El arquetipo político que ha impuesto Andrés Manuel López Obrador, es ser la eterna víctima durante sus largos años de campaña y como Presidente de la República.
Y es que su extraordinaria narrativa desde hace años se ha basado en la victimización, en el ataque de sus adversarios, en el complot en su contra y en la tan mencionada mafia del poder; aunque él esté actualmente en el poder.
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Y es que el Presidente fue víctima del PRI en Tabasco, del PRD a nivel nacional, fue víctima de un fraude electoral; desde que gobierna es víctima de los periodistas cuando exhiben las fallas de su gobierno, es víctima de las feministas cuando marchan exigiendo justicia, es víctima de las élites cuando quieren negociar y no aceptan la imposición, es víctima del Poder Judicial cuando emite una sentencia en contra de sus decisiones y genera un contrapeso a su poder y, es víctima de los adversarios políticos que son todos aquellos que no lo consideren un héroe sobreviviente de su propia victimización.
Sin embargo, esta narrativa, que le ha funcionado durante lo que va de su sexenio para mantener el control, se vió rebasada por la tragedia que dejó el huracán Otis a su paso por el estado de Guerrero.
Y es que es allí donde están las verdaderas víctimas, es allá donde se necesita el extinguido FONDEN, es allá donde se enfrenta una verdadera tragedia.
Victimizarse y decir que los medios quieren golpear al Gobierno Federal con fines políticos dejó de ser popular entre sus simpatizantes y ante miles de personas afectadas.
Mentir a la nación unas horas después de la devastación, no acudir a supervisar los trabajos de recuperación, utilizar electoralmente la ayuda, minimizar los efectos del huracán corrigiendo la declaratoria de estado de emergencia de 47 a tan solo dos municipios y, declarar que, “no nos fue tan mal”, habla de la pésima gestión que realizó el gobierno ante el huracán Otis.
Y es que ante los fenómenos naturales y la tragedia humana no hay narrativa o discurso, ni victimismo que valga; debe dejarse a un lado la política, los partidos, los intereses y sumar voluntades, aceptar los errores y enfrentar con solidaridad y empatía las consecuencias. En está ocasión, Otis acaparó la atención de los medios y el Presidente no está soportando perder el control de la narrativa nacional.