La Bioética es una disciplina relativamente joven. El origen de su vocablo erróneamente se le ha atribuido a Van Rensselaer Potter (1911-2001); sin embargo, investigaciones recientes exponen que fue el teólogo protestante Fritz Jahr (1895-1953) quien inició con este movimiento de vinculación entre la ciencia humanística y los avances tecnológicos pues en un artículo publicado en la revista Kosmos Hanweiser für Naturfreunde en 1927 se refirió a este término. Jahr afirma que el imperativo bioético es evidente en sí mismo en relación con los animales en el sentido de que apela a la conciencia de no torturar ni infligir daño a los animales, se refiere principalmente a mamíferos y a que las plantas deberían ser tratadas de la misma manera.
El término Bioética se incorporó en el léxico estadounidense en los años setenta con motivo del movimiento de Potter, quien usó el término con una consideración amplia al concepto de solidaridad con la biósfera y en su propuesta de ética global como la ciencia de la supervivencia del ser humano y de otras especies animales, es decir como un puente hacia el futuro, así como con Andre Helleger 1926-1979) y R. Sargent Shriver (1911-2011) y con Daniel Callahan (1930-2019) como estatuto disciplinario en 1973.
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Actualmente, muchos temas se analizan desde la Bioética. A manera de ejemplo tenemos la investigación aplicada con seres humanos y animales, las consecuencias médicas de los avances en genómica, trasplante de órganos, investigación con células madre y biotecnología junto con las implicaciones sociales, legales y éticas, la humanización del ejercicio de la medicina. También son sujeto de reflexión bioética la prestación de servicios, el establecimiento de prioridades en contextos nacionales o internacionales, el respeto por los derechos humanos y la solidaridad o reciprocidad al abordar poblaciones vulnerables o minorías étnicas.
Este último rubro lo constituye la Bioética Social y aquí es donde se centra la actualidad de este artículo pues el gobernador Alejandro Armenta desde su toma de protesta y bajo su Visión de Gobierno 2024-2030 afirmó que en Puebla se inicia formalmente el segundo piso de la Cuarta Transformación, con el humanismo mexicano y la Bioética Social; dijo que en Puebla, se sigue el lado correcto de la historia, porque unidos somos capaces de construir el país y el estado que nos merecemos, además señaló que ejercería un gobierno coordinado y alineado a la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum, pues es una mujer humanista, científica, disciplinada, innovadora y visionaria.
Agregó que la mejor inversión de un gobierno es la que se destina a la seguridad y el bienestar integral de las familias, con acciones contundentes, atendiendo a las causas y trabajando estrechamente con los tres niveles de gobierno y escuchando permanentemente a empresarias y empresarios poblanos “para garantizar una estrategia de seguridad cohesionada y eficaz.”
Su Plan de Visión 2024-2030 está fundamentado en: Seguridad, Salud, Campo, Turismo, Educación, Desarrollo Sustentable, Infraestructura, Tecnología, Electromovilidad y Bienestar y aunque literalmente no se utilizó la palabra derechos humanos que engloba todos estos temas, indudablemente todos y cada uno de estos lo constituyen y deben ser garantizados en términos del artículo 1 de la Constitución que impone la obligación a todas las autoridades de promover, proteger, respetar y garantizar sin distinción de raza, color, sexo, condición económica, preferencia política, sexual o cualquier otro tipo de condición. Además de ser tema de Bioética Social como un término innovador que debe permear las políticas públicas del Estado de Puebla, iniciando con darle realmente la importancia que amerita el tema y el apoyo social y económico a la Comisión Estatal de Bioética, como un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud, así como la creación e incorporación de Comités de Bioética en los Sistemas de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) tanto estatal como municipales. A nivel nacional tenemos que sólo el estado de Hidalgo en su Hospital del Niño DIF ha incorporado un Comité de Bioética en su sistema para el desarrollo integral de la familia que coadyuva en la toma de decisiones que involucra justamente a grupos vulnerables.
Bajo esta perspectiva la bioética no se reduce a dotar de conocimientos y de derechos humanos a grupos vulnerables, sino que busca proveerle ayuda, escucha y atención, a visibilizar su olvido y promover que otras instancias sociales, políticas, educativas o estatales conozcan su situación y brinden su ayuda; así se podrá otorgarles una mayor calidad de vida, en la inteligencia de que la bioética social debe posibilitar el ejercicio de la autonomía, de la capacidad para transformar y de crearse como sujeto del colectivo y de la persona, mediante un proceso de aprendizaje en su proyecto de vida. Por todo ello, la bioética social surge como una respuesta de necesidad de intervención social con grupos de personas especialmente vulneradas en sus derechos o que, por su condición, han sido socialmente invisibilizados.
Puebla hoy se encumbra como un referente en sus políticas públicas porque proponen la inclusión de la bioética social como una herramienta de intervención educativa en sectores marginados o excluidos, y como mecanismo que permita el empoderamiento de las personas que pertenecen a estos grupos, a partir de los principios y nociones con los que trabaja la disciplina.
Es un intento teórico por reconocer y posibilitar el poder de la persona, mediante la toma de decisiones, en torno a cuestiones que le afecten a ella directamente, dándose un contexto bioético, pasando de ser objeto-receptivo a ser sujeto-activo o de acción sobre su propia realidad, circunstancias, necesidades y limitaciones.
A lo largo de más de 25 años en los que se ha trabajado con temas de Derechos Humanos y Bioética se tiene la firme convicción como dijo Potter de que debe existir una Bioética global y que ésta no debe ser acotada al ámbito médico como un imperativo normativo del artículo 41 bis la Ley General de Salud y del artículo 88 del Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Prestación de Servicios de Atención Médica pues trabajar desde la bioética social con grupos vulnerables implica un compromiso, generar un espacio de intervención educativa, en la medida en que se colabora con comunidades excluidas e invisibilizadas, a fin de asumir una responsabilidad social y coadyuvar a que los involucrados tengan mejores condiciones de vida.
Practicar la bioética social conlleva aplicar los principios bioeticistas más allá del ámbito sanitario, trasladarlos a espacios de educación no formal, en donde se aprecian todos los matices de la condición humana y del olvido en que se hallan muchos colectivos. Es una apuesta por trabajar en favor de los menos beneficiados y en pro de la reconstrucción de un tejido social y comunitario fragmentado y en el olvido.