En una entrega anterior hice referencia a una obra de Pierre Bourdieu, extraordinario sociólogo francés ya fallecido que nos ha dejado una obra muy amplia y diversa. Obras ya clásicas como El oficio del sociólogo (Bourdieu, Chamboredon y Passeron; 1968), y Sobre la televisión y Capital Cultural (Bourdieu, 1996 y 1977 respectivamente), sentaron las bases de una nueva visión epistemológica sobre el papel y objeto de estudio del sociólogo moderno, de los cuales hablaremos en futuras entregas. Sin embargo, en el libro La Miseria del mundo logra mostrar la importancia de la etnografía como herramienta cualitativa aplicada en diversas ciencias sociales. No es el único autor de esta obra de poco más de medio millar de páginas, sino el compilador y director del proyecto, que fue publicado por primera vez en 1993 (Éditions du Seuil) y en 1999 se dio la primera versión en español por el Fondo de Cultura Económica en Argentina y que ahora el FCE lo publica en México.
Los autores que aparecen en la obra son (por orden alfabético): Alain Accardo, Gabrielle Balazs, Sylvain Broccolicht, Patrick Champagne, Rosine Christin, Jean-Pierre Farguer, Sandrine García, Remi Lenoir, François Ouvrard, Michel Pialoux, Louis Pinto, Abdelmalek Sayad, Charles Soulié y Loïc Wacquant.
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Con todo, la mayor parte de los escritos son del propio Bourdieu y de Champagne, un sociólogo que se desempeñó como profesor en la Universidad París I (Panthéon-Sorbonne) y en el Instituto de Estudios Políticos de Toulouse.
Champagne se concentró en investigar y analizar el problema de los campesinos en Francia en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, particularmente en la creación de una fenomenología de la identidad social desvalorizada del campesino, sin omitir que criticaba la pasividad de las ciudades hacia lo rural.
Intentando resumir La miseria del mundo, se trata de un esfuerzo colectivo que dirigió Bourdieu sobre los problemas mayores que identificó este último en el mundo y evidentemente, en la Francia de los años noventa del siglo XX.
Cierto es que podría decirse que es un libro rebasado por las décadas, pero tal vez no. Muchas de sus reflexiones son claramente vigentes y si bien es cierto que algunos elementos contextuales ya no son empleables en este momento, seguramente el núcleo de las reflexiones vertidas en este libro, es totalmente aplicable a lo que sucede ahora mismo en buena parte del mundo entero.
Ahí está el caso de los escritos de Champagne, en donde arremete contra los medios de comunicación sobre la violencia en los barrios más pobres y seguramente sus dichos son vigentes si se toma como punto de encuentro entre los años noventa del siglo XX y el tiempo real, a la exclusión.
Es importante identificar que para la mayoría de los autores del libro, es grave el tema de la exclusión pero no en el tono que suele aplicarse (enormes porciones poblacionales bajo un yugo que agrede) sino en sentido inverso, “a las pequeñas miserias”.
El texto abunda con ejemplos sobre la forma en que muchísimas personas que se encuentran en distintas clases o estratos sociales, se mueven dentro de un sistema que los aleja del espacio público en términos de igualdad como participantes de una sociedad. En otras palabras, los autores señalan que el desafío mayor es la dominación silenciosa.
Diríase que la marginación y la exclusión a la que hacen ver los autores va por un territorio muy fino, en el que más allá de la falta de oportunidades laborales o económicas, se encuentra una limitación estructural que afecta a los proyectos de vida, generando una profunda insatisfacción que permea a la mayoría de las personas.
En ese tenor, los autores señalan que hay numerosos signos de que hay esfuerzos sistémicos y estructurales para generar procesos de “cosificación” e “invisibilización” de distintos nichos sociales. En el texto atendido, tales procesos eran “suaves” o análogos, acaso electrónicos, pero ahora mismo, son “duros” y también digitales.
Seguramente el terreno de análisis es viscoso y hasta abstracto, pero Bourdieu pone el cascabel al gato cuando señala a la responsabilidad moral del sociólogo: su crítica se enfoca en la lógica que si los gobernantes se han alejado de lo social y solo se concentran en lo político, los sociólogos o los científicos y artistas deben esforzarse en regresar a la denuncia de lo que ocurre en la vida cotidiana de las personas.
Lo mismo va para el periodismo, que en la opinión del escritor también tiene lo suyo por las intensas coacciones de los distintos poderes que les orillan a producir “contenido pernicioso”. De ahí a que Bourdieu se lance contra los intelectuales que se limitan a guardar silencio ante la debacle, apenas hay unos renglones de distancia.
Podría decirse que Bourdieu solo se limita a criticar en su libro y no propone nada que pueda ser aterrizable, pero no: su llamado es a realizar una labor científica que convoque a no preservar el orden de esa exclusión o inestabilidad inducida.
En esa lógica, Bourdieu señala que es obligación del sociólogo (científico-artista) ofrecer a la humanidad, nuevos instrumentos de comprensión que operen en dos movimientos: el primero es la identificación de los cómo de la dominación y el segundo es la defensa de las libertades, claramente anteponiendo la débil democracia frente al autoritarismo simbólico.
Cabe señalar que algunos intelectuales que han atendido al texto de Bourdieu, lo han visto como una feroz acometida en contra del neoliberalismo, pero habría que pensar con detenimiento semejante lance, ya que el intelectual no se clava contra los mercados sino contra aquellos poderes que están a favor de una “desviación” social.
El texto de Bourdieu es un catálogo de outlanders: lo mismo comenta de los campesinos olvidados, que de la gentrificación rampante, la reconversión industrial, la caída del sindicalismo, el desencanto del mañana, la incubación de los ninis, la avalancha de inmigrantes sin futuro, un mar de profesores que producen en serie y hasta policías que cumplen con ciertas normas aunque no se tenga muy claro a qué poderes sirven.
Luego entonces, La miseria del mundo narra la exclusión social en sistemas y estructura y el texto de Bourdieu alerta sobre el avance de tales asimetrías. Difícilmente puede pensarse que el libro es anacrónico; todo lo contrario, apunta hacia exclusiones que ahora mismo agreden silenciosamente y que la sociedad apenas se percata de ellas. Es muy probable que en cada uno de nosotros encontremos parte de esas miserias silenciosas.