A mi hermano Rito, por su cumpleaños
El pensamiento de Agustín de Hipona (354-430) es amplio, abundante, inmenso. Semeja al mar por su inabarcabilidad, y es ilusorio pretender resumirlo en unos cuantos párrafos o en minutos. Se parece también a un gran jardín botánico: para recorrerlo se requiere tiempo, paciencia y, hasta cierto punto, algún conocimiento previo. Pero si se tiene aunque sea un poco de tiempo, no puede uno dejar de visitarlo. Contemplar el panorama general o detenerse a examinar alguna de sus partes son dos buenas opciones para conocerlo.
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A la vastedad de sus obras sigue la multitud de sus estudiosos, desde los Padres latinos hasta los Pontífices más recientes. Paulo VI se dirigió a los miembros de la Orden de San Agustín en 1970 (1); Juan Pablo II no solo les habló, sino que escribió la carta apostólica Augustinum Hipponensem en 1986(2); Benedicto XVI, además de estudiarlo durante su formación teológica, le dedicó varias Audiencias generales (3).
El actual Papa, León XIV, agustino y antiguo superior de la Orden, ha evocado el pensamiento y la espiritualidad del gran santo. En su saludo inicial, al ser presentado como Pontífice, se declaró hijo espiritual de Agustín y lo citó: “Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo”; invitando a caminar juntos hacia la patria que Dios nos tiene preparada (4). En su homilía de inicio de ministerio, evocó la búsqueda del corazón inquieto (Confesiones I, 1) y, citando nuevamente al Hiponense, recordó que quienes viven en concordia y aman al prójimo son parte de la Iglesia (5).
También en el ámbito secular abundan los estudios sobre Agustín, abarcando la espiritualidad, la mística, la teología, la filosofía, la política, la antropología, la educación, la poesía, la literatura, la historia, entre otros. Sus temas también son variados: la búsqueda de la verdad, el corazón inquieto, la interioridad, la relación entre fe y razón, el alma y Dios, Cristo y la Iglesia, la libertad y la gracia, la vida espiritual y el amor. Sobre este último, la filósofa Hannah Arendt le dedicó su tesis doctoral (6).
Quisiera detenerme brevemente en algunos aspectos de la carta apostólica de Juan Pablo II y luego compartir las razones de mi acercamiento a san Agustín. El primer tema que destaca el Papa polaco es la relación entre fe y razón. Para el Hiponense, ambas luces son esenciales en la búsqueda y el encuentro con la verdad. A ella se llega primero, en el tiempo, por la autoridad de la fe, y luego por la reflexión y la convicción personal mediante la razón. Creo para entender y entiendo para creer (7).
Esta relación entre fe y razón es tan íntima y tan sólida que incluso una fe no pensada, no asimilada, deja de ser fe auténtica (8). Desde luego, esto no implica caer en el racionalismo: la fe es siempre una dimensión distinta, que no depende de las capacidades humanas ni es una conquista de la razón; es un don gratuito de Dios. Pero para recibirlo, el ser humano debe abrirse con libertad desde lo más hondo del corazón, con mente abierta y voluntad adherida. Ahí se abre el espacio del amor Dei.
La ciudad de Dios, esa obra magna de Agustín, además de tratar la relación entre libertad y gracia, propone una lectura profunda del vínculo entre el cristianismo y el mundo, entre la fe y la realidad concreta en la que se vive. Esta ciudad simboliza la apertura a la trascendencia de la gracia, ya en el presente histórico. Por el contrario, la negación de toda trascendencia da lugar a la construcción de la ciudad del mundo: “Dos amores fundaron dos ciudades… el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, la ciudad del mundo; el amor a Dios hasta el olvido de sí, la ciudad de Dios” (9).
Otro de los grandes temas que aborda Juan Pablo II —y que Agustín consideró fundamentales para la filosofía como búsqueda de la verdad— es el de Dios y el ser humano, el alma y Dios. Son temas centrales, porque toda filosofía que se pretenda seria y auténtica debe ayudar a ubicarse en el concierto de la existencia. La tarea humana es descubrir quién soy y para qué estoy hecho. En ese proceso se vislumbra al ser trascendente que me ha dado todo lo que soy.
En su camino, Agustín desconfió de la fe cristiana que había recibido de su madre. Se alejó, se hizo maniqueo, buscando la causa del mal no en la responsabilidad personal, sino en un principio material. Se decepcionó. Probó con el escepticismo de los Académicos, pero su pasión por la verdad lo llevó a redescubrir que en el corazón inquieto habita la verdad. “No vayas fuera, entra dentro de ti, porque en el interior habita la verdad; y si descubres que eres finito, trasciéndete a ti mismo” (10).
A mí, san Agustín me ha dado múltiples enseñanzas. Como estudioso de la filosofía, me ha ayudado a “ubicarme” en el concierto de la existencia. Como seres humanos estamos hechos para la plenitud, pero este mundo no puede ofrecérnosla. “Los hombres mueren y no son felices”, escribió Camus. Agustín se acercó a muchas cosas, buscó con la intensidad de un ser pasional. Pero esas cosas, incluso siendo bellas, le decían: “No somos nosotras lo que buscas, busca por encima de nosotras”.
Entonces, le pareció oír una voz infantil que, mostrándole las Escrituras, le decía: “Toma y lee”. Abrió en la carta a los Romanos (13, 13-14): “No en comilonas ni en borracheras; nada de lujurias ni desenfrenos; nada de rivalidades ni envidias; revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias.” Lo tomó como un llamado directo, claro, improrrogable. Y regresó a la fe de su infancia, la que bebió de su madre Mónica.
Notas
1. Pablo VI, Discurso a los religiosos de la Orden de San Agustín con ocasión de la inauguración del Instituto Patrístico “Augustinianum”, 4 mayo 1970: AAS 62, 1970, pág. 426; L’Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 31 mayo 1970, pág. 10.
2. Juan Pablo II, Carta Apostólica Augustinum Hipponensem, 28 agosto 1986: https://acortar.link/UyDm7R.
3. Benedicto XVI, San Agustín, Audiencias generales: 9, 16, 30 enero; 20 y 27 febrero de 2008.
4. León XIV, Bendición Apostólica “Urbi et Orbi”, Primer saludo del Santo Padre, 8 mayo 2025: https://acortar.link/SFbMKK.
5. León XIV, Homilía en la celebración eucarística de inicio del ministerio petrino, 18 mayo 2025: https://acortar.link/lqhWzM.
6. Hannah Arendt, El concepto de amor en san Agustín, Encuentro, Madrid.
7. Juan Pablo II, op. cit., cita el Sermón 43, 9 (PL 38, 258).
8. Ibíd., cita el De praedestinatione sanctorum, 2, 5 (PL 44, 962-3).
9. Agustín, La ciudad de Dios, XIV, 28.
10. Agustín, La verdadera religión, 39, 72.