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OPINIÓN

Terrorismo en Rusia: el deber de la advertencia

El último atentando en Rusia fue advertido por el gobierno de Estados Unidos

Luis Ochoa Bilbao

Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.

Lunes, Marzo 25, 2024

El saldo del atentado contra civiles inocentes en una sala de conciertos en Moscú es de más de 130 muertos. El gobierno de Estados Unidos había enviado un par de semanas antes, una alerta a las autoridades rusas sobre la posibilidad de un atentado.

La prensa internacional destaca el hecho: “La embajada de Estados Unidos en Rusia dijo el 7 de marzo que estaba siguiendo informes de que los extremistas tienen planes inminentes de atacar grandes reuniones en Moscú, incluidos conciertos. Según un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el gobierno de Estados Unidos también compartió esta información con las autoridades rusas de acuerdo con su antigua política de deber de advertir”. 

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Vladimir Putin, envalentonado por su reciente triunfo electoral, desestimó la alerta y dijo: “Estas acciones se parecen a un chantaje absoluto y a la intención de intimidar y desestabilizar nuestra sociedad”. 

No sabremos las razones por las cuáles Putin no hizo caso de la alerta; quizá la vio como un intento real de opacar su reciente triunfo electoral, quizá no confió en los servicios de inteligencia de EE. UU.; probablemente pensó que era una trampa, o una exageración; o probablemente dejó que el atentado ocurriera para utilizar la tragedia en su favor.

Lo que sí sabemos es que Estados Unidos advirtió la posibilidad de un atentado y en cumplimiento del “deber de advertir”, le avisó a Rusia para que estuviera atenta.

El “deber de advertir” es una vieja práctica diplomática mediante la cual, los países comparten información con otras naciones, incluso sin ser aliadas o cercanas, ante la inminencia de un atentado terrorista.

Lo que realmente une a los gobiernos del mundo, no es el desarme, ni el cambio climático, ni la migración, ni el sistema financiero global o el combate al hambre o las epidemias; los une la lucha contra el terrorismo. Y si alguien tiene información sobre un posible atentado, tiene el deber de compartirla y advertir de los riesgos.

En un documento desclasificado del Intelligence Community Directive (191) del gobierno de los EE. UU. y fechado en julio de 2015, se establece “una enmienda al Acta de Seguridad Nacional de 1947”, para agregar dos propósitos que las autoridades deben aplicar:

1. La presente Directiva establece como política un sistema coherente y coordinado mediante el cual la Comunidad de Inteligencia (CI), proporcionará advertencias en relación con amenazas a individuos o grupos específicos de asesinato intencional, lesiones corporales graves y secuestro.
2. La presente Directiva no pretende crear, ni crea, ningún derecho o beneficio, sustantivo o procesal, exigible por ley o en equidad, por cualquier parte contra los Estados Unidos (EE.UU.), sus departamentos, agencias o entidades, sus funcionarios, empleados o agentes, o cualquier otra persona.

En otras palabras, Estados Unidos está obligado por ley a advertir de un posible atentado terrorista a cualquier nación del mundo y sin esperar ningún beneficio legal por su acción.

Y este “deber de advertir” se ha convertido en una práctica internacional. Por ejemplo, “el presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de los EE. UU., Michael McCaul, reveló que Egipto advirtió a Israel sobre una posible violencia tres días antes de la mortal incursión transfronteriza de Hamás” ocurrida el 7 de octubre. 

Por parte de los gobiernos que lanzaron la advertencia, Egipto a Israel y EE. UU. a Rusia, no hay nada que cuestionar. Sus servicios de inteligencia funcionaron correctamente, advirtieron a tiempo de la incursión a Israel y del atentado en Moscú. Es una prueba de que la inteligencia contraterrorista es relativamente efectiva.

Recae en Putin, como en Netanyahu, la responsabilidad de lo que hayan hecho con esa información. Por lo pronto, la incursión y los atentados se llevaron a cabo de manera fatalmente exitosa para los perpetradores. Quienes recibieron la advertencia, hoy lo sabemos, no pusieron en funcionamiento los mecanismos de emergencia para evitar las muertes de cientos de inocentes. El “deber de advertir” funcionó. El deber de prevenir y actuar, no funcionó.

 

Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente la línea editorial de e-consulta.

 

 

 

 

 

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