Recientemente, en la prestigiosa revista Nature se publicó un artículo donde se muestran los hallazgos de toda la secuencia de las letras del código genético de los restos de un egipcio de la Vieja Dinastía de hace 4, 500 años de antigüedad, y que corresponden a las primeras civilizaciones con una estructura social compleja.
Los restos se encontraron dentro de un ánfora de arcilla perfectamente sellada, proveniente de la región de Nu Wayrat, a 265 Km al sur del Cairo, la capital de Egipto.
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A los restos les realizaron un análisis del genoma y se obtuvo como resultado relevante que al comparar el ácido desoxirribonucleico (ADN) con bancos de información de los ancestros humanos, los autores pudieron mostrar que este ADN tiene una alta homología con los actuales habitantes del norte de África, pero también existe con el material genético de habitantes del parte este del Medio Oriente.
Esta zona es muy importante y ha sido denominada como el Creciente Fértil en la región de los ríos Tigris y Éufrates y su superficie es de unos 500, 000 Km². Se extiende desde el Valle del Nilo y la orilla oriental del Mediterráneo hasta el norte del desierto de Siria, y desde el norte de Arabia, toda la Mesopotamia, hasta el Golfo Pérsico.
Estos territorios pertenecen a los actuales países de Israel, Palestina y Líbano, así como de partes de Siria, Irak, Kuwait, el sudeste de Turquía y el sudoeste de Irán.
Esta es una muestra contundente de que los primeros humanos del género Homo Sapiens provienen de África y del Medio Oriente y en la diáspora humana al resto del mundo.
Esto quiere decir que es altamente probable que todos los humanos actuales seamos afrodescendientes y asiáticodescendientes. Las diferencias son sutiles y se debería evitar hablar de razas u orígenes que solo dividen a las poblaciones del siglo XXI.