Lunes, 18 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los mercados ilícitos y la actividad delictiva

El frecuente robo de mercancías en carreteras obliga a pensar en la existencia de “mercados ilícitos

Facundo Rosas Rosas

Ingeniero por la UAM donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario. Estudió maestrías en Administración, así como en Seguridad Pública y Derechos Humanos. Fue capacitado en inteligencia y análisis en EU, Colombia e Iraq. A lo largo de 25 años fue funcionario público en dependencias estatales y federales en materia de Seguridad Pública y Seguridad Nacional.

Miércoles, Febrero 14, 2024

Desde hace muchos años en México han existido una serie de “mercados ilícitos” vinculados con la actividad delictiva que directa e indirectamente han impactado en el nivel de violencia en el país.

Pese a lo anterior, su efecto no ha sido medido con precisión en términos de indicadores y todo se ha quedado en una serie de señalamientos imprecisos.

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Sin embargo, con la reciente difusión de los casos de robo de mercancías en las carreteras que conectan la Ciudad de México con los estados de Puebla y Querétaro y Guanajuato, dicho término adquirió un nivel de relevancia tal que obligó a las autoridades a voltear a ver qué está pasando con este tipo de fenómeno.

De hecho, las movilizaciones de camioneros a título individual (hombre camión) y transportistas organizados tienen como eje principal el problema de la inseguridad en las carreteras.

El frecuente robo de mercancías obliga a pensar en la existencia de “mercados ilícitos” en los cuales sin restricción alguna se venden los productos robados en las vías de comunicación y participan, tanto quien roba como quien distribuye y quien compra y consume. Me refiero a los tianguis y mercado de “pulgas”, en los que nadie está obligado a explicar el origen de las mercancías que vende o distribuye, ya sean nuevas o usadas, productos perecederos o no perecederos.

Hablar de este tipo de mercados nos remite a una compleja cadena de suministro que alimenta la economía informal e incluso la actividad delictiva, en especial a los grupos que se dedican al robo en sus diversas modalidades, en la calle o en el sistema carretero, afectando de paso a la economía formal del país, en especial algunas zonas metropolitanas.

Hoy podemos hablar de una lista cada vez más grande de productos e incluso algunos servicios que terminan constituyendo verdaderos “mercados ilícitos”, que paulatinamente nos vamos acostumbrando a ver en nuestro entorno hasta parecer algo normal, destacando entre ellos los siguientes:

  • Drogas ilícitas
  • Medicamentos (robados, adulterados o falsificados)
  • Armas de fuego, municiones y explosivos
  • Hidrocarburos (gasolina, diesel y gas)
  • Artículos electrónicos (teléfonos celulares, computadoras y tabletas)

  • Artículos de ferretería
  • Joyería y relojes de baja y alta gama
  • Vehículos (normales y blindados)
  • Motocicletas
  • Autopartes

  • Materiales para construcción

  • Dinero en efectivo (moneda nacional y extranjera)
  • Abarrotes
  • Ropa y textiles
  • Servicio de transporte público de pasajeros (taxis, urbans y autobuses)
  • Electrodomésticos
  • Granos y semillas
  • Productos del campo no elaborados
  • Ganado mayor y menor

Su existencia representa un verdadero reto para las autoridades locales y federales, de seguridad pública y procuración de justicia, así como en materia fiscal, económica, laboral y de salud, ya que no existe registro alguno de su presencia y terminan siendo el destino de mercancías y valores que a diario son robados en el sistema carretero del país, muchas de las veces con pedido previo como si se tratara de mercancías lícitas con su respectiva cadena de suministro.

No se cuenta con una estimación del tamaño de esta actividad, tampoco un registro formal de cuántas personas se dedican a ella, en virtud de que no existe obligación de generar padrón alguno, pagar impuestos y tampoco dotar de prestaciones sociales de cualquier índole a quien se dedique a actividades vinculadas con este tipo de “mercados ilícitos”. En todo caso se les identifica únicamente dentro de la informalidad.

Tampoco existe control o regulación alguna de dichos mercados, por lo que es muy fácil que ingresen y salgan mercancías de toda índole por debajo de los precios de mercado, provocando una competencia desleal y que se conviertan en destino natural de productos robados a los transportistas, en las tiendas de autoservicio o en sus almacenes.

Habrá que recalcar que todo lo que se venda por debajo de su precio regular tiene por lo general un origen ilícito, particularmente de asalto o robo y en no pocas ocasiones viene manchado de sangre.

A lo anterior hay que agregar un nuevo espacio a través del cual se mueven los mercados ilícitos, me refiero al internet y las diversas redes sociales y chats, en los que es fácil “subir” y poner a la venta casi sin ninguna restricción infinidad de productos en especial medicamentos falsificados que pueden provenir de los “mercados ilícitos” antes mencionados, una especie de e-commerce ilegal. Pero lo mejor para quien vende dichos productos es no tener que explicar a nadie el origen de sus productos, como sucede incluso con plataformas que dicen ser éticas y con la mejor reputación, lastimando la economía formal, esa que paga sus impuestos de manera regular, que paga renta, servicios urbanos y ahora hasta “derecho de piso” a algún grupo delictivo.

Así es que la próxima vez que compre algo por debajo de su precio regular, no piense que corrió con mucha suerte, sino que para lograrlo se tuvieron que derramar lágrimas e incluso sangre.

 

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