Ante nuestra vista en se abre todo un reto a las “categorías”, los primeros y segundos “Analíticos”, y a los “Tópicos”: al Órganon en pleno de Aristóteles, tal y como se ha conservado hasta nuestros días por en resguardo de la obra y la intermediación de Plotino, así como la elaboración de discípulo mediante el célebre “Árbol de Porfirio”.
Resulta que fueron encontradas el 91 por ciento de 5981 piezas del acervo del patrimonio cultural de Puebla, que jamás habían faltado. Queda por explicar qué fue del otro 9 por ciento de las mismas. ¿Seguirán acaso extraviadas en alguna óntica presencia o gozando quizá de alguna presencia incorpórea?
Más artículos del autor
La explicación centrada en que 5981 piezas del acervo cultural fueron “erróneamente” inventariadas, difícilmente resistiría la prueba de las más elementales nociones de auditoría acuñadas desde los albores del Renacimiento cuando Tommaso Campanella desarrolló el principio de “partida doble”, por más flexible que sea el “catálogo de cuentas” que para la instancia en cuestión se hubiese seguido en el caso.
Por supuesto que, cuando el responsable de la referida instancia promueve que toda auditoría sea suspendida, pueden inaugurarse nuevos criterios, que se erigen desafiantes, lo mismo a la Lógica de Aristóteles que a la “doble partida” de Campanella, sin que ello deje de llamar a la sorpresa conducente que el propio asunto amerita.
En síntesis de tan disparadas posiciones, puede pensarse en alguna otra explicación, sólo que, cualquier perito forense la consideraría por demás inadecuada, al menos, desde que sobrevino el Viernes Negro de Wall Street de 1929, o el crack bursátil de 1907, o incluso desde mucho antes; explicación que estriba en que, en el levantamiento de los referidos inventarios se llevó a cabo una “doble contabilidad”, explicación que no desafía ni el rigor de la “partida doble” de Campanella ni el de la Lógica de Aristóteles aunque eso, contravendría diversas disposiciones de la legislación penal vigente.
Gracias a la intervención de Luis García y Erdmann tuve el gusto de escuchar hace ya algún tiempo al encargado de negocios de Irak en México, Aiman Dhaif Abdulmajeed, que alzaba su voz en reclamo ante el saqueo del patrimonio cultural sufrido por su nación tras la intervención americana a su país.
Un doble asiento en inventarios de piezas conformantes del patrimonio cultural, sugiere, por su parte, el eventual trasiego de obras de copistas, práctica que se erige en los días que corren, en una de las expresiones más sutiles, pero no por ello menos lacerante y peligrosa de la criminalidad transnacional tal y como se aborda en la novela de mi autoría “El retablo del Perdón” recientemente publicada digitalmente bajo el sello de “DrGloop.
Otra posible explicación del encuentro de 91 por ciento de obras que jamás habían faltado en realidad y de la que falta del otro 9 por ciento, que no parece encontrarse en el “Órganon” de Aristóteles, ni en la “partida doble” del Renacimiento, podría acaso ubicarse en la metafísica, por supuesto no en el sentido que asignara al término “el estagirita”, sino en el que suele asignársele en los cursos de yoga que hoy por hoy se practican en la sede que alberga piezas encontradas que jamás se habían extraviado o de piezas presentes que parecen carecer de toda causa material, formal, eficiente o final.