De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), hay tres trampas del desarrollo que enfrenta la región: la baja capacidad de crecer, la baja capacidad institucional y la gobernanza poco efectiva, así como la alta desigualdad y la escasa movilidad y cohesión social (1). Las tres están interrelacionadas y se refuerzan mutuamente, formando un ciclo vicioso que impide avanzar hacia un crecimiento sostenido y más equitativo.
Bajo ese paraguas de “trampas del desarrollo”, las Naciones Unidas han puesto principal énfasis en un problema clave que obstaculiza el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a tan sólo cinco años del 2030: el financiamiento, particularmente en infraestructura (2). La inversión en infraestructura es un eje estratégico de las políticas públicas y uno de los más debatidos, ya que suele estar atravesado por sospechas de corrupción y grandes disputas sobre qué construir y con qué propósito.
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La buena noticia es que no deberíamos estar reinventando el hilo negro. Si el objetivo de nuestros gobiernos es promover un desarrollo más equitativo y ambientalmente sostenible, ya existe un consenso global sobre hacia dónde dirigirnos.
Dos ejes requieren atención urgente: el impacto del cambio climático y la desigual distribución del trabajo de cuidados. Ambos son factores que profundizan las desigualdades, ya que afectan de forma interseccional a los grupos más vulnerables: entre mayor sea la vulnerabilidad, mayor es el impacto.
Las narrativas tradicionales tienden a individualizar las respuestas al cambio climático —ajustes en la vivienda o hábitos de consumo— y a cargar a las familias, y en particular a las mujeres, con las responsabilidades del cuidado.
Estos discursos nublan la perspectiva colectiva, invisibilizan cómo estas dinámicas están atravesadas por desigualdades estructurales y, sobre todo, excusan a los gobiernos de su responsabilidad de atenderlos como problemas públicos. Es necesario cambiar el enfoque y poner la atención en cómo los gobiernos, especialmente desde lo local, pueden financiar infraestructura que facilite la adaptación climática y la redistribución del cuidado.
La política social no puede reducirse únicamente a transferencias monetarias o pensiones. Debe articularse con políticas de desarrollo productivo y planeación urbana diseñadas con una mirada de largo plazo. Existen buenas prácticas en la región sobre cómo las ciudades están respondiendo a estos desafíos, reduciendo desigualdades y fomentando el crecimiento económico con instituciones más sólidas, transparentes y orientadas al bienestar social.
Un caso ejemplar es el de las Manzanas del Cuidado en Bogotá: espacios urbanos rehabilitados que concentran servicios gratuitos y de calidad para personas cuidadoras. Allí pueden realizar trámites, acceder a asistencia legal, bienestar, capacitación laboral y apoyo al emprendimiento, mientras reciben servicio gratuito de guardería o cuidado de personas mayores (3).
En cuanto al cambio climático, la mayoría de los países han priorizado planes de mitigación para reducir emisiones. Sin embargo, los efectos ya están aquí, y urge invertir en adaptación. Chile es un ejemplo con su Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático en el sector de infraestructura, impulsado desde el Ministerio de Obras Públicas en coordinación con otras dependencias como agricultura, salud y desarrollo urbano (4).
Lo ideal sería que desde el nivel nacional —a través del Plan Nacional de Desarrollo y el Presupuesto de Egresos de la Federación— se prioricen y financien estas inversiones. Pero también hay espacio desde lo local para actuar con urgencia.
No podemos seguir esperando a que los gobiernos federales lideren. Podemos comenzar desde nuestras ciudades, identificando necesidades concretas para exigir a autoridades municipales y estatales que financien el desarrollo. ¿Cómo? Invirtiendo en infraestructura para la adaptación climática y en espacios que garanticen servicios de cuidado gratuitos, universales y de calidad.
Referencias
(1) CEPAL. 2025. América Latina y el Caribe ante las Trampas del Desarrollo. Transformaciones indispensables y cómo gestionarlas.
(2) ONU. 2025. Financiación para el Desarrollo Sostenible.
(3). Alcaldía Mayor de Bogotá. (2025). Manzanas del Cuidado. ¿Qué son?.
(4) Ministerio del Medio Ambiente. (2025). Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Gobierno de Chile.