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OPINIÓN

¿Moriremos de éxito? Los retos del posthumanismo

Son muchos los desafíos del trans y el posthumanismo en todos los campos de la vida humana

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Mayo 26, 2025

La palabra «transhumanismo» no designa un movimiento unitario que acate autoridades reconocidas por todos sus adherentes, aunque casi todos ellos concuerdan en que el «hombre» es una entidad manifiestamente mejorable y, en último término, superable… Que no se trata de una realidad cerrada, sino perfectible, es algo reconocido desde antiguo...
...Sería paradójico que acabara con nosotros lo que al comienzo fue raíz y signo de identidad. El mejoramiento terminaría siendo acabamiento; seríamos la especie que —literalmente—murió de éxito.

Juan Arana. Desafíos antropológicos del transhumanismo. PENSAMIENTO, vol. 78 (2022), núm. 298, pp. 485-501. DOI: https://doi.org/10.14422/pen.v78.i298.y2022.010

En su artículo más reciente en el periódico Reforma publicado el viernes pasado, el maestro Juan Villoro, que ha reflexionado mucho últimamente sobre el futuro que nos depara a los seres humanos ante el desarrollo exponencial de la tecnología digital y sobre todo de la llamada Inteligencia Artificial (IA) y publicado un excelente libro titulado No soy un robot, narra la forma en que el campeón mundial de GO, el juego con más combinaciones que el ajedrez, de hecho el de más combinaciones que existe como creación humana, Lee Sedol de Corea del Sur, aceptó y perdió una partida contra la IA por 4 a 1.

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Esta anécdota está narrada magistralmente en la parte final de la extraordinaria novela Maniac de Benjamín Labatut y en un documental que se encuentra disponible en plataformas llamado Alpha Go, al que alude Villoro en su artículo.

Lo que más le sorprendió al escritor, periodista y dramaturgo mexicano es que los programadores de la IA que triunfó en esta competencia festejaran con tanta euforia el éxito que sin duda contribuyó a que esta inteligencia no humana siga desarrollándose de tal forma que en un futuro no muy lejano, puede llegar a suplantarlos y a dejarlos sin empleo.

En efecto, más allá de las preocupaciones de tipo operativo cotidiano que representa la IA por ejemplo en el campo de la educación o la investigación en la que muchos están dialogando sobre el plagio que presentan ya muchas tareas, ensayos y artículos o tesis de investigación en distintas áreas del saber, que representa claramente conductas no éticas o éticamente inaceptables y dificulta aún más la posibilidad de una evaluación y apreciación justa de los aprendizajes y argumentaciones académicas, existe el riesgo de que este desarrollo acelerado en el ámbito de las tecnologías digitales se salga de control y pueda ir suplantando y aún dominando a los seres humanos.

Porque según ha planteado el mismo Villoro, existen estudios que muestran como se ha dado un retroceso en el coeficiente intelectual de los seres humanos en las últimas décadas, lo cual indicaría una relación inversamente proporcional entre el avance tecnológico y el retroceso de la inteligencia humana, de la capacidad de análisis y síntesis, de comprensión y reflexión crítica de los seres humanos de estos tiempos.

Hace un par de semanas en su columna dominical en el diario ya citado, Eduardo Caccia planteaba justamente este riesgo al decir que no es tan preocupante lo que pueda avanzar la inteligencia artificial como lo que nosotros estamos dejando de hacer en términos de pensamiento y reflexión. El columnista decía que la inteligencia artificial no es peligrosa por lo que pueda hacer sino por lo que nosotros dejamos de hacer. “Queremos resultados sin proceso, conocimiento sin estudio, síntesis sin pensamiento…” y con ello, al delegar tareas nuestras a las máquinas estamos diciendo que no queremos ya pensar tanto ni equivocarnos, por lo que parece que lo que nos obsesiona es el punto de llegada y no disfrutar el viaje.

Para algunos de mis cinco lectores que no estén tan familiarizados con estos temas, diré en términos sintéticos -y tal vez muy simplificados- que no solamente hay un proceso de desarrollo tecnológico sino todo un movimiento filosófico llamado transhumanismo que parte de la idea, nada nueva y muy cierta, de que los seres humanos somos mejorables e imperfectos y que por ello la tecnología -y los avances en términos de la genética también- puede ayudarnos a mejorar.

Los transhumanistas más radicales plantean incluso como utopía-distopía la desaparición -entendida como superación- de la especie humana tal como la conocemos y la llegada al posthumanismo, con la consecuente creación de una nueva especie posthumana que incluso podría ya no tener como principal característica la animalidad -somos animales racionales, animales políticos, etc. han dicho los filósofos a lo largo de la historia- puesto que esta nueva especie tendría una base tecnológica prediseñada y programada y no biológica-natural.

Estos planteamientos filosóficos ponen en crisis todo el recorrido del pensamiento antropológico-filosófico de la humanidad hasta hoy y plantean sin duda, algunos elementos interesantes como la curación de ciertas enfermedades, la construcción de órganos artificiales que suplan el mal funcionamiento de la anatomía y el funcionamiento metabólico de las personas o incluso la prolongación de la vida.

Sin embargo, también existen desafíos éticos -además de los cuestionamientos críticos puesto que apoyados en la ciencia ficción y sus productos, muchos empresarios o científicos con visión comercial están prometiendo cosas que científicamente aún no son posibles- que tienen que ver con las finalidades humanas de estos avances. Por ejemplo: en un momento dado podría llegarse a tener la fórmula científica para vivir mucho más años que ahora, pero la pregunta es: ¿para qué?, ¿con qué calidad de vida vivirían las personas?, ¿cómo se reestructuraría la sociedad humana para dar cabida a vidas dignas en personas cada vez más longevas?

Además de ello están los cuestionamientos éticos relacionados con la justicia social puesto que si hoy existen enormes desigualdades en el acceso a la salud o a la educación de calidad entre quienes tienen recursos económicos suficientes o incluso de sobra y quienes carecen de lo indispensable, resulta impensable imaginar cómo crecería esta desigualdad frente a los desarrollos tecnológicos y genéticos a los que tendría acceso la minoría privilegiada pero de los que quedaría excluída la mayoría que vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema en el mundo hoy.

La pregunta central en términos educativos se podría formular diciendo: ¿es posible pensar en una educación humanista en un contexto posthumanista?, ¿qué sentido tendría la educación ética en un horizonte en el que fuera posible poner un “chip ético” o un “software moral” en las nuevas generaciones que les solucionen el problema de tener que deliberar, valorar y tomar decisiones sobre su existencia?

Son muchos los desafíos del trans y el posthumanismo en todos los campos de la vida humana. Sobre este tema de enorme relevancia se centrará el diálogo en el VIII Taller Latinoamericano Lonergan: el reto del Posthumanismo que se llevará a cabo en la Universidad Católica de Salta, Argentina los próximos días 5 y 6 de junio. Se trata de un espacio que reúne en cuatro ejes temáticos centrales a grandes pensadores e investigadores latinoamericanos y de otros contextos geográficos. Estos ejes son: Filosofía, Política y sociedad, Educación y Teología.

El taller se realizará en modalidad híbrida, por lo que habrá posibilidades de participar en línea en las conferencias, paneles y mesas de ponencias. La información se encuentra disponible en:
https://www.ucasal.edu.ar/landing/taller-latinoamericano-lonergan/.

Ojalá se animen a participar y difundan este espacio de reflexión sobre un tema que resulta indispensable hoy, en un tiempo en el que como dice Arana, la humanidad podría “morir de éxito”.

 

Nota: Con motivo de mi participación en el VIII Taller Latinoamericano Lonergan, haré una pausa en mis entregas de artículos las próximas dos semanas. Nos reencontramos a partir del 16 de junio.

           

 

           

 

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