La persistencia del hambre y la malnutrición en el mundo constituye uno de los mayores desafíos éticos y sociales de nuestro tiempo, pues pone en evidencia la fractura entre el progreso técnico y la justicia social. Según el papa León XIV, “la seguridad alimentaria mundial no deja de deteriorarse, lo que vuelve cada vez más improbable la consecución del objetivo de ‘Hambre cero’ de la Agenda 2030” (León XIV, Mensaje a los participantes en el XLIV período de sesiones de la Conferencia de la FAO. 30 junio 2025, p. 1). Este diagnóstico revela la urgencia de un cambio profundo en nuestras prioridades políticas y económicas.
La Doctrina Social de la Iglesia enseña que “la alimentación suficiente y saludable es un derecho primordial e irrenunciable de toda persona” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 301), afirmando que la producción y el acceso a los alimentos no deben depender exclusivamente del mercado, sino que deben organizarse en función del bien común. Este principio conecta con la advertencia del papa Francisco: “El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable” (Francisco, 2021, Discurso en la Jornada Mundial de la Alimentación).
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Asimismo, el Concilio Vaticano II subraya que “las necesidades más elementales de la persona humana reclaman ser satisfechas, y su no satisfacción constituye una injusticia que clama al cielo” (Gaudium et spes, 1965, n. 69), estableciendo un vínculo directo entre el respeto a la dignidad humana y el deber moral de garantizar la alimentación a todos. De este modo, el hambre no es solo un problema técnico, sino un escándalo moral que exige respuestas éticas.
León XIV en su mensaje a la FAO nos recuerda que “aunque la tierra es capaz de producir alimentos suficientes para todos los seres humanos, tantos pobres del mundo siguen careciendo del pan nuestro de cada día” (León XIV, 2025, p. 2), evidenciando la contradicción intolerable entre la abundancia de recursos y la persistencia de la pobreza extrema. Esta paradoja interpela a gobiernos, instituciones y ciudadanos a actuar con responsabilidad y solidaridad.
El mandato evangélico de compartir
En los Evangelios, el milagro de la multiplicación de los panes es un signo revelador de la voluntad de Dios de que los bienes de la creación sean compartidos y no acumulados. El papa León XIV retoma esta enseñanza al afirmar que “el verdadero milagro realizado por Cristo consistió en poner de manifiesto que la clave para derrotar el hambre estriba más en el compartir que en el acumular codiciosamente” (León XIV, 2025, p. 1). Este principio se encuentra en el corazón del destino universal de los bienes, que según Gaudium et spes enseña que “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa” (GS, 1965, n. 69).
Francisco refuerza esta idea al advertir: “No compartir con los pobres lo que poseemos es robarles y quitarles la vida” (Francisco, 2013, Evangelii Gaudium, n. 57), planteando un fuerte imperativo moral contra el egoísmo económico que perpetúa el hambre. La Doctrina Social de la Iglesia enseña que el desarrollo no puede medirse solo por indicadores económicos, sino por la capacidad de las sociedades de garantizar el sustento y el respeto de la dignidad de cada persona (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 373).
Hambre como arma: denuncia de la violencia estructural
La utilización del hambre como estrategia de dominación y violencia es uno de los mayores escándalos actuales. León XIV denuncia con claridad que “matar de hambre a la población es una forma muy barata de hacer la guerra” (León XIV, 2025, p. 2), advirtiendo sobre la instrumentalización del hambre en conflictos que buscan someter poblaciones enteras. Esta afirmación conecta con la enseñanza de Juan Pablo II, quien alertó que “la violencia, cualquiera que sea la forma que asuma, es siempre una derrota para la humanidad” (Sollicitudo Rei Socialis, 1987, n. 10).
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia destaca que “el hambre no es inevitable: es la consecuencia de políticas injustas y estructuras que niegan el derecho a una alimentación suficiente” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 301). Así, la Iglesia denuncia como violencia estructural toda acción u omisión que prive a pueblos enteros de los bienes básicos para la vida.
De los eslóganes a los hechos
León XIV reclama el paso urgente de los discursos vacíos a la acción transformadora: “Postergar una solución a este lacerante panorama no ayudará; al contrario, las angustias y penurias seguirán acumulándose” (León XIV, 2025, p. 2). Este llamado es eco de la advertencia del Papa Francisco, quien afirma que “las palabras sin acciones son pura ilusión” (Francisco, 2015, Laudato Si’, n. 185), exhortando a superar la indiferencia y la retórica.
Para la DSI, la solidaridad verdadera implica “no solo sentimientos vagos de compasión, sino la firme y perseverante determinación de empeñarse por el bien común” (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 1987, n. 38). En este sentido, el compromiso político y social para erradicar el hambre debe estar centrado en medidas concretas que aseguren el acceso a alimentos nutritivos para todos, como derecho fundamental.
Hambre y ecología integral
La relación entre los sistemas alimentarios y el cambio climático es un desafío esencial para el futuro de la humanidad. León XIV afirma que “los sistemas alimentarios tienen una gran influencia en el cambio climático, y viceversa” (León XIV, 2025, p. 3), planteando la necesidad de repensar los modelos de producción agrícola desde una perspectiva de sostenibilidad.
Francisco enseña que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental” (Laudato Si’, 2015, n. 139), por lo que la lucha contra el hambre no puede desligarse del cuidado de la casa común. El Compendio de la DSI destaca que el respeto por la creación es esencial para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo y para proteger especialmente a los pobres, quienes son los más vulnerables a la degradación ambiental (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 466).
Construir paz y fraternidad
La superación del hambre exige construir un orden social fundado en la paz y la fraternidad universal. León XIV denuncia que “se desvían recursos financieros y tecnologías innovadoras en aras de la erradicación de la pobreza y el hambre en el mundo para dedicarlos a la fabricación y el comercio de armas” (León XIV, 2025, p. 3), lo que agudiza las injusticias y profundiza los conflictos.
La DSI enseña que “la paz es obra de la justicia” (Populorum Progressio, 1967, n. 76) y que sin relaciones internacionales basadas en la solidaridad y el respeto mutuo no es posible erradicar el hambre ni promover el desarrollo integral. El papa Francisco, por su parte, subraya que la fraternidad es “la verdadera vía para la paz” (Francisco, 2020, Fratelli Tutti, n. 285), haciendo un llamado a la comunidad internacional para abandonar la lógica de la confrontación y abrazar la cooperación para el bien común.
Conclusión
El mensaje del papa León XIV ofrece una lectura profética y profundamente evangélica de la tragedia del hambre, iluminada por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Al denunciar las causas estructurales de la inseguridad alimentaria, León XIV afirma que “nunca antes ha sido tan inaplazable como ahora que nos convirtamos en artesanos de la paz trabajando… por lo que favorece a todos y no solamente a unos pocos” (León XIV, 2025, p. 3), insistiendo en la necesidad de un compromiso real y eficaz que ponga en el centro la dignidad de cada persona.
Este llamado resuena con la enseñanza de Francisco, quien sostiene que “la política, tan denigrada, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” (Fratelli Tutti, 2020, n. 180), exhortando a la comunidad internacional a superar los intereses particulares y trabajar por un orden económico y social justo.
La Doctrina Social de la Iglesia recuerda que “la opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en acciones concretas” (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004, n. 182), pues la mera indignación moral no cambia la realidad si no va acompañada de políticas públicas, programas y estructuras que garanticen el acceso universal a la alimentación.
Finalmente, como afirma Gaudium et spes: “La alegría y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son también la alegría y la esperanza, la tristeza y la angustia de los discípulos de Cristo” (GS, 1965, n. 1). En este sentido, la erradicación del hambre no es solo un objetivo técnico ni un compromiso opcional, sino un deber ético que define la autenticidad de nuestra fe y humanidad.
Antes de despedirme, les invito a escuchar el podcast de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema: https://tinyurl.com/9wnbbpv5
Referencias
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et spes. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2013). Evangelii Gaudium. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2015). Laudato Si’. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2020). Fratelli Tutti. Libreria Editrice Vaticana.
Juan Pablo II. (1987). Sollicitudo Rei Socialis. Libreria Editrice Vaticana.
León XIV. (2025). Mensaje a los participantes en el XLIV período de sesiones de la Conferencia de la FAO. Vaticano.
Pablo VI. (1967). Populorum Progressio. Libreria Editrice Vaticana.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.