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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Lo que se llevó y nos dejó Otis

Los desastres naturales no se pueden prevenir, por ello en Puebla debemos estar preparados

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Octubre 31, 2023

Ya pasó una semana desde que Otis, el peor huracán en la historia del Pacífico mexicano, devastó Acapulco y varios municipios de la Costa Grande de Guerrero; sin embargo, no así los estragos y los incalculables daños en la zona, los cuales continúan siendo atendidos por las autoridades.

De acuerdo con los reportes difundidos, Otis pasó en menos de 12 horas de tormenta tropical a un temible huracán categoría 5, la más elevada de la escala Saffir-Simpson. Los expertos atribuyen la inusitada celeridad al fenómeno de la intensificación rápida (RI, por sus siglas en inglés), el cual se proyecta en un aumento de la velocidad del viento igual o superior a 56 km/h en menos de 24 horas.

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En el caso de la ciudad de Acapulco, la tormenta ocasionó vientos sostenidos de 260 km/h y rachas de hasta 315 km/h.

Desafortunadamente, esta situación atípica, sumado a que el gobierno de Guerrero no cuenta con un protocolo adecuado de prevención de desastres naturales, dio como resultado pérdidas materiales incalculables, pero sobre todo la de las vidas de decenas de personas.

Por ello, considero muy importante retomar este suceso para hacer una reflexión sobre la importancia de que en Puebla se impulse, como una política permanente, la prevención de desastres naturales, ya que, si bien la probabilidad de que seamos afectados por un huracán es casi nula, no así con otros fenómenos naturales.

Puebla se encuentra en una región propensa a terremotos, heladas, inundaciones, deslizamientos de tierra y erupciones volcánicas. Ante esta realidad, es de vital importancia que las autoridades, la comunidad y las organizaciones trabajemos juntas para emprender acciones de protección civil que permitan prevenir y mitigar los impactos de estos eventos naturales, ya que lo peor que le podría pasar al Estado sería no saber qué hacer en estas situaciones.

En este sentido, es que veo imprescindible que el Gobierno actualice el Plan Integral de Atención a Emergencias y Desastres, así como los mapas de riesgo, para que cada persona tenga claro si vive o no en alguna zona de alto riesgo sísmico, de heladas, o de cualquier otro tipo de contingencias, además de reforzar los protocolos de actuación considerando la situación actual de la entidad.

Por ejemplo, en el caso de las heladas en la entidad hay 48 municipios de alto riesgo, por lo que es necesario que las autoridades actúen para no sólo en la vigilancia, evaluación de daños y monitoreo de extensión del fenómeno, sino sobre todo en acciones preventivas que permitan a la ciudadanía conocer las medidas que se deben emprender para evitar afectaciones a sus bienes y sobre todo a su salud.

Finalmente, la prevención en protección civil es una de las piedras angulares para reducir el impacto de los desastres en nuestras comunidades. No podemos evitar por completo la ocurrencia de fenómenos naturales, pero podemos mitigar sus efectos si tomamos medidas adecuadas con anticipación.  

Una de las principales razones para enfocarnos en la prevención es el factor tiempo. En situaciones de emergencia, cada minuto cuenta. Cuando las autoridades, organizaciones y la comunidad están bien preparadas, pueden actuar de manera más rápida y efectiva para salvar vidas y proteger bienes. Esto implica tener planes de evacuación, contar con refugios seguros y capacitar a la población en cómo reaccionar ante diferentes escenarios de riesgo.

Asimismo, la educación juega un papel fundamental en la prevención. La divulgación de información sobre medidas de seguridad, la realización de simulacros y la promoción de una cultura de prevención pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte en una situación de emergencia. 

Aunado a ello, la inversión en medidas preventivas suele ser mucho más económica que la recuperación y la reconstrucción después de un desastre. Además, los desastres pueden tener un impacto negativo en la economía a largo plazo, lo que subraya la importancia de la prevención como una estrategia de gestión del riesgo.

Tampoco podemos olvidar que, con el aumento de la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos debido al cambio climático, la prevención se vuelve aún más crucial. Es así que la adaptación a largo plazo al cambio climático incluye la prevención de desastres.

De esta manera, la inversión en acciones de prevención y respuesta ante contingencias naturales es una inversión en la seguridad y el bienestar de la población de nuestro estado.

No echemos en saco roto las lecciones que a la distancia nos deja Otis, ya que tal vez, más pronto de lo que pensamos, tengamos que ponerlas en marcha para lograr un estado más resiliente frente a los desafíos naturales que, sin lugar a dudas, se avecinan.

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