Un problema de salud global es la obesidad que afecta por igual a niños, jóvenes y adultos, a hombres y mujeres en todas partes de la Tierra. Esta epidemia ocasiona enfermedades del corazón, del riñón, disfunción eréctil e incluso se ha asociado a varios tipos de cáncer.
Sin duda el problema está asociado a la ingesta de alimentos ultraprocesados que tienen un alto contenido calórico y están disponibles en cualquier tienda de conveniencia, supermercados y hasta en farmacias.
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En México se ha empleado la política de sellos que indican exceso de calorías, excesos de azúcares o de grasas, los cuales son una guía adecuada para la toma de decisión de qué comer.
La manera tradicional de controlar esta enfermedad es una dieta con un bajo contenido calórico, esto es la energía total que contiene los alimentos, y el otro componente es la de hacer ejercicio treinta minutos al día. Pero estas dos maniobras requieren de esfuerzo para mantenerse a largo plazo, usualmente años.
Considerando esta dificultad se han buscado opciones de tratamiento para la obesidad mediante el uso de medicamentos. De esta forma, varias compañías farmacéuticas han desarrollado varias drogas que actúan en el denominado péptido similar a glucagón tipo 1 para disminuir el apetito.
Estos nuevos fármacos como la semaglutida, la liraglutida o el mounjaro han mostrado que son muy efectivos para disminuir el peso en pacientes con o sin diabetes tipo 2, también denominada diabetes mellitus.
Estos medicamentos ayudan a bajar de peso, pero siempre bajo la supervisión de un médico para evitar complicaciones. No olvidemos que hasta ahora una dieta balanceada y ejercicio es la mejor estrategia para tener un peso adecuado.
Así que vamos a activarnos y evitar los alimentos ultraprocesados.