Lunes, 8 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Bolivia: Bartolomé de las Casas y la defensa del indio (V)

Bartolomé creía firmemente en que la conquista se debería llevar a cabo por medios pacíficos

Rafael Alfaro Izarraraz

Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.

Viernes, Octubre 27, 2023

El orden mundial occidental despiadadamente inhumano que se instaló con la conquista de América y luego en el resto del mundo y que culminó con la creación de la relación centro-periferia (asimétrica, por supuesto) fue tempranamente cuestionado por el fraile dominico Bartolomé de las Casas. Por aquellos tiempos, debió haber sido como un rayo de luz en plena oscuridad del naciente sistema imperial colonial, salvaje. La cara opuesta, de acuerdo a Dussel, de los Cortés, Alvarado y Pizarro, cuyo espíritu inundado de codicia por el oro, fueron colocados en la historia por de las Casas como vulgares asesinos de los indios de Latinoamérica y el Caribe, sobre todo de quienes se resistieron a la invasión (Ver: Bartolomé de las Casas, profeta crítico del imperialismo europeo, obra de Enrique Dussel, 1974).

Europa era una región de segundo orden comparada con la euroasiática, sobre todo con respecto a China que le aventajaba. Europa estaba limitada por la conquista del Mediterráneo por los árabes. Sólo tenía acceso al Atlántico y eso favoreció a España, Portugal e Inglaterra. Europa y nación alguna tuvo a su alcance las riquezas completas de un continente que sirvieron para catapultar a Europa hacia la modernidad, en cuya historia la conquista no aparece en cuanto a su significado económico, político, cultural y religioso, con toda su dimensión porque los métodos de apropiación avergüenzan a cualquiera que además se considera culturalmente superior. Lo que tenía Europa y otras naciones eran algunos puertos en África y Asia (ver: Dussel, E. (2003). “Modernidad y alteridad”, Cuadernos salamantinos de filosofía).

Más artículos del autor

Bartolomé de las Casas fue un fraile de la orden de los dominicos que llegó a la Nueva España en 1502 como parte de las tareas militares que llevaban a cabo los colonizadores españoles. Nació en 1484, en Sevilla, España y falleció en 1566, en Madrid. Su padre estuvo con Colón en su segundo viaje a lo que sería la Nueva España. Inicialmente, participó de las infelices encomiendas hasta que renunció a esas prácticas y se convirtió en evangelizador y defensor de los indios de América. En 1512, participa en la conquista de Cuba al lado de Diego Velázquez. Dos años después experimenta la conversión a la fe cristiana, después de escuchar el pensamiento de Fray Pedro de Córdoba y Fray Antón de Montesinos, ambos humanistas. Al participar de la orden de los dominicos, también se hizo acreedor de una formación teológica y jurídica que le fue útil en la defensa de los indios.

Frente a la negación que desde la península se hacía de los indígenas, de negarles la condición de seres humanos, de las Casas se convirtió en el humanista (tan de moda en nuestros días entre los gobiernos latinoamericanos) al reconocer lo humano en el indio deshumanizado por no tener a la religión cristiana como propia. Aunque lo “humano” es un término polisémico (Aullón de Haro, Pedro. Teoría del humanismo, 2010) el sentido de que le otorga de las Casas es a contrapelo de las ideas hegemónicas dominantes en la península. En la práctica, en la Nueva España, devela el trasfondo de la negación de la humanidad indígena: denuncia la infamia cometida y el carácter opresor de la empresa que vino de la mano con la conquista; aunque considera legítima la presencia española porque permitirá la cristianización, le concede al indio el legítimo derecho sobre sus tierras y la capacidad para liberarse de la brutal opresión.

Ante la amenaza de los encomenderos peruanos de adquirir de manera perpetua a los indígenas, solicitud hecha a la corona española, Bartolomé responde a la infamia señalando la ilegitimidad de tal petición y la inhumanidad intrínseca ante el hecho de que en su origen todas las personas y las cosas, fundando su argumentación en el Derecho Natural, son libres. Esa condición no puede ser alterada porque se atenta contra la condición de la naturaleza que, a su vez, cualquier decisión tiene que ver con el derecho que le asiste a los súbditos ante los cuales no es posible imponerles una medida sin antes consultarlos. Por lo que tomar una decisión sin consultar a los pueblos implica de antemano la nulidad de dicha determinación. Concluye con una frase contundente, en términos de que la libertad es uno de los bienes que el pueblo (se refiere al inca) tiene y no se puede violentar (ver: Dussel, E. (2003). “Modernidad y alteridad”, Cuadernos salamantinos de filosofía, pp. 668-669).

En el mismo texto, Dussel destaca en uno de los escritos de Bartolomé de las Casas, su claridad en cuanto al derecho soberano de los indígenas a decidir sobre ellos y sus tierras, condición que no debería ni debió ser violentado por cualquier autoridad terrenal. Lo anterior, incluidos los representantes de la corona española, a quienes el papa les ha otorgado la facultad de difundir el evangelio y aunque les otorga ciertos derechos sobre las cosas, niega absolutamente cualquier tipo de imposición. Por lo que no solamente la “compra” de derechos intemporales sobre los indígenas está fuera de toda norma sino igualmente la conquista misma. Un interesante comentario de Dussel, acerca del Paraguay, en donde los jesuitas fueron los intermediarios con respecto a la corona y, ahí, la comunidad se gobernaba a sí misma.

Bartolomé creía firmemente en que la conquista se debería llevar a cabo por medios pacíficos y, principalmente, la misión de la conversión evangélica de los indios. Consideraba, como se ha mencionado, que las guerras eran injustas y que los bienes y la vida de los indígenas debería ser respetados. No era sólo una declaración sin consecuencias prácticas. Estaba en contra del “Requerimiento” que era un texto que los encargados de ejecutar la invasión leían a los conquistados y en el que se explicitaba el uso de la fuerza en caso de que los indios no aceptaran el sometieran pacífico. En la lógica del fraile dominico la fuerza en lugar de favorecer un acercamiento conducía a un alejamiento. Participó de varios experimentos de adoctrinamiento utilizando el método de asimilación pacífica, no son fracasos entre los que se cuenta el ocurrido en la costa de La Paría, que hoy pertenece a Venezuela (ver: “Introducción de Lewis Hanke” a Bartolomé de las Casas (1975). El único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión. FCE, México).

La tarea emprendida por Bartolomé de las Casas fue anular la idea de que: la única manera en que los indios escuchan el evangelio es cuando al mismo tiempo oyen el sonido de las armas de fuego. Entre 1537 y 1550, en Guatemala, el fraile puso a prueba sus teorías en un lugar conocido como de la Vera Paz. Los españoles que escucharon su proyecto, dice Hanke, no opusieron resistencia porque creyeron que el fracaso le quitaría el ímpetu a sus ideas , que obviamente entraban en contradicción con los intereses de los conquistadores impregnado su espíritu por obtener oro y riquezas de inmediato y mediante el uso de la fuerza militar. El lugar en donde se implantó el proyecto era conocido como zona de guerra debido a la resistencia de los indígenas a la conquista. Los conquistadores lo habían intentado en tres ocasiones y habían regresado de la empresa sin resultados favorables.

Los cuatro frailes, de las Casas, Cáncer, de Angulo y Ladrada, asumieron la tarea con el fin de que los indios de la Vera Paz aceptaran pacíficamente el sometimiento a la corona española y que tal actividad se llevaría acabo sin ejército ni violencia, así como que ningún indio sería repartido entre los encomenderos. La estrategia de los frailes fue a través de comerciantes cristianos que ingresaban a la Vera Paz a ofrecer sus mercaderías y que en esta ocasión llevarían preparados recitales (cantos religiosos) para convencer al cacique y que permitiera el ingreso de hombres vestidos de negro y blanco, con un corte de cabello especial, que no deseaban el oro ni la plata y eran solteros, quienes completarían los recitales con otro tipo de enseñanzas. Entre ellas que los indios deberían renunciar a los sacrificios de animales, así como a sus ídolos porque eran demonios. Tuvieron éxito durante algunos años.

El éxito de las Casas iba en sentido contrario de los intereses y la avaricia que fue el espíritu de la conquista. Los colonizadores hicieron todo tipo de falsas denuncias contra de las Casas, calificándolo de iletrado, turbulento, envidioso, que ponía en peligro la conquista porque los pacificados asesinaban a los españoles. Al tiempo, los frailes fueron expulsados a flechazos junto con sus seguidores convertidos al cristianismo. El fraile Angulo murió en ese mismo lugar previa aceptación de ser el Obispo. Cáncer murió mientras se dirigía a La Florida, a manos de indios que atacaron a su comitiva que se dirigía a cumplir con la misma misión pacificadora y evangelizadora. De las Casas murió a los 96 años con la firme convicción de que a los indios se les debería adoctrinar con métodos pacíficos (ver: “Introducción de Lewis Hanke” a Bartolomé de las Casas (1975). El único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión. FCE, México).

Fue Bartolomé de las Casas, uno de los precursores de las teorías que ahora le dan sustento a las ideas que abonan el terreno para la rebeldía de los pueblos como en este caso la revolución indígena boliviana.

Continuará…

Vistas: 614
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs