Tengo la sospecha que el Congreso del Estado, en específico el grupo de diputados del partido Morena, con sus polémicas iniciativas de ley, más que congraciarse con el Ejecutivo (no es el bienestar de la población lo que lo mueve), lo perjudican. Y nublan el de por sí impredecible panorama de mediano plazo. Más que abrir puertas nacionales, las cierran con el recelo que provocan, y causan una innecesaria estigmatización, difícil de borrar.
Aunque Ejecutivo y Legislativo sean entes separados, los errores del segundo se hacen recaer en el primero, sobre un malentendido histórico, de que los diputados son empleados del gobernador. Sea como sea, hacia la caída de la tarde, en momentos de crisis, el balance de corte de caja, en términos de opinión pública nacional, a juzgar por las planas y noticieros nacionales, no es favorable.
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Hace tiempo siendo gobernador, Melquiades Morales, fue abordado por un grupo de señoras campesinas que se quejaron de los abusos de su diputado.
No ayuda al progreso de la entidad, ni a la concordia, ni a la gobernabilidad, ni a la buena fama, legislar a hurtadillas. Con discursos mal hilvanados, actitudes displicentes contra la opinión pública especializada, y en consecuencia poco creíbles en sus promesas, para no decir que nada creíbles. Súmense esos arrebatos de complacencia que ponen en duda la división de poderes (y fortalecen la percepción de subordinación mentada arriba), en una entidad federativa que goza de principios republicanos desde poco antes de la fundación del Estado nacional mexicano.
En 1812, por ejemplo, Puebla envió diputados a las Cortes, en Cádiz, con el fin de limitar los poderes absolutos del Rey, y abrir el régimen a la voluntad de la gente, mediante la fórmula de monarquía constitucional. Desde entonces, con sus caídas y recaídas y sus mártires (Belisario Domínguez), los derechos de opinar y decir son libres, y los protege la legislación.
Al final, todo lleva a pensar que uno de los poderes, el Legislativo y su asamblea plural de diputados (suponiendo que lo es, y que sus voces distritales y partidistas se expresan en sus diferencias en el recinto), abdica de lo que juró cumplir y hacer cumplir. El dato duro es que la opinión pública nacional es desfavorable a Puebla de manera reiterativa. El debate razonado y fundado no está en el recinto camaral, sino afuera. Entre los que temen ser silenciados con la nueva legislación.
“¿Cuál censura?, cuando escribes y publicas lo que quieres”, suelen responder. Es una simplificación del problema, el cual es mucho más complejo y con muchas aristas.
Al respecto doy un ejemplo muy sucinto. En efecto, hasta ahora yo puedo publicar todo lo que quiero, pero tengo prohibido el ingreso al ayuntamiento de la ciudad de Puebla, porque osé escribir sobre mi experiencia durante la última visita que hice, y porque en el concepto de sus gobernantes, ese espacio público es de su propiedad, y como tal ellos se reservan el derecho de determinar quién ingresa y quién no. El mío es un ejemplo concreto de cómo se coarta la libertad de expresión.
Las señoras y señores diputados deberían conocer de sus publicistas el viejo apotegma que enseña que en política cuenta lo que se cree, no lo que es. En el lance de la aprobación de la llamada ley censura. El Congreso y sus diputados, por arrogancia o ignorancia, cometieron dos omisiones graves, que ahora son conminados a reparar por el Ejecutivo. No consultaron a los supremos mandantes, los que con su voto hacen gobierno; y segundo, y ante la falta del primero, persuadir a la población de “las bondades” positivos de la nueva legislación. Pero, sumisos o vanidosos con quienes los eligieron, no ejecutaron ni lo uno ni lo otro.
Las declaraciones de justificación de los voceros diputados que han salido a los medios en defensa de su legislación (muy pocos, hay que decirlo), evidencian carencia de recursos intelectuales de persuasión y de confianza. Indispensables en un caso tan sensible, como el suyo, pues le metieron mano a la libertad de expresión con la peregrina promesa de mejorar los derechos y la protección de la información de las personas, sin tener los asideros técnicos del cómo, que haga creíble la promesa.
En general, ante la zozobra, como ocurre con toda la clase política, emerge la sospecha de que tras los pliegues de la apresurada ordenanza, se ocultan intereses que atacan o vulneran los derechos fundamentales de las personas, en lo individual y colectivo. Esto ha sido bien explicado por especialistas en técnica legislativa. Y lleva a pensar a los que le saben al tema que se trata de una venganza contra tuiteros que han publicado información que corre a raudales por los circuitos del clamor popular.
Tampoco se puede constreñir todo a Puebla, pareciera que el affaire poblano es parte de un patrón nacional que avanza con lentitud sobre las entidades para, desde la periferia, retornar al centro. Pero justo para esos casos en el que hay un socavamiento hormiga de los derechos, está el contrapeso del Legislativo. Pero los diputados nunca han sido contrapeso porque los incentivos no están en la población que los vota, sino en quien los elige para el cargo, y a quien se deben y obedecen.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, (esto es, hace 236 años) en el Artículo 11, establece que: Nadie debe ser incomodado por sus opiniones; La libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más valiosos del Hombre; cualquier Ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.
Y cuando México todavía no era México, quiero decir, cuando seguía siendo integrante del Imperio español, en la Constitución de Cádiz, el primer ordenamiento con derechos civiles y políticos, aunque limitados, la libertad de expresión ya era una garantía vigente, en su Artículo 371, establece que: Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes ¿Quiénes eran todos los españoles? Los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas y los hijos de éstos.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), elaborada con representantes de todas las partes del mundo, indica en uno de su articulado que Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Por supuesto que nadie pone en duda la urgencia de medidas severas que protejan a personas víctimas de las acechanzas de la red, en especial la población vulnerable, que es la mayoría. Con la salvedad de que el diseño de esas nuevas medidas legislativas no tiene por qué implicar la conculcación de derechos fundamentales históricos.
Chayo News
Que el gobierno del Estado haya retomado el control de su patrimonio cultural edificado, en su mayoría colonial, mediante un acuerdo comercial con los acreedores de la edificación de ese local al que la grandilocuencia suntuosa de entonces le impuso el nombre de Museo Internacional del Barroco (que de museo solo tiene el nombre) es digno de reconocimiento al actual gobernador Alejandro Armenta y a sus autoridades culturales, que supongo autoras de la hazaña, o por lo menos parte.
La importancia no sólo es por el dinero que se deja de pagar, sino porque se recupera la rectoría sobre los bienes culturales que, a la fuerza, fueron desmontados de sus antiguos sitios para llenar paredes vacías, de un sitio cuya propiedad era ambigua. El manejo de esas piezas se hizo sin los protocolos técnicos.
El siguiente paso, me parece, es que las burocracias culturales aprendan del Museo Amparo y le cambien la vocación al local por algo que realmente atraiga visitantes, si el objetivo es aprovechar el arte para atraer turismo de dinero, y no mochileros. Para eso hay que ofrecer bienes artísticos de alta calidad internacional.
El Barroco, como corriente, representa una de las etapas de mayor sometimiento del individuo, y por lo tanto de mayor rezago cultural y social; me atrevo a decir que es el causante de todas las taras que tenemos como país al grado que, a más de dos siglos de Independencia, no acabamos de encontrar nuestro destino, en un ambiente de concordia y unidad. Todo ese legado edificado que tiene su valor importante, se debe dejar en custodia al INAH y sus museos, y el Estado centrarse en cosas acordes con las grandes tendencias de las principales metrópolis.
Todos sabemos que el MIB fue parte de la estrategia para ganar el favor de los poderosos hombres de negocios para llegar a la presidencia de la República. Topado con López Obrador, Moreno Valle habría terminado como los Yunes, de quien por cierto fue gran compinche, a través de la profesora Gordillo.