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OPINIÓN

Sheinbaum: México es la 4T

La historia ignora a más del 40% que no votaron por la 4T y a quienes no salieron a las urnas

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Miércoles, Octubre 9, 2024

Un acto republicano se convirtió en un mitin político. No sólo en la conexión de la mañana formal de San Lázaro con la tarde informal del Zócalo, en que la Presidenta de México lanzó vivas a la 4T, sino porque el discurso mismo en ambos eventos pretendió justificar a este movimiento-régimen como un eslabón —el más importante hasta el momento— de la historia viva de la nación. La fuerza de la historia, según su tesis, está con este partido-movimiento-nación, impulsado por AMLO. La historia ignora a más del 40 por ciento de electores que no votaron por el oficialismo y a más de 38 millones que no acudieron a las urnas.

No es nueva la pretensión de justificar el propio acceso al poder con los designios de la historia (como en otros tiempos los emperadores lo hicieron, supuestamente, con los designios de los dioses o del universo). Siempre la gente de poder ha querido mirarse en el espejo de un principio supra-humano para legitimar su ejercicio del poder. En un plano secularizado, excluidos los elementos divinos, son las leyes de la historia las que no sólo permiten, sino que “eligen” a quienes han de conducir los destinos del pueblo elegido, sufrido, pero liberado. Es el poder, no la razón, la que conduce la historia, según esas tesis.

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Aunque está lleno de simbolismos —algunos incluso de cuño religioso—, el morenismo ha querido justificarse en y con el curso mismo de la historia y en el destino, grande y glorioso, del pueblo de México. Habla del pueblo y para el pueblo, aunque los 36 millones de votos no son los 98 millones de inscritos en la Lista Nominal ni los 126 millones de mexicanas y mexicanos que pueblan todo el país, pero su justificación en el fondo no se da en el pueblo (no podría hacerlo), sino en el acontecer histórico, entendido como poder. Por ello apela a las grandes gestas del pueblo mexicano, la Independencia, la Reforma y la Revolución, traicionadas por el momento neoliberal, hoy sin embargo retomadas por este movimiento eclosionado en 2018.

En ese año renació la democracia, la auténtica, la genuina, la verdadera, la que representa al pueblo (pueblo como categoría histórica y no sociedad, esa cosa extraña tan heterogénea, diversa y difusa de los sociólogos y estudiosos, asumida por el neoliberalismo); la democracia formal, institucional, procedimental, es la de las castas, las oligarquías y la de los corruptos. Por eso, hay que demolerla y restituir la democracia del pueblo (aunque el oficialismo ignore a segmentos importantes de aquél). A partir del mandato del pueblo y con la justificación de la historia misma, hay que hacer la renovación nacional (Movimiento de Renovación Nacional). Quienes se opongan a este movimiento, por definición, están en el “basurero de la historia”.

El discurso de la presidenta Sheinbaum tiene ese marco. En buena medida, ese marco comienza con el iniciador de ese cuarto eslabón de la historia: AMLO. De ahí que en su discurso en el Palacio Legislativo haya dedicado buena parte de él al reconocimiento de su predecesor. Porque, aunque la historia del pueblo mexicano es ancestral, ha recomenzado nuevamente a partir del desafuero de 2005. El juicio de la historia, dijo la Presidenta, y el pueblo mismo, han colocado a AMLO “como uno de los grandes”.

Con algunos datos, la Presidenta elogió al gobierno de su predecesor; 9.5 millones salieron de la pobreza (aunque en mayo de este año la cifra era de 5.1 millones), aumentó el salario mínimo y, en general, cayeron los mitos neoliberales. Ante la desigualdad provocada por el Mercado, había que fortalecer al Estado, separar al poder político del poder económico. Ese es el triunfo de la 4T y del Humanismo mexicano. Por eso hay que continuar con el segundo piso de este movimiento, dijo.

De ahí que primero los pobres sea una de las premisas fundamentales de la 4T. No puede haber gobierno rico con pueblo pobre, sino justamente una austeridad republicana sostenida por la justa medianía y la honestidad. De estos elementos proviene la autoridad moral, que significa luchar por México con honradez, con justicia y democracia. Volvió la mandataria a reiterar la premisa: Con el pueblo todo, sin el pueblo nada. El asunto es que no mencionó la pluralidad, como si el pueblo fuera monolítico y homogéneo y se redujera a 36 millones. Por ello habló con facilidad del pueblo, sin mayor distinción (su vocación científica no necesita la distinción).

El segundo piso supone la reforma del Poder Judicial y otras reformas. Estas van adelante. En tal sentido, se nota la determinación de continuidad del proyecto de su antecesor. Por cierto, no hay que olvidar que el paquete de reformas iniciado con la del Poder Judicial, fue enviado por AMLO desde febrero de este año y, de acuerdo a los legisladores oficialistas, sería el “regalo de despedida” del exmandatario. En virtud de esto, la presencia del caudillo persistirá de facto en el movimiento-nación.

Los programas de AMLO, por cierto, continuarán. Y habrá tres nuevos: 1) Mujeres 60-64, tendrán apoyo bimensual; 2) Niños en escuela pública: preescolar a secundaria, una beca; 3) Adultos mayores: prevención de la salud a su casa; 20 mil médicos y enfermeras para su atención. Además se fijó una meta de 1 millón de viviendas para jóvenes: renta y luego adquisición, así como la infraestructura ferroviaria en todo el país: diversas rutas de trenes tanto de pasajeros como de carga.

En cuanto al tema de seguridad, y ayer lo reiteró, señaló que no hará la guerra contra el narco (en esto sigue a AMLO). De hecho, algunos analistas señalan que la 4T no sólo regresa al régimen hegemónico, sino que cuenta ahora con el apoyo del crimen organizado. La mandataria dijo que aumentará la investigación y la inteligencia, fortalecerá a la Guardia Nacional (que no implica militarización) y habrá coordinación entre la federación y autoridades locales. Lo anterior para atender las causas del problema. Desde luego, no mencionó para nada los casi 200 mil homicidios dolosos del sexenio feneciente.

Hubo algunos temas que sobresalieron: 1) Acapulco; anunció que iría al día siguiente al puerto a atender a los damnificados; 2) Mencionó y reconoció a las mujeres, aunque varias de éstas no se hayan sentido representadas (madres buscadoras, madres sin guarderías ni medicamentos para sus hijos y demás) y aunque el tema lo haya abordado casi al final del discurso. Remató con una expresión que quiso sintetizar todo su planteamiento: “Gobernaré para todos y todas. Tengan la certeza de que pondré mi conocimiento, mi fuerza, mi historia y la vida misma al servicio de México. Invito a seguir haciendo historia con la 4T. Viva México.” Por la tarde de ese día repitió la dosis en el Zócalo capitalino ante sus simpatizantes.

Lectura personal:

Primero. La lectura oficialista, y de la presidenta, identifica la historia con la eficacia del poder. Pero la historia también es la lucha ardua y lenta de la razón para construir caminos civilizatorios y de humanidad. La conciencia de los derechos humanos es un triunfo de la razón más que del poder. La historia, por el contrario, coloca a los poderosos en su lugar: el olvido, aunque en su momento hayan concentrado todo el poder político o económico. Los sencillos perduran a lo largo del tiempo.

La historia, en primer lugar, tiene que ser fiel a los hechos (eso lo saben los historiógrafos e historiadores); segundo, los hechos pueden juzgarse con un sentido moral o humanitario; tercero, cuando ocurren hechos inhumanos, para salud de los pueblos y las sociedades, tales hechos pueden, y deben, resignificarse para que una sociedad se reconcilie.

Segundo. Hay que mirar con objetividad el llamado Segundo piso de la 4T. AMLO seguirá en la medida en que sus políticas y determinaciones condicionan fuertemente a la Presidenta actual. Hay un margen de maniobra de ésta, pero legal y políticamente restringido: primero por los cambios legales del Plan C; segundo porque Morena como movimiento depende de AMLO en muchos aspectos.

Tercero. Pese a lo anterior y al panorama difícil para la democracia de la pluralidad política, es importante vitalizar a la sociedad civil como expresión diversa, heterogénea y plural del pueblo de México. El diálogo social sobre los asuntos públicos tiene que retomarse en los diversos ámbitos de la actividad humana cotidiana y habitual: en la familia, en la escuela (la educación), el trabajo, la calle y, especialmente, la política.

Precisamente la política nació, en los albores de la humanidad, para superar la ley de la selva: cuando dos contrincantes se sentaron (deponiendo sus garrotes) y comenzaron a dialogar para ver cómo resolvían los problemas de sus comunidades. Se ofrecieron razones, argumentos y capacidad para convencer al interlocutor. Si un político no es capaz de resolver problemas con esos recursos, no es buen político, aunque tenga poder y lo adore. 

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