Por más discursos que se pronuncien, por más evasivas que se busquen para no asumir la responsabilidad histórica de algo que se ofreció y no se cumplió, en materia de atención de las causas de la violencia y la delincuencia el saldo de esta administración es negativo.
La única forma de medir si una acción fue efectiva o no es comparando cuántos delitos se denunciaban antes y cuántos después de una línea base, no cuántos se cometían antes y cuántos después; porque tenemos que recordar que la cifra negra en nuestro país (delitos que se cometen pero no se denuncian), ha sido en promedio del 93 por ciento en los últimos doce años, es decir que de cada diez delitos que se cometen menos de uno se denuncia ante la autoridad competente y en ese rubro las cosas no han cambiado.
Más artículos del autor
En materia de delitos totales la actual administración no entrega las mejores cuentas ya que la única razón por la que bajaron 11.1 por ciento los delitos del fuero común entre 2019 y 2020 no fue la atención a las causas sino la pandemia del Covid-19. Tampoco fue la estrategia de seguridad mediante su programa estrella conocido como “Jóvenes construyendo el futuro”, ya que a la par del descenso en la incidencia delictiva derivada del encierro de 2020 la economía cayó 8.3%, lo cual puso al país al borde de la crisis. Cabe recordar que en 2019 la economía del país ya había retrocedido 0.2% y en 2020 solo se agravó.
Fuera ese año, todos los demás se caracterizaron por un crecimiento sostenido de delitos totales, siendo el más alto el registrado entre 2020 (1 millón 841 mil 191 delitos) y 2021 (2 millones 44 mil 255 delitos), que fue del 11%, es decir lo que disminuyó en 2020 lo recuperó en 2021.
Lo anterior contrasta con la inversión realizada en programas sociales para seguir atendiendo las causas de la violencia y la delincuencia, que hasta hoy no han podido ser medidas a través de indicadores y mucho menos por medio del coeficiente de correlación de Pearson, que mide la relación estadística entre dos variables continuas, en este caso delitos denunciados y cantidad invertida de dinero que debería ser negativa, es decir que si suben los recursos económicos bajan los delitos denunciados y viceversa.
De hecho, entre 2018 (último año de Enrique Peña Nieto) y 2019 (primero de Andrés Manuel López Obrador) los delitos totales aumentaron 4 por ciento. Además, entre 2020 y 2021 los delitos crecieron 11 por ciento; entre 2021 y 2022 se incrementaron 4.7 por ciento, mientras que entre 2022 y 2023 aumentaron 1.5 por ciento.
Tan no ha funcionado la atención de las causas de la violencia durante la presente administración que, excepto 2020, en todos los años los delitos totales han sido más altos que en cualquier año del sexenio anterior, ni se diga del 2023, que registró el récord de 2 millones 173 mil 320 delitos denunciados, el más alto desde 1997 cuando comenzó a registrarse el conteo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).
Cabe precisar que el monto de los programas sociales del Bienestar que serán entregados entre enero y septiembre de 2024 (año electoral) por concepto de atención de las causas, según el propio titular del Ejecutivo federal, es de 2 billones de pesos pero sin una prospectiva clara de cuántos delitos se habrán de prevenir.
Cabe subrayar que según el gobierno federal solo el programa insignia “Jóvenes construyendo el futuro” ha beneficiados 2.8 millones de jóvenes; sin embargo, se han vuelto los eternos aprendices ya que para agosto de 2023 habían sido inscritos un total de 2.6 millones, pero en diciembre de 2021 ya eran 2 millones 105 mil.
Sí a las anteriores cifras de jóvenes se agrega un análisis detallado de cuánto dinero se invirtió por cada uno para disminuir un delito, es evidente que, con excepción de 2020, en todos los demás años la calificación es reprobatoria, ya que los ilícitos han aumentado progresivamente en sentido inverso a la cantidad de recursos económicos destinados para tal fin.
De hecho, el lunes 29 de enero del año en curso y tras el intercambio de visiones sobre la misma estadística de homicidios dolosos con el periodista Jorge Ramos, el propio presidente de la República, aceptó tácitamente que las cosas no van bien y valiéndose de eufemismos y frases desgastadas como “me canso ganso”, reconoció que “ya no nos alcanza el tiempo, pero si se continúa con la misma política de atender a los jóvenes y ofrecer salarios justos (el problema) se va a resolver”.
En cuanto a las estadísticas expuestas sobre violencia, el titular del Ejecutivo federal confirmó que siguen siendo utilizadas conforme más le convenga al gobierno en turno; que es cuestión de visiones, enfoques y de interpretaciones de cada quien, confirmando la frase del escritor estadounidense Mark Twain (Samuel Langhorne Clemens) que refiere que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas.
A escasos ocho meses de que acabe este sexenio es muy probable que continuemos viendo como delitos y recursos económicos aumentan por igual, mientras que jóvenes se enrolan en algún eslabón de la cadena delictiva.
No hay que ser adivino, para saberlo, basta observar tendencias y patrones, patrones y tendencias.