Siempre hay mundos distantes, lejanos, ajenos unos de otros cada uno en una cabeza, mundos compartidos en la familia, en uno mismo; los sueños generan mundos y con el tiempo dejan de ser propios a ser prestados e impropios y nos desconocemos en nuestros sueños.
La vida de un bandido entonces toma otro sentido; en su mente el desafío a lo establecido es parte de su vida, lo motiva, le da sentido a su existencia, lo bueno o lo malo lo pasa a relativo porque da el bien a su familia y todo entonces lo justifica, es la sociedad la que lo expulsó, lo relegó, lo oprimió y maltrató.
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Él, solo busca oportunidades, no que lo hagan salir de allí, sino que le den una imagen para confundirse entre los demás y lo malo deja de este matiz para convertirse en un empleo más, en una profesión con la cual se saca adelante a los suyos.
Entre ellos hacen comunidad, hasta que alguien se revela y se marcha, pero no habla de los códigos familiares, solo se retira y asiste a las reuniones familiares; observa, pero no se involucra, sabe que está fuera de los negocios de familia hasta que él pida regresar nuevamente, es su derecho de sangre.
Como en todas las comunidades, se apoyan entre ellos por temas de seguridad, gobierno, y algunos hasta tienen diputados en sus comunidades para tener poder de influencia directa para protegerse y reproducir sus intereses.
Algunos tienen a sus hijas como secretarias, no importa que sean los lugares más modestos, el caso es tener a alguien allí dentro de las estructuras de gobierno.
El control de riesgo lo maneja el patriarca de la familia, al cual se le avisa de cada movimiento, de cada nacimiento o muerte de los integrantes del clan.