Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El que mejor se aviene al discurso

Que la Corte sea encabezada por una persona de origen indígena es un acto eminentemente político

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Junio 4, 2025

Para Gustavo Mora, promesa

En la hora en que son pergeñados estos apresurados y dispersos apuntes, se da por hecho que el presidente de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) será un indígena. Deshojado de contexto, el dato por sí mismo es alentador. Sin embargo, en la narrativa oficial, ser indígena es el principal mérito para llegar a la cabeza de uno de los tres poderes de la República.

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Aunque en términos estrictos ya no sea una república democrática, con su división de poderes, para darle equilibrio y unidad al gobierno. La determinación de que la Corte sea encabezada por una persona de procedencia indígena es un acto eminentemente político. El cual es presentado como prebenda de justicia para los pueblos originarios. En el acto se agrega, que sin la Reforma impulsada por Morena jamás habría ocurrido la hazaña histórica.

Se omite de manera deliberada que en el nuevo ejercicio los jueces, magistrados y ministros no ejercerán en libertad, en base a los lineamientos constitucionales, sino que estarán sujetos a los intereses que les mande el hiperpresidencialismo, instalado de vuelta en Palacio Nacional. Para eso se creó el Tribunal de Disciplina Judicial. Una especie de dios Jano, que todo lo ve y todo lo sabe y todo lo comunica. Porque el verdadero sentido de la Reforma al Poder Judicial es su captura. No es mejorar el acceso a la justicia ni el combate a los alarmantes índices de impunidad (97.3%). Para hacerlo se precisa de una reforma con otro género de contenidos.

No deja de llamar la atención que en el caso del nuevo presidente del Poder Judicial no se hable con la profusión debida de sus estudios, familia, el hogar, comunidad de origen, habla o no habla la lengua (un rasgo de identidad irrefutable), y tal vez lo más importante: cómo fue que rompió el cerco que condena a los indígenas a sobrevivir en el último peldaño de las estructuras sociales, en el último decil de bienestar. Generalmente ese tipo de experiencias tiene que ver con las jerarquías locales y sus vínculos con el exterior. Las cabezas de playa en las comunidades indígenas.

Se deduce que su experiencia profesional de abogado son los diferentes puestos en la burocracia estatal y federal, en cuyos periodos se vinculó y volvió pieza funcional de los sucesivos gobiernos con respecto a los pueblos. Un facilitador. Fue como llegó con López Obrador, y se encargó de ejecutar las consultas indígenas para la implementación de los proyectos insignia del sexenio pasado.

Permítase una digresión. Las consultas que organiza el gobierno a través del INPI tienen una rara particularidad, o la tuvieron allá por el 2018. Primero se solicita a la audiencia votar a mano alzada y después de concluida la votación, se informa acerca de lo que se votó. Si en el primer intentó los operadores advierten que no tienen mayoría, le dan la vuelta, tocan otros temas, y cuando consideran que las condiciones les son favorables, regresan. Cuando finalmente obtienen la mayoría, declaran válida la consulta. Entiende que es una de las aportaciones del indigenismo oaxaqueño al mundo. Nadie me lo contó, yo lo viví.

La designación o elección (se dice que la última palabra la tendrá el INE) de un indígena oaxaqueño en el máximo tribunal judicial no parece entusiasmar al grueso del indigenismo de aquella entidad, como sí lo hace entre un grupo nutrido de mestizos de la ciudad de México. Lo menciono porque hasta ahora no se ha generado una corriente de opinión favorable a su paisano entre los intelectuales indígenas de Oaxaca, que los hay, y excelentes. 

No veo rasgándose las vestiduras por la elección de uno de los suyos a Yásnaya Aguilar (tal vez la intelectual mixe más importante del país; la pensadora que ha cuestionado desde lo local el concepto de democracia occidental, con razones fundadas); a Irma Pineda, poeta zapoteca y defensora de los pueblos indios, no desde la comedida de los puestos públicos, sino desde la sociedad civil y el llano; a Samuel Pérez García, poeta, filósofo, y activista social, de la región de Juchitán; a Francisco López Bárcenas, indio mixteco y tal vez la persona con más publicaciones sobre derechos y movimientos indios de su territorio, la mixteca; o a Armando Manzano Hernández, chinanteco de San Juan Lalana, estudiante de doctorado en la UNAM.

Con claridad meridiana, me explico que se trata de la continuidad del viejo PRI, ahora reconvertido en Morena, y que si se elige o no al aspirante mixteco, no tendrá ningún impacto positivo en el ritmo de la vida de los pueblos. En el caso de llegar, aclara que su papel será equivalente al desempeño de la expresidenta de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados, Irma Juan Carlos, de Oaxaca, de nación chinanteca. Como representante popular no recibe a nadie, y más tratándose de indígenas de su pueblo.

¿Por qué el aparato de Morena elegirá a Hugo Aguilar Ortiz, indígena oaxaqueño, presidente de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación? Primero, porque la elección del domingo resultó un fracaso; apenas uno de cada diez acudió al llamado. La abstención ronda el 90%, cifra inédita. De 36 millones que sufragaron por la actual presidenta apenas un tercio la refrendó en su discurso de que la Reforma Judicial era mando electoral. Segundo, porque de los nueve ministros electos, Aguilar Ortiz es el más funcional a la narrativa patriotera del gobierno, y el que más engancha con las clientelas, demandante de la devolución del Penacho.

Chayo News

La ciudad de Puebla está convertida en un cedazo. No resistió las primeras lluvias para manifestar el abandono indolente al que ha sido condenada, gobierno tras gobierno. El actual de Morena no tendría por qué ser la excepción a la regla, y tampoco tendríamos por qué cargarle las pilas.

La anoche del lunes de la semana en curso, una fila de diez automóviles cayó en zanjones abiertos a media calle, por el rumbo de Zavaleta, sin que ninguna autoridad se haga cargo de las implicaciones patrimoniales que significa para los propietarios que pierden llantas, dinero, tiempo, y eventuales averías invisibles en sus vehículos que se pueden manifestar meses adelante.

La semana pasada mi hija cayó en uno de esos zanjones. Inmovilizada a media calle con lluvia torrencial, pasó por ahí una patrulla; uno de los tripulantes alcanzó a decirle: “Qué mala suerte la suya”.

El gobierno municipal ignora qué es la participación social y las implicaciones positivas para una gobernabilidad eficiente y cordial, en armonía entre gobernantes y gobernados; o sabiéndolo, la teme.

En otras palabras, el ayuntamiento ha perdido o pervertido el sentido del “servicio público”, y el de “servidor público”. En su concepto parece anidar la idea de que ellos (los gobernantes) están para que se les rinda pleitesía, no para que se les reclame. Y muchos menos para que se les pida cuentas de su desempeño.

No hay ninguna administración pública medianamente eficaz si sus ejecutores públicos actúan en contra, o de plano rehuyendo la opinión y la crítica de la población. “Los supremos mandantes”, habría dicho el gobernador Alejandro Armenta.

Durante dos semanas me estuve peleando en redes sociales con la burocracia pachorruda del ayuntamiento capitalino por razones que juzgo de incompetencia u omisión. Un día llegó una cuadrilla de trabajadores, con maquinaria y volteos, a la 16 Sur y 11 por donde cruzo todos los días.

Cerraron la calle, se concentraron en una vieja avería subterránea, trabajaron un par de días, tal vez tres, abrieron el drenaje, sacaron y metieron tubos, o eso supusieron los vecinos, y cuando estaban en eso, de pronto algo pasó, alguna disputa entre las cabezas; el caso fue que los trabajadores tomaron sus chivas y se fueron. La calle quedó patas arriba y volvieron los cuellos de botella mucho más agudos y se complicaron los problemas para los niños que pasan por ahí todos los días rumbo a la escuela.

El fin de semana el gobernador Armenta Mier hizo declaraciones sobre los gobiernos municipales y los instó a trabajar responsablemente por la comunidad.

Me monté en el reclamo y subí un nuevo tuit. Se hizo la magia. Por lo tarde, otros peones y otros camiones, regresaron, taparon el socavón y le pusieron chapopote encima.

Un vecino, que dice saber del negocio, estimó que el arreglo es superficial y a lo mucho aguantará un par de lluvias más. Espero que no.

Como ciudadano de esta ciudad, y como lo hago desde hace muchos años, el lunes me aparecí por las oficinas de la presidencia municipal. El propósito: gestionar una cita con el alcalde para asuntos de la ciudad.

No para hacerlo mi compadre, como aclaré luego del interrogatorio al que fui sometido por un par de jovencitos muy amables, pero con el prurito a flor de labios de que aquí no estamos para lo que se le ocurra a la gente de afuera, sino para cosas superiores que se atienden de puertas adentro.

Además, qué intrepidez de este personaje, con sombrero roído que osa encontrarse con el Señor Alcalde, para sepa Dios qué asunto. No revelé que es un tema de indios, porque entonces sí me habrían echado.

Para un ciudadano común y corriente es complicado, para no decir imposible, hablar con el titular del nivel de gobierno considerado por la literatura especializada el más próximo a la gente. Ese principio teórico no aplica en la ciudad de Puebla.

Las cosas ocurren más o menos de la manera siguiente: el solicitante llega hasta el mostrador, comunica su asunto, lo someten a una batería de preguntas, las ponen en una computadora, hay un subrepticio intercambio de miradas entre los recopiladores, acto seguido el solicitante es comunicado que revisarán su caso y de ser pertinente, alguien se comunicará con él.

“¿Cómo es posible?”, protesto, e invoco el derecho de petición, consagrado en la Constitución. El gesto visible es que no están para dar explicaciones. ¿Ver al secretario particular?, es igual de complicado que intentarlo con el titular de la comuna.

La señorita se apiada y condesciende a explicar cómo funciona la administración municipal. El archivo con los datos de personas como usted se revisa cada fin de mes, fecha en que se hace un corte y se determina (no me explicó los criterios que se siguen) cuáles asuntos son motivo de atención y cuáles se reservan para el próximo corte.

Tengo fe de carbonero; aquí seguiré, a la espera del azar de los cortes de fin de mes. En una de esas es chicle y pega.

@ocielmora

 

 

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