En el contexto de un extraordinario viaje por la segunda edición, corregida y aumentada, de una obra espectacular del doctor Rodolfo Vázquez, llamada Teorías Contemporáneas de la Justicia, que no solamente nos lleva por un nutrido recorrido histórico y filosófico de teorías de la justicia, sino que nos proporciona un amplísimo marco de referencia en torno a las visiones de igualdad, libertad, derecho y justicia desde múltiples enfoques. Este texto explorará las visiones de Norberto Bobbio, John Rawls y Jürgen Habermas, así como de otros pensadores relevantes, en el contexto de la "brecha de desigualdad" y la desilusión cosmopolita.
Los años noventa: Un amanecer prometedor
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La década de los noventa se caracterizó por un entusiasmo generalizado en torno a la expansión de la democracia liberal y los derechos humanos a nivel global. La caída del Muro de Berlín y la disolución del bloque soviético parecían anunciar un nuevo orden mundial basado en la paz, la cooperación y el respeto a los derechos individuales. Se crearon instituciones internacionales para promover la justicia y la rendición de cuentas, como los tribunales para Ruanda y la ex Yugoslavia y la Corte Penal Internacional.
Norberto Bobbio, en su obra El tercero ausente, vinculaba estrechamente el futuro de la paz con el desarrollo de la democracia. Para Bobbio, la democracia, basada en el reconocimiento de libertades cívicas y políticas, era la mejor garantía contra el despotismo y la violencia.
John Rawls, en Liberalismo político, buscaba conciliar las demandas de justicia con el pluralismo inherente a las sociedades democráticas modernas. Rawls proponía la idea de un "consenso por solapamiento", un acuerdo sobre principios básicos de justicia que pudiera ser compartido por personas con diferentes concepciones del bien. Este consenso permitiría establecer un marco de cooperación social estable y justo, respetando al mismo tiempo la diversidad de valores y creencias.
Jürgen Habermas, en Facticidad y validez, desarrollaba una teoría de la democracia deliberativa, en la que las normas y decisiones políticas se legitiman a través de un proceso de discusión racional y abierto a todos los ciudadanos. Habermas argumentaba que la deliberación pública, basada en el respeto mutuo y la búsqueda de argumentos válidos, es el mejor camino para alcanzar acuerdos justos y racionales en una sociedad pluralista.
La crisis de la globalización: El despertar a una realidad compleja
Sin embargo, el optimismo de los años noventa se vio pronto ensombrecido por la crisis de la globalización. El proceso de integración económica y cultural a nivel mundial generó nuevas desigualdades y tensiones, cuestionando las promesas de prosperidad y paz universal. La "brecha de desigualdad" se hizo cada vez más evidente, con una concentración creciente de la riqueza en manos de una minoría y un estancamiento o deterioro de las condiciones de vida para amplios sectores de la población.
La crisis financiera de 2008 puso de manifiesto la fragilidad del sistema económico global y la necesidad de una mayor regulación y control. El aumento de los flujos migratorios, impulsado por la pobreza, la violencia y el cambio climático, generó tensiones sociales y políticas en muchos países, alimentando el nacionalismo y la xenofobia. El terrorismo internacional y los conflictos armados persistieron, desafiando el ideal de un mundo en paz y cooperación.
La brecha de desigualdad: Un desafío a la justicia global
La "brecha de desigualdad" se convirtió en un tema central del debate sobre la justicia global. Autores como Ronald Dworkin y Amartya Sen cuestionaron la suficiencia de la teoría de Rawls para abordar este problema. Dworkin, en Sovereign Virtue, argumentaba que la justicia requiere no solo la igualdad de oportunidades, sino también la igualdad de recursos, para que todos los individuos puedan desarrollar plenamente sus capacidades y perseguir sus objetivos. Sen, en The Idea of Justice, proponía un enfoque basado en las capacidades, centrado en la libertad real de las personas para elegir y actuar, más allá de la mera posesión de bienes o recursos.
Otros economistas, como Thomas Piketty, Paul Krugman, Joseph Stiglitz y Angus Deaton, analizaron en detalle las causas y consecuencias de la desigualdad, demostrando que la concentración de la riqueza no es un fenómeno natural o inevitable, sino el resultado de políticas y decisiones económicas concretas. Piketty, en Capital in the Twenty-First Century, argumentaba que la tasa de retorno del capital tiende a ser mayor que la tasa de crecimiento económico, lo que lleva a una concentración cada vez mayor de la riqueza en manos de los herederos y propietarios del capital. Walter Eucken, por su parte asevera que “la libertad incontrolada del mercado paradójicamente tiende a destruir la libertad individual” (mediante la concentración del poder).
El resurgimiento del populismo: Una respuesta a la desilusión
La desilusión con la globalización y el aumento de la desigualdad contribuyeron al resurgimiento del populismo en muchos países. Los líderes populistas, tanto de izquierda como de derecha, capitalizaron el descontento popular, prometiendo soluciones rápidas y fáciles a problemas complejos y apelando a sentimientos nacionalistas y anti-establishment. El populismo representó un desafío a los principios del liberalismo y la democracia, amenazando la estabilidad política y social. Podríamos decir que el fracaso del llamado “neo liberalismo” representó un caldo de cultivo para el surgimiento de líderes redentores de la igualdad que ofrecían esperanza y alivio tendiente a una redistribución de la riqueza en términos de justicia aparentemente más cercana a la señalada por John Rawls.
Pluralismo vs. cosmopolitismo: Un debate persistente
En este contexto de crisis y desilusión, el debate entre pluralistas y cosmopolitas adquirió una nueva relevancia. Los pluralistas, como Michael Walzer, defendían la importancia de la diversidad cultural y la autonomía de las comunidades políticas, argumentando que la justicia debe ser entendida en el contexto de cada sociedad y sus valores particulares. Walzer, en Spheres of Justice, proponía que diferentes bienes sociales deben ser distribuidos de acuerdo con diferentes criterios de justicia, reflejando los significados y valores compartidos en cada comunidad.
Los cosmopolitas, como David Held, Nancy Fraser y Thomas Pogge, abogaban por la universalidad de los derechos humanos y la necesidad de instituciones globales que garanticen la justicia a escala mundial. Held, en Global Covenant, proponía la creación de un sistema de gobernanza global basado en principios democráticos y en la protección de los derechos humanos. Fraser, en "Redefiniendo el concepto de justicia en un mundo globalizado", argumentaba que la justicia requiere no solo la redistribución de recursos, sino también el reconocimiento de la diversidad cultural y la participación de todos los grupos en la toma de decisiones.
Rawls, en El derecho de gentes, y Habermas, en varios ensayos, se mostraron más cercanos al pluralismo, enfatizando la importancia del respeto a la soberanía de los Estados y a la diversidad cultural. Sin embargo, algunos autores criticaron esta postura, argumentando que priorizar la estabilidad y el orden internacional sobre la justicia global puede legitimar situaciones de opresión y desigualdad.
Hacia una justicia global transformadora
Superar la desilusión cosmopolita y construir un mundo más justo y equitativo requiere un enfoque integral que combine los siguientes elementos:
- Reafirmar el compromiso con la universalidad de los derechos humanos, entendidos como normas morales que trascienden las fronteras nacionales y las diferencias culturales.
- Fortalecer las instituciones internacionales encargadas de promover y proteger los derechos humanos, garantizando su independencia, imparcialidad y eficacia.
- Promover la justicia social y la reducción de la desigualdad a nivel global, a través de políticas redistributivas, cooperación al desarrollo y un sistema fiscal internacional más justo.
- Fomentar la participación ciudadana y la transparencia en la toma de decisiones a nivel global, garantizando que las voces de todos los grupos y comunidades sean escuchadas y tenidas en cuenta.
- Reconocer y respetar la diversidad cultural, promoviendo el diálogo intercultural y la inclusión de todas las culturas y perspectivas en la construcción de un orden mundial más justo y equitativo.
En conclusión, la construcción de una justicia global transformadora exige un replanteamiento profundo de los principios y valores que guían nuestras acciones a nivel individual, nacional e internacional. Requiere superar la desilusión y el escepticismo, reafirmar el compromiso con la dignidad humana y la solidaridad global, y construir un mundo en el que todas las personas puedan vivir con justicia, libertad y dignidad.
Referencias
Bobbio, N. (1997). El tercero ausente. Cátedra.
Dworkin, R. (2002). Sovereign virtue. Harvard University Press.
Eucken, W. (2000). Instituciones Suicidas. México. Paidós.
Fraser, N. (2005). Redefiniendo el concepto de justicia en un mundo globalizado. Anales de la cátedra Francisco Suárez, IVR.
Habermas, J. (1998). Facticidad y validez. Trotta.
Held, D. (2004). Global Covenant. Polity Press.
Piketty, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century. Belknap Press of Harvard University Press.
Rawls, J. (2005). El derecho de gentes. Paidós.
Rawls, J. (2005). Liberalismo político. FCE.
Sen, A. (2009). The Idea of Justice. Belknap Press.
Walzer, M. (1983). Spheres of Justice. Basic Books.