Si yo militara o fuese dirigente de Morena, me daría ansiedad, angustia, depresión, pánico, pavor y hasta terror ver que me estoy quedando sin seguidores, sin simpatizantes.
Y no es para menos. En plena “cuna del lópezobradorismo”, Claudia Sheinbaum dejó plantados en el Estadio Azul a unos cuantos morenistas que, desmotivados, con las banderas caídas, esperaban su arribo.
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El propio Mario Delgado, dirigente nacional del partido marrón, gritaba desesperadamente, imploraba a la gente que huía: “no tenemos derecho a fallar, tenemos que organizarnos mejor, necesitamos redoblar esfuerzos en todos los sentidos, en todas las colonias, barrios y alcaldías”.
Se le doblaban las piernas, le temblaba la voz. Creo que hasta quería llorar. Y era entendible. Invitas a 20 mil a tu fiesta y sólo van 300, pues qué desperdicio. Las convocatorias de Sheinbaum comienzan a verse despobladas, desmotivadas, extraviadas. Y para ser honestos, ni a los mismos morenistas “de abajo” les interesa.
Creo que desde la misma cúpula de Morena, desde lo más alto, está haciendo todo lo posible para desmotivar a los mexicanos para mantenerse en ese movimiento. Sólo quedarán los ingenuos. Es una realidad, no es broma. Las razones son simples, nada complicadas:
1) Designaron a la peor candidata para competir por la Presidencia de la República. Como académica, Claudia Sheinbaum es muy capaz, pero como gobernante le ha fallado a la gente de la Ciudad de México. Su bastión está en riesgo. Los chilangos son muy rudos, muy exigentes.
2) Claudia Sheinbaum no motiva, no enciende, no despierta emociones; todo lo contrario, quien la escucha quiere salir corriendo; sus postulados carecen de argumentación, es repetitiva en lo que dice. Y así como ella, otros personajes en los estados de la República. Sus adversarios la van a devorar.
3) Andrés Manuel López Obrador está haciendo todo lo posible, incansablemente, para desalentar a la gente. Y él lo sabe, él lo tiene bien planeado junto con las cúpulas de poder. La marcha multitudinaria de los trabajadores del Poder Judicial es tan solo una muestra de este hartazgo. AMLO ya pasó a la historia, lo demás le valdrá sombrilla y habrá costos políticos.
La ministra Olga Sánchez Cordero, una de las más leales seguidoras de López Obrador, salió públicamente a decir que la desaparición de los fideicomisos del Poder Judicial sí afectarán los fondos de jubilación de los trabajadores. Se le fue a la yugular al líder moral. Y así como ella, otros senadores morenistas.
¿Qué está pasando con Sheinbaum? ¿Acaso ya sabe que no tiene posibilidades de escalar a una posición de mayor altura? ¿Acaso la están obligando a retroceder y tirar la toalla -el bastón de mando- de manera “voluntaria”?
Exactamente lo mismo sucede con otras “corcholatas” en otras entidades; basta hacer un breve análisis discursivo, de imagen, de contenidos, para ver que no les será nada simple prender la mecha. Podrán llevar “seguidores” del momento, pero no se mantendrán fieles a quienes los manipulan de manera burda.
¡A temblar se ha dicho!, porque algunos tirarán la toalla muy pronto.
@elmerando