica, tecnológica y educación. Consultor de comunicación y discurso.

Jueves, Julio 17, 2025

Las implicaciones por el desabasto de medicamentos y dispositivos médicos—especialmente en estados como Puebla y Veracruz—han pasado de lo urgente a lo grave en las últimas semanas. Los insumos no están llegando a sus destinos, a la gente que depende de la atención pública, dejando totalmente desprotegidos y en completa vulnerabilidad— como suele ocurrir en este país— a quienes lamentablemente tienen que aguardar la ayuda gubernamental para intentar encarar sus problemas fundamentales en salud y bienestar.

Las recientes manifestaciones por parte de trabajadores de la salud en diferentes puntos de la República evidencian la crisis sanitaria por la que atraviesa el sistema de salud en México. Desde la época de la pandemia, nos quedó claro que no podemos ni debemos contar con políticas públicas deficientes. Recordemos un poco. Hace cinco años nuestro país no estaba para nada preparado para hacerle frente a una emergencia epidemiológica tan catastrófica, tan inconmensurable como la que tuvimos a nivel global, cuyas víctimas dejaron en nuestra memoria el recuerdo lánguido de la falta de una visión prospectiva.

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La realidad que este primer semestre de 2025 en términos de salud nos arroja a la vista no es la del mejor de los mundos posibles, como decía el filósofo empirista Leibniz, ni siquiera la de uno medianamente bueno: hospitales y clínicas que no cuentan con lo necesario para garantizar a la población una atención de calidad, médicos que han tenido que ir a las calles para alzar la voz y levantar las pancartas ante tan delicada situación, pacientes oncológicos y depresivos crónicos (por solo mencionar algunas afectaciones severas) que en el mejor de los casos sufren pérdidas económicas significativas al tener que buscar por su cuenta los insumos.

Pero en el peor de los escenarios (no posibles, sino reales) familias que no pueden asegurar a sus enfermos el seguir al pie de la letra los tratamientos debido a la falta de recursos; a ellos se les ha quitado su única alternativa y esperanza para librar —o anhelar hacerlo— una fuerte y eventual enfermedad que se hizo presente.

El gobierno de Claudia Sheinbaum no la tiene nada fácil. Es momento ya de corregir errores del pasado, heredados por la anterior administración federal encabezada por Andrés Manuel López Obrador o terminar de hundir el barco y hundirnos a todos con él. Y claro, si a todo este vetusto panorama, más que desalentador, le agregamos la agresiva política arancelaria de Trump, enfocada a la exportación de medicamentos, entre otras cosas, la problemática que debe resolver la científica y mandataria se robustece aún más.

Los tomadores de decisiones en la política actual de salud tienen un reto doble, de suma importancia para el bienestar del “pueblo bueno”, como ellos lo llaman a renegociar con proveedores y fabricantes (si el problema realmente está ahí) y construir o redefinir una estrategia efectiva de distribución en los hospitales de las zonas más urgentes, si es que todavía tenemos claridad en cuanto a niveles de urgencia sanitaria. Así como están las cosas, no lo sabemos. La clave estará en el rumbo que tomen los procesos de toma de decisiones y fijación de acuerdos en los próximos días y hasta semanas.

Ya hemos sido testigos de lo prometedor y anhelante— por lo menos en discurso—de la estrategia que integra el llamado “Plan México”, en el rubro relativo a salud. El panorama a futuro suena muy bien. El acuerdo financiero que se ha logrado con las farmacéuticas implicadas que invertirán en plantas, biotecnología y fabricación de medicinas nos hace pensar que estaremos preparados para no vernos en situaciones como las que el día de hoy no sabemos todavía cómo se puedan disipar. Pero sobre todo en que ahora sí estaremos preparados para una pandemia. Bueno, eso será —se dice— en un futuro no tan lejano ni distante. ¿Qué hacemos con el presente?

Esta experiencia sirve de aprendizaje, claro está. La gestión en materia de fabricación de medicamentos y dispositivos médicos necesita contemplar aliados de diferentes partes de la República que están generando propuestas científicas y tecnológicas de vanguardia. Entre otras, tal es el caso de la empresa Tecnologías Disruptivas México -Meditech, en Poza Rica Veracruz-, la misma que estuvo presente diseñando y generando caretas tecnologizadas, cinturones de sana distancia y respiradores aliento de vida y que tuvo repercusión en varios países de Sudamérica, durante el COVID-19.

Debemos mantener el dedo en el renglón. Es necesario dar seguimiento y cobertura al tema, pues de agravarse las implicaciones sociales y ciudadanas pueden ser alarmantes, como ya lo hemos señalado líneas arriba. La atención a la salud tanto física como mental merecen ser de prioridad para la agenda política y mediática, y no puede fallar. Apremia que la sociedad tenga una democratización de estos servicios fundamentales. Así que, de nuevo, miremos el presente.

¿Y cuál es nuestro presente o, como decían filósofos de la talla de José Ortega y Gasset, el tema de nuestro tiempo? Sin duda alguna, lograr el bienestar social próximo y cercano, no como slogan de partido político, sino como una realidad palpable y tangible. Tenemos un sistema de salud que, por lo menos, en este tiempo, en este presente, parece sufrir una crisis y desplomarse: medicinas que no llegan, carencia de tecnología de altura, vacunas sin aplicarse, brotes de enfermedades que parecían erradicadas hasta hace algunos ayeres, personal de salud sin seguridad laboral. ¡En fin!

¿Hacia dónde nos conduce esta circunstancia? No lo sé. Solo queda atenderla y pensarla, reflexionarla y comprometernos con ella misma. Así es, como el mismo Ortega: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

¡Leven anclas!

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