Más que a los personajes de Orwell de 1984
o a los de Kafka nos parecemos a los de Esperando a Godot
de Samuel Beckett, que mientras repiten el mismo ritual
con un lenguaje muy pobre, esperan algo —Godot en su
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nebulosidad es sólo algo— que nunca
llega ni llegará
Javier Sicilia
Desde hace mucho he señalado, una y otra vez, el peligro de calificar de “totalitario” al proyecto gubernamental de la 4T, ni acaso a Morena, pese a las rémoras stalinistas que sobreviven en uno y otro. Razones:
1. En términos estrictamente descriptivos, el proyecto gubernamental de la 4T y Morena están muy lejos de la homogeneidad que prácticamente existe en todo régimen totalitario, o dictatorial y, por tanto, de la cadena de mando vertical y burocrática que exigen esos regímenes, aun suponiendo que las instituciones sean como mónadas. Sabemos que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene el poder, pero no el control ni del gobierno ni del país. Morena, por su parte, es un curioso engendro híbrido cuya lógica responde al tribalismo y no a la pluralidad
2. En todo Estado totalitario es el propio Estado el presunto detentador de la “soberanía”, en tanto que en México -y esta es posiblemente la principal causa de su crisis- el Estado, por fatalidad o corrupción, ha tenido que ceder parte de su soberanía a distintos grupos fácticos de poder.
3. No olvidemos que el principal rasgo de todo régimen totalitario, y fascista, es la imposición - y reconocimiento - del terror como forma de control social. Como tal, no son las Fuerzas Armadas las que, sistemáticamente y de modo generalizado, han implantado el terror en el país; la reciente integración de la Guardia Nacional al Ejército, o la invasión de estas últimas en tareas propias de la sociedad civil, son indicio del poder militar en el país, pero nada más. Tampoco es un rasgo totalitario, aunque personalmente me preocupe, la posibilidad de que elementos militares ocupen puestos de elección popular.
4. Pese a la desconfianza que le genera la prensa crítica a la 4T, todavía no somos testigos de la desaparición de ningún medio de comunicación; las “leyes mordaza” que han aparecido en el país, y la ley de telecomunicaciones, no son suficientes para inscribirlas en un régimen totalitario. Ni siquiera la posibilidad de invadir la esfera privada de los ciudadanos -como lo plantea la ley de telecomunicaciones- es suficiente para alcanzar ese calificativo ni tampoco la posibilidad de suspender las concesiones a medios de comunicación.
5. La adecuación del Poder Judicial y las reformas a la Constitución están muy lejos de Nuremberg, Wanse o la Constitución de Pinochet.
6. Mucho menos, podemos extrapolar 1984 de Orwell, a la realidad nacional, como lo ha hecho recientemente Enrique Krauze; no vivimos ya en un mundo donde se persiga la verdad como ocurre en la obra de Orwell, ni siquiera, en un mundo donde la ideología oculta la realidad humana, porque la consistencia de la verdad y la realidad se han esfumado en el fantasmal mundo de la era digital y la posverdad. Incluso, la propia idea de sujeto en cualquiera de sus dimensiones se ha hecho añicos como categoría analítica; categoría, por demás, que sostiene otra no menos importante: la de enajenación, pilar de una parte relevante del pensamiento del siglo XIX y XX.
7. Es indiscutible que el Estado mexicano camina, día con día, hacia un perfil cada vez más autoritario y antidemocrático, pero, como lo señaló H. Arendt, nuestra obligación es distinguir la singularidad de los fenómenos, y ello no implica que nos encaminemos hacia el mundo totalitario. Repito: el lento avance de la vida democrática en México se ha visto detenido y hasta lastimado por los gobiernos de la 4T, pero aún falta mucho para convertirnos en una sociedad totalitaria o fascista.
8. No toco aquí el problema de la sobrerrepresentación en el Congreso y los efectos que pueda tener el achicamiento de las cámaras, en especial, la representación proporcional, si es que hoy día el desmantelamiento de los partidos los condena a su desaparición o a ser meros parásitos; parte de la crisis democrática que vivimos la tienen esos institutos políticos, tanto por la lógica patrimonial que ha imperado en ellos , como por ser incapaces de construir un proyecto alternativo y confiable al de la 4T.
9. Lo que ocurre en la sociedad mexicana en su conjunto requiere de un análisis detallado.
10. Como lo hablamos hace un par de días Roberto Borja y yo, la cuestión con el abuso de ciertas categorías no solo tiene como consecuencia la confusión teórica sino, su sobreideologización, además de ser fácilmente descartables en un debate que requiere, antes que nada, de precisión.