Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Fuerzas ficticias

Un gobierno con legitimidad en su origen y en sus resultados puede gobernar con fuerzas reales

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Junio 16, 2025

En su fascinante libro sobre Borges, Ricardo Piglia cita una curiosa frase de Paul Valéry: “No se puede gobernar con la pura coerción, hacen falta fuerzas ficticias”.

Es lo mismo que le dijo Talleyrand a Napoleón: las bayonetas sirven para muchas cosas, pero no para sentarse en ellas. Pero Valéry complementa la frase con profundidad e ironía. Le da alcance poético y desafía nuestras reflexiones: ¿viven todos los regímenes políticos con el apoyo de fuerzas ficticias?

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No necesariamente. Un gobierno con legitimidad en su origen y en sus resultados puede gobernar con fuerzas reales, objetivas. ¿En qué situación se encuentra la reciente elección del Poder Judicial en México?

Por supuesto que las opiniones se dividen. La clase política en el poder la considera como excepcionalmente legítima, pues fue una elección popular. Los críticos argumentamos que quienes integran el Poder Judicial no deben ser representantes populares, sino individuos con la capacidad y las condiciones para aplicar la ley, muchas veces en contra de poderosos intereses económicos y políticos (y delincuenciales).

Del mismo modo que los médicos de un hospital y los pilotos de líneas aéreas no son representantes del pueblo, sino personas que han demostrado su capacidad para ocupar el puesto que ocupan.

Más allá de este argumento, están los resultados de la elección. Alejandro Guillén los analiza y concluye, a partir de datos oficiales, que sólo el 10 por ciento de los votos fueron válidos (unos 10 millones de los casi 100 mil mexicanos en la lista nominal).

Pero lo relevante en su análisis está en que un 4.6 por ciento del total de ciudadanos votó de acuerdo con los “acordeones”, es decir, de acuerdo al voto inducido desde el poder en turno, y un 5.4 por ciento lo hizo por otros candidatos. Esto muestra tanto los límites en la legitimidad del proceso como la capacidad del grupo en el poder para movilizar votantes.

¿Es posible imaginar un presidente de la República que llegue al poder sólo con el 4.6 por ciento del voto de los ciudadanos? ¿Alcanza este porcentaje la categoría de “fuerza ficticia” de Valéry? En cierto sentido sí. Pero da la impresión de que tiene más de “ficticia” que de “fuerza”.

Carlos López-Moctezuma compara esta elección judicial con la decisión de López Portillo de estatizar la banca. Considera que comparten el ser decisiones que tienen pueden tener consecuencias negativas por muchas décadas. Muestra en su artículo en Letras libres el daño para nuestra economía de la primera decisión.

Las consecuencias de la decisión de López Obrador (sí, de él, sin ningún diagnóstico, análisis de viabilidad, de los resultados probables) están por verse. Pueden ser muy negativas. Pueden minar las “fuerzas ficticias” en las que hasta ahora se ha apoyado el grupo en el poder.

El régimen actual menosprecia a lo que llama la “comentocracia”. Quizá con razón. Lo que no debe menospreciar son los datos y los argumentos.

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