Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La cara oculta de la Conquista

Tlaxcala mezcla su alma con España, en una unión que redefinió nuestra historia

Nelson Loranca y Campos

Licenciado en Derecho por la IBERO Puebla, maestro en Derecho (USAM) y doctor en Derecho en Ciencias Penales y Juicios Orales (USA). Magistrado Federal por el 28 Circuito. Es académico y columnista.

Jueves, Abril 10, 2025

“Fueron ciertamente los españoles los que conquistaron a México o acaso fue su llegada la chispa que produjo el incendio de una insurrección”:
Romero Reséndiz

Imaginemos un pintoresco pueblo enclavado entre imponentes montañas y atravesado por un río. En este escenario tres pintoras se dieron cita con un desafío: plasmar en sus lienzos la esencia del paisaje relatado.

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La primera alzó la mirada para capturar el cielo azul, la segunda puso sus ojos en la montaña, y la tercera trabajó su lienzo inspirado en el río.

Esta parábola nos enseña que, aunque están mirando el mismo paisaje, sus lienzos narran historias radicalmente distintas. Así ocurre también fuera del lienzo: la realidad, aquella que creemos objetiva, se fragmenta, reconstruye y deconstruye según los ojos que la interpretan.

Condicionada por el contexto, teñida por creencias y, a menudo, dirigida por quienes tienen el poder de imponer su relato; la verdad se configura como un sistema complejo. Como las pinceladas de estas tres mujeres, nuestra visión del mundo, de la historia, no es más que reflejo de aquello que decidimos ver, o de lo que nos enseñaron a mirar.

Jean-François Lyotard, en su obra La condición postmoderna (1979), argumenta que los grandes relatos que explican la historia, están sujetos a los intereses de quienes detentan el poder.

Con motivo de la conmemoración de los quinientos años de la fundación de Tlaxcala, en este 2025, es oportuno darle eco a la visión de los tlaxcaltecas en torno a la Conquista.

Antes de la llegada de los españoles, en la época prehispánica, México no era una nación, por el contrario, lo que privaba era la existencia de diferentes señoríos independientes y en confrontación constante, cada uno con su organización política, algunos como tributarios del imperio mexica y otros como señoríos que lograron conservar su independencia, como era el caso de Tlaxcala, que era una suerte de confederación o república independiente.

Este estado, agotado por la cruel e injustificada ambición expansionista del imperio mexica, crea una alianza con los españoles, que se materializa a manera de símbolo con el mestizaje, y el bautizo de los cuatro señores de Tlaxcala. Esa alianza no solo selló un pacto estratégico, sino que también sentó las bases de una identidad nacional que trasciende la narrativa tradicional de vencedores y vencidos.

Incluso, con posterioridad a la conquista, en los primeros momentos del virreinato, hubo diversas acciones de colonización instauradas por los tlaxcaltecas y los españoles, llegando a Guatemala, Nicaragua y el Salvador, incluso con la conocida diáspora tlaxcalteca, se dieron asentamientos y colonias en San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Jalisco, Nuevo León, Coahuila y en territorio estadunidense Texas y Nuevo México

Así, la presencia tlaxcalteca está asimilada y, sobre todo, viva no solamente en el norte mexicano, sino también en poblaciones de la frontera sur de los Estados Unidos.

La versión tlaxcalteca de la conquista representa un mito fundacional que no reniega de la herencia española ni de la evangelización, por el contrario, la reivindica e incorpora como parte de su historia.

Todo esto, en palabras de Laura Collin Harguindeguy, implica la posibilidad de reconocer la existencia de versiones alternas y de otras formas de comprender la conquista.

 

 

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