Las políticas migratorias de Donald Trump están reconfigurando a toda América Latina, provocando una crisis humanitaria que los gobiernos no pueden ignorar.
Las políticas migratorias promovidas por el presidente de Estados Unidos denominada por la Casa Blanca como “la operación de deportación masiva más grande de la historia”, tiene tres objetivos principales:
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1. Evitar cruces ilegales en la frontera.
2. Deportar a migrantes indocumentados, incluso aquellos con años de residencia.
3. Eliminar el derecho a la ciudadanía por nacimiento.
Bajo un discurso que criminaliza a los migrantes, han provocado diversos episodios traumáticos que son viralizados en redes sociales, mostrando la separación de familias, redadas en escuelas, lugares de trabajo, incluso hospitales, provocando una ola de miedo, amenaza constante, familias destrozadas y mucha incertidumbre.
Las consecuencias de esta política serán profundas y duraderas para los países de América Latina. Es momento de no solamente tener unidad más allá de la profunda polarización que se vive en el país; llegó el momento de no enfocarnos en más dádivas y trazar un plan conjunto para implementar incentivos económicos, hacendarios, empresariales, que incentiven el emprendimiento y la generación de empleo, para que permitan en cierta medida equilibrar todas las consecuencias que traerán las deportaciones.
La historia juzgará estas acciones con la severidad que merecen. Pero lo más importante será la recomposición social, política y económica que exige está crisis humanitaria, aprender de estos errores y construir un sistema migratorio más humano y justo, donde la dignidad de las personas no sea un tema de disputa política, sino un derecho inalienable.