Aparentemente el Estado mexicano actual es un Estado poderoso. El grupo en el poder controla a los poderes ejecutivo y legislativo, y está a punto de hacerlo con el judicial. Desarticuló casi todos los contrapesos institucionales. No tiene oposición significativa. La primera mandataria goza de alta popularidad.
Pero muestra debilidad en puntos clave. Es incapaz de asegurar la vida de muchos de sus ciudadanos. Y, lo vimos la semana pasada, es incapaz incluso de proteger a sus propios funcionarios de alto nivel: fueron asesinados Ximena Guzmán y José Muñoz a plena luz del día y en una de las principales avenidas de la ciudad de México.
Más artículos del autor
Se les ha considerado funcionarios “de la oficina de al lado”, es decir, cercanísimos a la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Se ha mencionado ya el simbolismo de este brutal crimen. La hora y el día, cuando en la “mañanera” se informaba sobre las políticas de seguridad. El hecho de ser en la capital del país, no en un recóndito municipio de la sierra de Michoacán. La cercanía con Clara Brugada, la jefa de gobierno de la capital. La trayectoria política de los asesinados, dentro del grupo en el poder y durante largos años, a pesar de su juventud.
Mientras el presidente del Senado utiliza todos los recursos de su cargo para humillar a un ciudadano y publicitarlo por medios que merecen un contenido más trascendente (no es función prioritaria del Senado de la República difundir disculpas), el Estado mexicano es incapaz de proteger a algunos de sus funcionarios más destacados.
De nuevo la necesaria aclaración de lo que significa soberanía. Aquí sí puede aplicar la frase de López Obrador (“la mejor política exterior es la política interior”), modificada: la mejor soberanía es que el Estado ejerza sus funciones, para dar lugar a condiciones de vida digna para todos los ciudadanos, empezando por la seguridad, por el respeto a la vida.
Aquí no hay asunto partidario. No es cuestión de “partes”: toda la sociedad mexicana debe estar del lado de las víctimas. El doble homicidio puede leerse como un desafío al grupo en el poder. Pero es una afrenta a toda la sociedad.
A toda la sociedad deben proteger las instituciones del Estado mexicano.