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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La izquierda, encarnación del PRI (II)

Castañeda y Ortega creen que los sujetos del cambio no son los trabajadores sino las clases educadas

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Marzo 13, 2024

Uno de los momentos estelares de la izquierda de la Revolución Mexicana, nacionalista, estatista, corporativa, clientelar y paternalista, tuvo su momento estelar en 1997, gracias a la reforma electoral de un año antes. El control y calificación de las elecciones salió de las manos del gobierno y pasaron a una institución independiente de la Presidencia de la República y la Secretaría de Gobernación.

La nueva institución (IFE) estaba integrada por ciudadanos de reputación intachable, en el papel de consejeros electorales. Los indios chiapanecos levantados en armas cuatro años antes también hicieron su parte. Fue como por primera vez en siete décadas el partido hegemónico, el PRI, perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y Cuauhtémoc Cárdenas ganó las elecciones para Jefe de Gobierno en la Ciudad de México. Tres años adelante, en el 2000, pasó lo inaudito: Vicente Fox venció a Francisco Labastida y se consumó la transición democrática. Se normalizó la alternancia en todos los puestos de elección popular y todos los partidos tuvieron acceso al gobierno. Por cierto, es a la presidencia de la República y a la Secretaría de Gobernación a donde el presidente busca retornar el control de las elecciones.

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Los autores de Las dos izquierdas, Jorge G. Castañeda y Joel Ortega (debate, 2024), no le otorgan ninguna importancia al PRD en el año 2000 y a Morena en el 2018. Pasan de largo, no obstante, que uno es la continuación del otro, y que ambos representan la única oposición de izquierda partidista, el medio legal para acceder a los puestos de gobierno, mediante votaciones. Aunque también es cierto que, en el 2009, el ahora presidente de la República inauguró una nueva modalidad de candidatura, las “candidaturas Juanito”, el modo de subir a los puestos de gobierno por interpósitas personas violando la ley.

Ocurrió en 2009, en la delegación de Iztapalapa, teniendo de protagonistas al propio López Obrador, a la ahora candidata a la jefatura de gobierno de la ciudad de México por Morena antes PRD, a Rafael Acosta Ángeles, Juanito, al PRD, y Marcelo Ebrard. Como se recuerda, el ahora presidente apoyó a Juanito para que fuera alcalde bajo la promesa de que, en caso de ganar la elección, declinara a favor de Clara Brugada. Ya con las atribuciones de alcalde, Juanito nombró a Brugada directora Jurídica de su gobierno. Se encendieron los focos rojos. Ebrard, jefe de Gobierno, en una larga encerrona con él lo persuadió de dejar el cargo y nombrará a Clara Brugada en su cargo. Eso no lo trata el libro en mención, pero es muy revelador de los hábitos cívicos de la izquierda gobernante.

Entre el 2000 y el 2018 no hay planteamientos de la izquierda dignos de ser mencionados, que no sea el lamento quejumbroso, y los sucesivos discursos de campaña de López Obrador. Lo que sí ven los autores y registran es la victoria aplastante de la izquierda de la Revolución Mexicana sobre la izquierda independiente. Morena nació del berrinche del ahora presidente López Obrador por el apoyo del PRD a las reformas de educación y energética de Enrique Peña Nieto, en aquella reunión histórica de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso en el Castillo de Chapultepec. PEMEX y la CFE no se tocan (los dos grandes iconos del nacionalismo revolucionario), y la educación no se debe evaluar.

La vieja tensión entre las fuerzas modernizadoras y el nacionalismo revolucionario se refrendan en la tercera década del siglo XXI, con predominio de la segunda. Sin embargo, la izquierda independiente, democrática, cosmopolita persiste denostada, y hasta perseguida por el actual gobierno. Allí está el movimiento feminista. Las promotoras de la pañoleta verde siguen a la espera de una ley federal que autorice la interrupción del embarazo. La demanda de la despenalización de la mariguana, y los colectivos agrupados en las siglas LGBTQ+ y la demanda del matrimonio igualitario son la izquierda crítica, adversaria de la priista, enraizada en las viejas consignas de la Revolución. El embate sistemático contra las organizaciones no gubernamentales; el desprecio por los grupos ambientalistas, y la política indigenista de este gobierno devenida en folclor de los pueblos originarios. En el libro se dice que el presupuesto del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) ha descendido brutalmente y que las comunidades del sur-sureste se han movilizado contra el Tren Maya, en alianza con grupos defensores de los recursos naturales.

¿Cuál es el Estado ideal que tiene en la cabeza el presidente López Obrador y de buena parte de quienes lo rodean? No es el Estado priista de antes. El suyo es (en el discurso) honesto, eficiente, alineado con los intereses populares. No es un Estado socialista.  Ve un aparato estatal que convive con una economía privada, controlada, dominada, supervisada y siempre sujeta a la amenaza de la expropiación o de la desigual competencia estatal. Toda la actividad económica sujeta al mecate de la voluntad presidencial. Una peculiaridad que encuentran los autores en el actual presidente y que no aparece en la tradición de la Revolución Mexicana es la militarización. “A diferencia del viejo PRI –y desde luego en pleno contraste con el antimilitarismo secular de la izquierda independiente de antes o de ahora, que siempre procuró aislar y acotar a las fuerzas armadas, AMLO expande su alcance a casi todos los ámbitos de la vida pública”. La lógica, dicen, no es militarizar, sino estatizar, y el presidente encuentra en el Ejército el instrumento idóneo para hacerlo.

¿Hay espacio para una izquierda nueva, moderna, socialdemócrata, independiente como en otros países?  ¿Una izquierda que sea digna de ese nombre? En el libro se hace referencia a la llamada teoría de la interseccionalidad. Un movimiento plural contra distintos mecanismos de opresión en las sociedad moderna: mujeres, pueblos indios, defensores del medio ambiente, comunidades LGBTQ+, veganos, animalistas, los que como una sola fuerza podrían dar sentido a una nueva izquierda, abierta al mundo. No la de ahora que pelea contra Cayetana porque vino a México a recordarnos nuestras miserias. Sin embargo, los autores dudan de la eventual eficacia de esa postura política. Creen sin embargo, en el papel de la educación como la base para la conformación de una nueva izquierda independiente, que “no será socialdemócrata”, pero será mucho mejor que la actual. Esto puede ser en la medida que se siga expandiendo la matrícula de educación superior en el país, -yo diría que con educación de calidad, y no las Universidades Benito Juárez-, que llegue a las aulas y de allí al mercado de trabajo, que egresados de universidades públicas y privadas se cuestionen sobre el rumbo del país en un contexto mayor, y se movilicen en pos de una gama grande de reivindicaciones. Se trata de un libro muy recomendable para entender y acaso definir nuestro voto el próximo primer domingo de junio. Finalmente, los sujetos del cambio no son los trabajadores, sino las clases educadas. Los trabajadores y las clases populares, están en la cola de las clientelas.

Chayo News

Hoy miércoles, a eso de las diez de la mañana, un grupo de personas y familiares se reunirán para rendirle un sentido homenaje a Juan Garzón Contreras, a dos años de su partida. Se trata de uno de los dirigentes sociales de izquierda más importantes del último medio siglo en Puebla, con ecos nacionales. El encuentro será en una de las zonas del Tianguis en San Martín Texmelucan, el sitio que le dio sentido a su vida y por el que acabó dando la vida.

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A reserva de ocuparme del tema con mayor amplitud, por su trascendencia regional, no quiero dejar pasar la oportunidad sin hacer mención a Mundo Sustentable A.C., la organización que encabeza el doctor Carlos Gómez, con presencia y acciones no sólo en la Sierra Norte, sino en todo el país, América Latina y al parecer en países del viejo continente. En un acontecimiento inédito, el sábado pasado inauguró oficinas regionales en Huauchinango. Se trata de una sociedad que trabaja directamente con las personas de las comunidades, es cuidadosamente respetuosa de las autoridades civiles y comunitarias; cuando las condiciones son favorables trabaja con ellas, y cuando no, se limita a mantenerlas informadas y se concentra en la gente. No hace falta decirlo aquí, pero uno de los problemas más grandes que enfrentas la Sierra Norte (la excepción es Cuetzalan), que la tiene en el último peldaño de bienestar y desarrollo, es su déficit de capital social. Las únicas formas de organización y participación en la región son los partidos políticos y la Iglesia Católica. Los partidos, ya se ve, están “amafiados” en pos de concentrar los cargos y refrendar el control político cada tres años. Las acciones de los partidos son declaradamente contra la población. Las metrópolis les imponen a los candidatos de representación popular mancillando el principio de soberanía popular. La otra, la Iglesia Católica, esté mucho más cerca de la población, pero tiene su propia agenda que no tiene que ver con el interés general.

 

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