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OPINIÓN

Homero, educador de la humanidad

Con él, la poesía se tornó una acción educadora y una conversión espiritual, más filosófica

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Miércoles, Julio 9, 2025

Homero (s. VIII a. C.), con su planteamiento de la armonía perfecta entre la naturaleza y la vida humana, hizo de la épica la historia del acaecer divino/humano en el mundo. Con ello hizo de la poesía una imagen de la existencia —bajo un ideal determinado, algo universal— y una expresión artística con un significado permanente y una fuerza emocional para mover, algo particular. Con él, la poesía se tornó una acción educadora y una conversión espiritual, más filosófica que la vida real y más vital que el conocimiento filosófico (1).

En Grecia (la Hélade) germinaron la poesía (literatura y artes), la historia, la filosofía y, coronando el circuito de la formación humana, la política, disciplinas todas que conocemos en el mundo occidental. La polis tenía, precisamente la tarea de realizar la paideia, la formación humana de los ciudadanos. Para haber llegado a ese horizonte hay que tomar en cuenta el papel educador de los poetas. Gracias a la poesía fue posible formular el ideal de la convivencia civil, incluso pese a Platón.

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No está de más mencionar algo de la geografía griega. La Grecia continental estaba formada por Ática —y su capital Atenas—, Beocia, Etolia, Tesalia y Epiro; la península del Peloponeso —y su capital Esparta— formaba también este conjunto. La Grecia insular estaba conformada por Corcyra, Ítaca, Cefalonia, Zacinto, Citera, las Cícladas, las Espóradas, Chíos, Lesbos, etcétera. La Grecia asiática (Asia menor) —el litoral del Egeo— contenía a Eolia, Jonia y Dóride. Sicilia y el sur de Italia, eran la Magna Grecia.

Los jonios invadieron a la Grecia continental hacia el 3,000 a. C., formando la región ática. Hacia el 2,000 a. C. lo hicieron los aqueos; éstos fundaron Corinto y Micenas en el Peloponeso. Una invasión más fue la de los dorios, hacia 1,200 a. C., quienes conformaron el núcleo principal del Peloponeso y sentaron las bases para la fundación de Esparta hacia el siglo IX a. C. En general, Grecia estaba formada por pequeñas ciudades-estados en constante conflicto. Atenas y Esparta eran rivales encendidos.

Los griegos hablaban diversos dialectos. Homero y Hesíodo escribieron en jónico, que se hablaba en Eubea, las islas Cícladas y en la Grecia asiática —Esmirna, Éfeso y Mileto hablaban en esta lengua—. El eólico se hablaba en Tesalia, Beocia, la isla Lesbos y el norte del Asia Menor; Safo y Alceo escribieron en eólico. El dórico se hablaba en el Peloponeso, las islas de Creta y Rodas y en la costa sur del Asia Menor. Píndaro escribió en esta lengua. El ático se hablaba en Atenas y ciudades circunvecinas. Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Tucídides, Jenofonte, Platón y Demóstenes escribieron en este dialecto (2).

Con Filipo de Macedonia se unificó la Hélade y el dialecto de Ática —con variaciones debidas al contacto con otros dialectos— se propagó como lengua común (é koiné dialectós). En esta lengua escribieron Aristóteles, Polibio y Plutarco. También fue el dialecto que sirvió de base al griego bíblico. En el largo periodo bizantino (330-1453) en que la antigua Bizancio se convirtió en Constantinopla (Konstantinoúpolis) la mezcla de latín y griego y otras lenguas fueron conformando el griego actual.

Volvamos a nuestro poeta. La épica de Homero es el origen de toda educación superior en Grecia. El acaecer divino/humano está formulado en La Ilíada y La Odisea. En la primera se consigna el pathos helénico (que finalmente es de toda la humanidad), donde prevalecen las pasiones humanas: los dioses mismos son arrebatados por ellas. En la segunda, se impone el orden divino, la armonía perfecta del cosmos realizada por los dioses es el ideal para la vida humana; se consigna el ethos griego (3).

La poesía expresa el pensamiento mítico y sus paradigmas para la vida humana. La forma de pensar —el criterio—, los ideales y las normas cumplen la función de aconsejar, advertir, amonestar, exhortar, prohibir y/u ordenar. La épica homérica aspira al mundo ideal (4). La gloria y la fama, para la vida concreta práctica, son los grandes ideales educativos, pero cuyo anclaje se da en el ejemplo de los dioses y los héroes. Aquiles es el ejemplo de que se debería preferir una vida heroica, aunque sea breve, a una vida larga sin pena ni gloria. Homero creó una fuerza vital durante más de mil años.

“La poesía arraigada en el suelo —y no hay ninguna verdadera poesía que no lo esté— sólo se eleva a una validez universal en cuanto alcanza el más alto grado de universalidad humana. El hecho de que Homero, el primero que entra en la historia de la poesía griega, se haya convertido en el maestro de la humanidad entera, demuestra la capacidad única del pueblo griego para llegar al conocimiento y a la formulación de aquello que a todos nos une y a todos nos mueve.” (5).

Esa nobleza, esa altura de forma y fondo, esa fuerza vital alcanzadas por Homero —dice Jaeger— la alcanzaron Dante, Shakespeare y Goethe (6). Yo añadiría que también lo ha hecho Cervantes y, en nuestro tiempo, otros grandes poetas —novelistas, ensayistas, escritores, poetas mismos, artistas—, como Vargas Llosa, Octavio Paz, García Márquez, Camus y otros. Me gustaría mencionar a algún político —en sentido estricto también podría hacer poesía usando el lenguaje traducido a la acción (7)—, pero no veo la talla. No hay ese hombre o mujer que sea capaz de producir un significado para la vida colectiva, relacional, comunitaria.

De hecho, en México, nos falta una imagen de la existencia humana, un ideal determinado, y una expresión artística con significado permanente que nos dé una fuerza emocional para movernos y conmovernos. En vez de poetas y pensadores, proliferan propagandistas del oficialismo, huecos, hueros de imaginación y de ideas. Adoradores del poder que, en vez de hacer crítica, hacen publicidad. Pero la sociedad y sus diversos segmentos (una pluralidad), como en la Grecia antigua, necesitan vínculos significativos, afectivos, de convivencia para reconstruir su humus, sin violencia y sin polarización. México, Querétaro, Puebla y tantos lugares lo necesitan.

Notas
1. Werner Jaeger, Paideia: los ideales de la cultura griega, Fondo de Cultura Económica, México 2006, p. 49.
2. Luis Penagos, Gramática griega, Sal terrae, Santander 1972, pp. 3-4.
3. Jaeger, op. cit., pp. 60-66.
4. Ib., p. 53.
5. Ib., p. 51.
6. Ídem.
7. Octavio Paz, El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, México 2008, p. 21 y 29ss.

 

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